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Curso 2016/17

viernes, 5 de febrero de 2010

EJERCICIO 16


Un Tardigotchi es un dispositivo que integra un pequeño animalito que se llama Tardígrado.
TARDIGOTCHI.

Es una mascota que combina vida virtual y biológica.
Se puede activar mediante la red social Facebook.
TARDÍGRADO
Oso de agua de medio milímetro de longitud.
Se nutre de musgo.
Vive hasta 100 años de forma continua sin contar con que puede suspender sus funciones vitales durante un tiempo indeterminado.
Su premio son los rayos de sol.
Puede sobrevivir a temperaturas que oscilen entre los -272º C y los 149º y a la inmersión en alcohol puro y éter.
Científicos rusos afirman haber encontrado tardígrados vivos en la cubierta de los cohetes recién llegados de vuelta del espacio exterior.

Una curiosidad (más): A mediados del siglo XX un científico holandés añadió agua a algunos tardígrados secos que estaban sobre la hoja de un helecho que llevaba seca en un museo desde el siglo XVII y, tras 200 años, se despertaron y continuaron su vida normalmente.

Entonces, si son capaces de "resucitar" tras varios siglos o si en todo caso nos sobrevivirán si decidimos adoptarlos como mascotas.
¿Qué hacemos con ellos cuando hayamos de emprender el viaje? ¿Los legamos? ¿Los ocultamos en un baúl a que esperen la llegada de tiempos mejores? ¿Tienen memoria de otra época?
¿Hay alguno en este momento observando lo que escribo?

Más información:
http://www.elpais.com/articulo/portada/mascota/virtual/combina/vida/biologica/digital/elpepisupcib/20091105elpcibpor_11/Tes/

http://www.tardigotchi.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Tardigrada

