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Curso 2016/17

viernes, 4 de marzo de 2011

Ejercicio 12. DIENTE AZUL

Imagen: http://www.itjungle.com

DIENTE AZUL
Hubo una vez un rey danés, que no era Hamlet, que se llamó Harald Blåtand. Además de ser monarca de su país de origen, Dinamarca, también reinó simultáneamente en Noruega en el siglo X. 
Sucedió a sus padres: Gorm el Viejo, rey de Jutlandia y Thyra Danebod.
Le apodaban Diente azul. La causa de que tuviera la dentadura de este color fue la  eritroblastosis fetal, un transtorno sanguíneo al que es muy difícil sobrevivir. La madre rechaza dentro del útero a su hijo como si se tratara de un órgano trasplantado, para desalojarlo produce anticuerpos que atacan los glóbulos rojos del aún no nacido.
Vio la luz a pesar de esto.
Antes de Harald Blåtand, los habitantes de Escandinavia, Scandia para los romanos, eran en su mayoría granjeros y sólo contaban con los recursos que sus tierras y animales les proporcionaban.
Desarrollaron una enorme habilidad marinera y a bordo de sus naves con forma de dragón, Drakkars, incursionaron en otros territorios, para aprovisionarse lejos de casa mientras que sus mujeres se encargaban de toda la intendencia. Lo hacían ellas de forma tan diligente que en ocasiones las obsequiaban a la vuelta de sus excursiones con un esclavo para que las atendiera durante sus prolongadas y frecuentes ausencias.
Algunos capturados llegaban desde Normandía, Inglaterra, Islandia y Groenladia y los más exóticos desde la península de Labrador y la isla de Terranova en el Atlántico.


Las crónicas de la época dicen que era un excelente comunicador y que el principal logro de su mandato fue unir a las tribus danesas, suecas y noruegas.
Antes de convertirse al Cristianismo creía en una cosmogonía muy diferente, consideraba que su mundo era uno de los nueve que como frutos colgaban del árbol Yggdrassil, cuyas raíces roía continuamente un dragón. 
Midgard era el lugar donde vivían los hombres rodeados de agua, tierra y el firmamento que los dioses crearon a partir de los miembros mutilados de un gigante.
El sol y la luna surcaban el cielo en carro mientras los lobos los perseguían. 
Se convirtió a la nueva doctrina porque lo visitó un sacerdote al que Harald intentó quemar con un hierro al rojo vivo para probar sus palabras y como en su mano no quedó marca decidió que el dios que anunciaba sí era todopoderoso.

Cuando se busca información iconográfica sobre Harald Blåtand en la web aparece la imagen de una especificación industrial para redes que posibilita la transmisión de datos mediante radiofrecuencia.

En una nueva vuelta de tuerca el símbolo que identifica a esta tecnología está compuesto por las runas nórdicas H y B.







A Harald Blåtand también le atraía la búsqueda de tesoros remotos. En nuestra época estos a veces se alcanzan mediante el Bluetooth o diente azul.
Y otra conexión: la jefa del Estado Constitucional de Dinamarca, Margarita II, pertenece a esta estirpe.

Esta persistencia demuestra que los vikingos han surcado océanos de tiempo hasta el siglo XXI.
Sobre todo esto se puede escribir no solo una historia sino toda una saga de las que le gustaban a Borges y a Tolkien, entre muchos otros, con el añadido de que además entroncaría con la actualidad.

De momento, comenzaremos con un relato que recoja alguno de los aspectos más reseñables y curiosos y que alcance hasta nuestros días, cuando los ingenieros de una empresa sueca bautizaron con el mote de Harald esta tecnología inalámbrica y lo sucedido a partir de ahí. 
Frente a la sede de Ericsson  en la ciudad de Lund hay una piedra homenaje al rey.




Rosario Raro.
 

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