http://www.ikerjimenez.com/noticias/tardigrados/index.html

Créditos.
Imagen Tardigotchi: http://www.cyberhades.com

Imagen Tardígrado: http://elmundodelabiologa.blogspot.com

El aventurero Simplicius
Verónica Segoviano
Llegó a casa después de un duro día de trabajo. Pasó por el dintel antiácaros. El reactor fotocatálitico limpió de alergenos su indumentaria. Encendió el purificador de partículas aerosoles. Sintió cómo la brisa de iones hidrataba el ambiente e imaginó cómo los patógenos caían al suelo después de coagularse. Se quitó el mono ignífugo confeccionado con materiales reflectantes Nomex y plástico ultrarresistente Kevlar. Encendió las paredes mientras se cambiaba de indumentaria para hacerse idea de las novedades de la galaxia. Era finales de mes y mañana sería su único y merecido día de descanso después de treinta largos días. Entró en el baño y se hizo el lavado de estómago diario. Por fin mañana a dieta. Hacía años que trabajaba como testador de sustancias tóxicas para la AEI (Agencia Estelar de Inmunología). Un buen oficio que consiguió gracias a que se dejó la primera juventud catando sopas de sobre para una multinacional en la zona del Cinturón de Kuiper, concretamente en el twotino 2002 WC19. Luego su carrera profesional había dado un giro copernicano. Un buen contacto y una dosis moderada de suerte le reconvirtieron en pionero en busca de nuevas civilizaciones tecnológicamente avanzadas, siempre a las órdenes de sesudos científicos que enviaban expediciones siguiendo la vieja fórmula de Drake. No carecía de experiencias que contar: los chorros electromagnéticos de los púlsares, el humeante aspecto de los Jupiters calientes, el lejano plutino Makemake, cerca del ecuador galáctico al fondo de la Vía Láctea; Quaoar, un cubewano candidato a planeta enano; Sedna, el objeto de disco disperso casi tan rojo como Marte y cercano a Alfa Centauro; el cometa Halley allá por la nube de Oort, cercano a Proxima Centauro; planetesimales expulsados del sistema solar tras el Intenso Bombardeo Tardío; mesoplanetas de todo pelaje. Había pasado un tiempo indefinible viajando por la galaxia. Un tiempo que se le antojaba muy largo. Y después Caronte, su hogar actual, el transneptuniano satélite de Plutón. Una buena oportunidad para reposar de tanto periplo en un planeta enano. Simplicius Plot había sido aventurero, pero hacía mucho que no tenía frigorífico.
No era ni joven ni viejo y no le quedaba familia. El suyo no era un caso extraño. Algunos humanos habían sido escogidos como individuos obreros, en tanto que otros ejercían de reponedores de la raza y unos pocos más de controladores de procesos terrícolas. Podía considerarse que él era un empleado especializado, pero el oficio de testador había ido deteriorado su metabolismo y se hallaba a la espera de un transplante de un nuevo sistema excretor simple, algo basado en las glándulas de Malpigio.
Tenía todo el día libre para dedicarse a su hobby. En su tiempo libre Simplicius Plot era pastor. Mantenía su rebaño de tardigotchis en la cúpula-jardín trasera de su casa. Formaba parte de la herencia de sus progenitores. Testaron a su favor poco antes de negarse ser testigos del Gran Cambio y donar sus cuerpos a la tierra. Sus padres habían sido los guardeses de una residencia de estos híbridos de tardígrado y tamagotchi abandonados por sus dueños, bien por fallecimiento, por haber sido enviados a un lejano destino de inciertas condiciones o bien por simple maldad. De las setecientas cincuenta especies de tardígrados clasificados en los inicios del siglo XXI, Simplicius Plot contaba con 749. Cuando recibió su legado sólo eran 638. Con abnegada paciencia había ido localizando ejemplares que iban completando el resto de la rama tardígrada. No fue tarea sencilla. Muchos yacían esparcidos a su suerte. Rescató algunos de un viejo depósito de escoria interestelar. Estaban secos, en un estado de animación suspendida, la criptobiosis, en el que su metabolismo se hacía indetectable, pero gracias a su genotipo ahorrador revivieron al contacto con el agua. Tuvo que adoptar a todos y cada uno de ellos, tras un proceso que consistía en convencer a los Vigilantes Sociales de su idoneidad como pastor, la fuente y cuantía de sus ingresos y las condiciones bioclimáticas del iglú cristalino que habitaba.
Simplicius Plot sabía que no dependían por completo de él, puesto que contaban con un ponderostato que les permitía suspender su estado vital en espera de mejores condiciones, pero también era consciente de que influía en cómo se desarrollaba su existencia. Un rudimentario ingenio activaba su fuente de alimentación que inyectaba fotosintatos de plantas, bacterias, algas, criptógamas, rotíferos, nemátodos de los que los tardígrados sorbían sus células. El tamagotchi responsable de su vida virtual, un avatar de conmovedora simplicidad, hacía posible la comunicación que encendía los haces de luz necesarios para su mantenimiento activo.
Prestó atención a las noticias. Un documental sobre Paleontología estuvo a punto de detener sus constantes vitales. Corría un rumor en la galaxia que bioestratígrafos y tafónomos estaban a punto de revelar el hallazgo de una forma de vida que no le resultaba indiferente: el Thermozodium esakii. Un tardígrado que antes del Gran Cambio vivía en la Tierra en un manantial de agua caliente cerca de Nagasaki. El último taxón de su colección. A falta de confirmación oficial ahora podría encontrarse en la estrella binaria del Sol, una enana marrón de difícil acceso por las perturbaciones que provocaba en la Nube de Oort llamada Némesis. Su aparato bucofaríngeo permitiría la identificación, aunque al parecer las autoridades no tenían el menor interés en realizarla.
Un melodioso sonido le sacó de su ensoñación. Una videollamada reclamaba su atención. La aceptó sin remedio, era algo oficial y con las autoridades uno tenía muy claro que no se jugaba. Una agradable reproducción de humana le anunció que su solicitud de trasplante había sido aceptada y que debía trasladarse al centro biomédico de Plutón de inmediato. Había tenido suerte. El trasplante era un alivio que eliminaría las molestias que venía padeciendo y una merecida renovación para su organismo. A los individuos de procedencia humana, no solían concederles esta prolongación de la existencia. Habían quedado obsoletos y se les dejaba extinguir de forma natural. Simplicius Plot desconectó en cuanto la sonrisa de la pseudohumana se esfumó de las paredes. Su estado de ánimo se convirtió en una perturbación variable. Pensar en el complicado desplazamiento a tan lejano paraje estelar por un microcruasán de ocho patas le venía a trasmano. En el espacio exterior, lejos de las cúpulas de seguridad de cada planeta conquistado, la temperatura estaba próxima al cero absoluto. Era un ambiente de vacío sin oxígeno y había un nivel de radiación estelar enorme. Su cuerpo debería someterse de nuevo a un proceso de adaptación para soportar más de 600.000 roetgens. Su nuevo aparato excretor no aguantaría estas condiciones. Simplicius Plot sintió que todo le quedaba lejos.
Se dirigió a la cápsula de ozono que hacía las veces de cama. Su descanso no fue idóneo. Durante la noche su implante intersticial de memoria le envió flashes nebulosos. La perturbación nocturna le remitía a un muñeco de peluche que sus padres llevaban pegado con ventosas al cristal del coche durante su infancia. Reparó en el misterioso parecido con un tardígrado. Su descanso no fue del todo provechoso, pero pensó que tenía un tiempo por delante para recuperarlo. Colocó lo imprescindible en la mochila hermética. Estaba listo para emprender su viaje a Plutón, un viaje corto.
En la estación de lanzamiento, esperaba pacientemente el embarque. Su número de teletransporte se anunciaba en la pantalla con retraso. Nadie se molestaba por ello, había situaciones que eran inmunes al paso de las centurias. Para distraerse, observaba el movimiento de paso lento, el baile peculiar, irrepetible y único que se producía en la semiesfera que contenía uno de sus tardígrados. Excepto para ir al trabajo, le gustaba llevar uno en el bolsillo cuando salía de casa. Unos pies mal calzados cortaron el placer de la observación. Un individuo con la vestimenta sucia y medio rasgada permanecía plantado delante del antaño aventurero. Cruzaron una larga mirada. Era un hombre. No emitió sonido, sólo extendió la mano. Permaneció sin moverse y con la mirada fija en el tardigotchi. Una patrulla de vigilancia se percató de la situación y se llevó al hombre pidiendo disculpas por si había causado algún inconveniente. Mientras se alejaba, el hombre continuaba llevando la mano extendida. Allí se quedó Simplicius Plot, atónito, sin reaccionar. Supo que la continuidad de la integridad estructural con potencialidad de actividad metabólica de aquel humano sería suspendida unos pocos instantes. Su vida llegaría a su fin en un oscuro centro de reciclaje.
Simplicius Plot acarició el único representante de su familia que en ese momento le acompañaba. El tardigotchi danzó en un movimiento cercano a la bipedestación. De los profundos sustratos de su conciencia humana emanó una idea. Si conseguía reunir un sistema familiar completo, la obra emprendida por sus creadores tendría un sentido. Se levantó y pasó por debajo del cartel que indicaba la plataforma que viajaba a Némesis. Aunque la verdad fuera sólo un rumor, comprendió que el último tardigotchi estaba esperándole. En Caronte no hay viento, pero casi pudo sentir que una brisa fresca acariciaba sus cerúleas mejillas.
EL DESPERTAR DE GOTCHI
 Elena Torrejoncillo

          Por fin hoy, después de más de dos siglos y medio hibernando, ha despertado el tardigotchi que perteneció a mi tatarabuela. Y ha sido un día de especial alegría  puesto que se trataba de un momento largamente deseado por varias generaciones de mi familia, la cual, a pesar del largo letargo del bichito en cuestión, nunca habían dejado de ofrecerle su pequeño rayo de sol diario con la esperanza de que, algún día, decidiese volver a la vida activa.

           Un tardigotchi, como casi todo el mundo sabe, pues ahora su presencia es habitual entre nosotros,  es una mascota que combina la vida virtual con la biológica. Se trata de un dispositivo en el cual va integrado un pequeño animalito llamado tardígrado (oso de agua) de medio milímetro de longitud. Puede vivir más de cien años de forma continuada o más si interrumpe su actividad. Para sobrevivir sólo necesita un poco de musgo, algo de sol y mucho amor por parte de su propietario.

Pero en tiempos de mi antepasada –a comienzos del siglo XXI- era un ser prácticamente desconocido y –desde luego- un “bicho raro”. A ella se lo regaló su padre al regreso de un viaje de negocios por no sé que exótico país. Se trataba de un persona de mente muy abierta y avanzada para su época, además de tremendamente divertido, según me ha explicado “Gotchi” (ese era su nombre). Se lo entregó con el convencimiento de que su cuidado y compañía serían muy beneficiosos para aquella niña sensible e introvertida que era su hija, como efectivamente sucedió. Las ventajas de “Gotchi” frente a otro tipo de mascotas eran evidentes. La principal es que no se corría el riesgo de que muriese al poco tiempo, como había ocurrido con el canario que le había regalado el año anterior y que había dejado a la niña sumida en el más profundo desconsuelo. También podía acompañarla de forma discreta, dado su tamaño, a todas partes, lo cual, teniendo en cuenta la gran complicidad que pronto surgió entre ambos fue decisivo en sus vidas.

            Cuando ha despertado en mis manos, después de su habitual -y hasta hoy infructuoso- baño de sol, ha sido como si me conociera de toda la vida. He podido percibir su cariño y ha comenzado a comunicarse conmigo sin mayor dificultad, como si reanudara una conversación largo tiempo interrumpida. Pero sólo lo hace conmigo. Cuando están presentes otras personas, o incluso Roslive (mi robot personal), él disimula y vuelve a hacerse el dormido como si no quisiera que le abrumaran con preguntas absurdas.

            Poco a poco me ha ido relatando su peripecia personal. Como acompañó fielmente a mi tatarabuela durante casi toda su vida. Solamente dejó de hacerlo durante un periodo en que sintió que su compañía ya no era necesaria. Fue cuando ella se casó y nació su primer hijo, que llegó a creer que ya no había lugar a su lado. Entonces, dolido y tal vez celoso, suspendió sus funciones durante una temporada. A pesar de eso, ella continuó prodigándole sus cuidados y demostrando su amor, hasta que él recapacitó, reconoció su error y  volvió a su lado ya para siempre. A la muerte de su propietaria, él decidió cerrar también los ojos en espera de un lejano e hipotético reencuentro, a pesar


de que mi tatarabuela había encomendado su cuidado a su hijo y descendientes como su bien más preciado. Ellos así lo hicieron pero él no despertaba. Sobrevivió a múltiples  mudanzas, fue pasando de generación en generación, como un tesoro familiar y, ni un solo día, a pesar de su aparente falta de vida, dejaron de suministrarle su alimento y correspondiente baño de sol. Me reconoció que nunca se sintió falto de amor, pero el problema es que siempre se legaba por vía paterna y él ansiaba reencontrase con una niña de rubios cabellos y dulce mirada que le recordase a su primera amiga. Por esa razón despertó conmigo. Según decía era un calco de aquella persona que había conocido casi tres siglos antes.

Se ha mostrado muy sorprendido con nuestras costumbres tan diferentes a las que él conoció. No entendía, por ejemplo, que Roslive desempeñara la mayor parte de las funciones que, en su época desempeñaban los padres o unas personas llamadas “maestros”. Yo creo que se sentía un poco celoso porque mi robot personal estaba junto a mí desde que había nacido y, gracias a su perfecta inteligencia artificial, me conocía como nadie y podía responder a cualquiera de mis necesidades. Traté de explicarle que cada niño tenía asignado su robot perfectamente programado para educarle en la forma más adecuada según su personalidad. Tenía la ventaja de que suponía una formación permanente. Una vez a la semana, niños y robots acudíamos a la “Junta de Supervisores” donde, una vez valorada nuestra evolución y progresos se iba adaptando y reajustando la programación educativa, totalmente personalizada.

 ¿Y los padres? Me ha preguntado sorprendido ¿No intervienen en nada? He tratado de explicarle que no era necesario pues así ellos –descargados de esa obligación- podían dedicarse enteramente a sus trabajos o misiones especiales, generalmente en el espacio exterior, que podían demorarse durante meses, como en el caso de mis padres. Me parece que no lo ha entendido. Hay que reconocer que, el pobre, está un poco desfasado.

        Él me ha hablado, a su vez, con nostalgia de un lugar al que acudía escondido en el bolsillo de amita, llamado colegio, donde los maestros o maestras trataban de educar y transmitir sus conocimientos a los alumnos. Estos conocimientos se hallaban recopilados en unos raros objetos llamados libros. Le he dicho que los conozco pues los pude ver una vez que visité el Museo. Ha reído divertido y me ha contado que, entonces, se guardaban en las casas y en unos lugares llamados “bibliotecas”, donde estaban a disposición de cualquiera que los quisiera, pues la gente disfrutaba mucho con su lectura.  Me ha dicho que, cada niño, poseía varios libros y debía cargar cada día con ellos para ir de casa al colegio para estudiar. Los transportaban en una mochila que cargaban a sus espaldas. En cada clase había muchos niños juntos y, a media mañana, compartían juegos en un lugar llamado patio donde corrían, saltaban, reían y gritaban mucho. Era el momento en que más le complacía observarlos pues parecían felices. Más tarde marchaban a sus casas donde les aguardaban sus padres para compartir sus actividades con ellos, no como nosotros que nos pasábamos el día rodeados de máquinas que lo resuelven todo, pero sin apenas contacto humano. Para él, aquella había sido la etapa más feliz de su vida.

         Yo escuchaba con simpatía aquellos ingenuos recuerdos suyos de una época tan arcaica y alejada de nuestra realidad, pero que me parecía un tanto mágica.


         Debo reconocer que, en algún momento, hasta sentí un pellizco de nostalgia por no haber podido conocer aquella vida pues, lo cierto es que hay momentos en que me llego a sentir muy sola, a pesar de los esfuerzos de Roslive por atender todas mis exigencias. Con sólo introducir el código apropiado, es capaz de ofrecerme cuanto necesito con perfecta precisión, pero cada vez con más frecuencia siento que esto no es suficiente.

Mi “Gotchi” no está dotado de inteligencia artificial, ni siquiera sé si de algún tipo de inteligencia; tampoco está dotado de conocimientos, pero desde luego, espero que a través de sus experiencias y a lo largo de toda mi existencia, me acompañe y enseñé a ver la vida de otra manera.  Y, tal vez, ¿quién sabe si al cabo de muchos años, cuando yo cierre los ojos, él decidirá cerrarlos también conmigo?. Ignoro por cuanto tiempo.
       
GOTCHITO
Maribel D'Amato


Mi querido Gotchito lleva aquí mas de diez años, lo trajo mi padre un día que estaba en la cama con anginas. El era así , detallista, rumboso e imaginativo. Yo me parezco mucho a él, es más, creo que lo imito en todo. Por eso te acogí en mi vida con tanto cariño. Te he cuidado, dado de comer, procurado que no te pusieses enfermo, te llevo a todas partes, te presento a mis amistades vienes conmigo de veraneo, a esquiar y a todos mis viajes. Yo te hablo y tú me escuchas, nunca me contestas, pero me escuchas y eso es algo que no hace mucha gente en los tiempos que corren. Todos tenemos mucha prisa, muchas cosas que hacer y muchas otras de las que preocuparnos, pero - date cuenta Gotchito- todas atañen directamente a nuestro ego.
Tú, sin embargo, también te preocupaste por mí. Tú fuiste mi Pepito Grillo en mis días de estudio porque me animabas a ello y fue así como mis boletines se llenaron de Notables y Sobresalientes. Me alentaste a apuntarme al equipo de atletismo que tantas y tantas medallas me dió ( te las dediqué todas, a ti y a mi padre). Me aconsejaste que no riñera con Mar, esa amiga mía de toda la vida que un día me gastó una jugarreta sucia y ahora me alegro porque dentro de dos meses seré su cuñada.Tú me indicaste que Manu no era el novio que yo necesitaba, que a él le gustaban todas y yo era una de ellas y estuve unos días enfadada contigo, pero no por eso deje de cuidarte. Te lo agradezco Gotchito, Manu no fue mas que un soplo de semana y media. Luego fue Cuco, el escultor, y Pepe, el electricista y Santiago, el eterno estudiante de Medicina. Y tú, siempre al acecho, siempre pensando cual de todos era el mejor. Sólo que, pasados unos días me hacías cambiar de opinión . Y yo me enfadaba, pero te seguía mimando. Y así fue como poco a poco terminé mi carrera de Psicología. Tú me aconsejaste que la hiciese porque me iba "como anillo al dedo". También me animaste a enviar el currículum a ATNC Gabinete de Sicología aplicada. Y aquí estoy. Han pasado dos años y soy la ejecutiva del departamento laboral. Gano una pasta y todo gracias a ti.
Tú me acompañaste en los momentos más duros, en aquellos en los que un desgraciado accidente se llevó a mis padres. Tu estabas ahí y yo te cuidaba y te mimaba como lo he hecho siempre. Y un día, me miraste y me hiciste ver que tu sola compañía no era suficiente. Que yo necesitaba a alguien a mi lado que fuese como yo, un humano. Y, en un principio me revelé contra él. Pero , también como siempre, te hice caso y , como si tu me lo hubieses puesto en el camino, llegó Carlos.
Y tú me echaste en sus brazos. Carlos era perfecto para mí. Serio, cariñoso, trabajador, detallista, arquitecto de renombre y hermano de mi amiga Mar, en el que, por cierto, nunca me había fijado.
Y sí, ahora a sólo tres meses de casarme como tú me indicaste, o sea, por la iglesia, con un bonito traje blanco ( que elegimos entre los dos , con trescientos cincuenta invitados a los que daríamos de cenar en un carísimo restaurante que tú me recomendaste. Ahora Carlos me pide una sola cosa, me pide que me deshaga de ti. Que te lleve al fondo de mi caja de recuerdos y sólo te vea de vez en cuando.
Y tú me incitaste a hacerlo, me rogaste que te introdujese en mi caja junto a un pañuelo impregnado con la colonia de mi padre, junto a ese colgante de mi madre que yo le regalé un día de su cumpleaños, junto a las fotos de Manu,de Cuco, de Pepe y de Santiago, junto a una foto borrosa de Mar y mía tomándonos un helado en el paseo marítimo de Benicasim. Pero, por una vez en mi vida, no te hice caso.Por una vez en mi vida elegí yo. Y mi elección fue clara y rotunda. Cogí una foto de Carlos y la introduje en la caja.Y a ti, mi querido Gotchito, te pegue cuatro gritos y te recomendé que dejaras de darme buenos consejos. Durante unos meses ni me miraste. Estabas realmente enfadado, pero yo no dejé de cuidarte ni de mimarte. Ahora ya me hablas, pero no me aconsejas. No hubiese soportado tenerte que guardar en una caja. A ti no, porque tú viniste de la mano de mi padre y eso significaba mucho para mí
ETERNIDAD
Isabel Ubé
Tal vez, si pudiéramos asomarnos al futuro lejano, nuestro Planeta no estaría dominado por monos –como en la novela y luego película “El Planeta de los Simios”, de Pierre Boulle- sino por unos bichitos llamados tardígrados. Estos animalitos, que se han puesto de moda por ser parte integral del tardigotchi, pueden vivir más de cien años en condiciones normales; en casos extremos de frío o calor, paralizan sus funciones biológicas y reviven con un rayito de sol.
Si dispusiéramos de la tecnología necesaria para fabricar una máquina del tiempo con agujero de gusano practicable, podríamos darnos el gustazo de saber qué tipo de vida será la que fundamentamos en este presente.
Me deleito imaginando que, tal vez, dentro de unos diez o veinte mil millones de años, cuando nuestra maltrecha Tierra esté completamente helada, congelada hasta el más mínimo recodo, un niño procedente de una lejana Galaxia o de cualquier otro Universo, que esté de excursión con el colegio o de paseo con sus padres, regocijándose viendo el paisaje blanco y frío, encuentre por azar un tardígrado, minúsculo osito de agua de medio milímetro, congelado dentro de su tardigotchi. Al niño le llamará la atención el pequeño artefacto y se lo llevará con él. El osito, al entrar en calor, recuperará sus funciones vitales y hará las delicias del niño. Y eso será todo lo que quede de nosotros.


LA DECISIÓN DE TARDI
Rosario Raro
Los tardígrados tenemos más memoria que vida, al contrario de lo que les ocurre a otras especies que se les acaba antes la primera que la segunda cuando pierden lo vivido porque se sumergen en un baño de amnesia en el que todo se impregna del mismo tono abisal y difuso.
Mi protegida y yo llevamos 38 años juntos. Me enternece verla pintarse las uñas de los pies en la terraza. Sobre ellas se dibuja estrellas, cuadros de Miró y se pega miniaturas de papel aluminio.
A veces se despierta agitada y escribe sobre Sintra, Uruguay y un cocodrilo que se metamorfosea. También pasa muchas horas ante la pantalla del ordenador pero no tiene Facebook. Y sí, en cambio, una caja con catorce pastillas de chocolate envueltas en hojas de colores con poemas escritos. Se la trajo un rey mago o los amigos invisibles.
Biológicamente es un milagro químico: una confluencia entre dos células, nada más. Evolutivamente inferior porque no cuenta con mi función stand by o suspensión reversible de signos vitales. Dejo flotar la respiración y los latidos cardíacos hasta que se vuelven imperceptibles primero y desparecen después. La última vez “estuve fuera” tres siglos hasta que un científico holandés mojó mi guarida sobre una hoja de helecho y las gotas rompieron el techo de celofán de mi sueño.
Cuando digo que he visto mucho mundo, me refiero a que conozco varios planetas: sobrevolé el mar de la tranquilidad y los cráteres rojos y apagados de otra órbita.
Ahora mi vida junto a ella es exquisita. Habito un Belén perenne instalado en su buhardilla. Casas de corcho, maniquíes antiguos en miniatura. Sobre los prados, el musgo tiene la textura exacta del terciopelo.
Todo se lo debo a la circunstancia de convertirme en la herencia de su abuela a quien ella amaba por encima de todas las cosas. Me trajo aquí desde el Tibidabo, el confetti de la verbena de Gracia, Miramar y la ventana de Eulalia, el alféizar donde atracaban los papelitos sobre el mar de cuerda del tendedero.
Son muy parecidas. Considera que carece de ambición porque ya lo tiene todo: vivimos en la falda del cerro de la Estrella, bajo su castillo y frente al de Ámara. Se reconforta con el fotograma del valle ante los ojos. Tristemente sepia este verano cuando los incendios, otras veces sólo se intuye entre la bruma en blanco y negro, gótico, espectral y por tanto de moda pero casi siempre relumbra en cuatricromía.
No sé si está en el ecuador de su vida o morirá mañana. Por si acaso disfrutamos cada partícula de tiempo como si cada noche fuera la última y cada mañana la primera.
Inevitablemente algún día me encontraré ante la decisión más difícil: tener que quedarme con uno de sus tres hijos.


Mar Olmedo
ROGRADO
No sé cuánto tiempo llevas ya conmigo, siempre me hiciste tanta compañía, recuerdo que papa te trajo a casa cuando yo tenía ocho años, fue un regalo asombroso. Te llamé Rogrado en cuanto te vi por primera vez, te acuerdas, te colocaste en mí hombro y así permaneciste horas con la boca abierta, esperando tu comida, sólo un poco de musgo, que de vez en cuando tragabas.
No creí que te cogería tanto cariño, pero es que estaba tan sola, ahora ya a mis ciento dos años y con algunos achaques importantes, se me plantea un gran dilema, moriré pronto y no sé con quien dejarte, mis dos nietos se pelean para estar contigo, al ser tan bulliciosos y tú tan tranquilo y lento, me preocupa si resistieras esa vorágine de vida.
Yo sé que tu eres feliz con poca cosa, por las mañanas cuando te dejo en el lavabo con dos dedos de agua, te veo chapotear en tu mundo acuático y sé que no necesitas mucho más.
No sé que será de ti y me preocupa dejarte.
Ellos se olvidaran de ponerte un ratito al sol, todos los días, para que estires tus ocho patas y hagas tu siestecita.
Ya sé que quieres venir conmigo,que has decidido que cuando yo me vaya, quedarte en mí hombro, suspender tus funciones y con el tiempo ya decidirás que hacer.
Si eso es lo que quieres, ven, descansa, iremos juntos en este viaje.
Quizás en un futuro salgas de la tierra y encuentres otro hombro mejor donde arrimarte.


jueves, 28 de enero de 2010

EJERCICIO NÚMERO 15

Alineación al centro

Historias de redes sociales, chats et alii.
Oportunidad, recurso, decepción, cordialidad, desengaño, vivencia, almacenaje, nocturnidad, ser otro, error, fortuna, siglo XXI, bálsamo, global, despiste, excusa, resurrección.
Premisa 1: "Si una cita con ojos ya sale como sale imagínate una a ciegas". (¿?)
Premisa 2: "La ficción debe ser verosímil, la realidad no". The international. Tom Tykwer. USA. 2009.
Imagen: http://www.prometheus.net.au/images/social_networking_sites.jpg 

Con dos dedos de frente

Laura Roullier

Chicaliente19 dice:
lo siento, yo no soy así

Le temblaban los dedos sobre el teclado. Se sentía abochornada, sucia. Recuperó con rapidez los pantalones y los utilizó como trapo para limpiarse las manos. Acto seguido se colocó la bata sobre sus vergüenzas, evitando mirar a la camarita que la acusaba con su gran ojo escrutador.

Chicaliente19 dice:
bye.

Tíobueno_cam_xxx dice:
oye, espera

Se arriesgó a mirar la pantalla. La erección continuaba allí, pero el chico se había subido la bragueta. Dadas las circunstancias, ese gesto constituía toda una declaración de principios.

Tíobueno_cam_xxx dice:
ya no tengo dinero ni para el porno
(Tíobueno_cam_xxx está escribiendo un mensaje...)
hoy me echaron del curro, sabes?

Chicaliente19 dice:
vaya, qué putada, lo siento.

Esperó un momento. Aquello parecía la clásica escena posterior al coito, cuando ambos encienden un cigarro, se despatarran entre las sábanas y comienzan a divagar sobre sus problemas. Dictaminó que el momento de lujuria ya había terminado y no pasaba nada si se ponía a intercambiar desgracias con un desconocido.

Chicaliente19 dice:
pues hoy mi jefe me obligó a despedir a unos empleados.
tres en total.
buenos chavales.

Ahora la sensación que primaba en ella era la de fracaso. Cobarde como la que más, no había sido capaz siquiera de despedirlos a la cara, decantándose por enviarles un e-mail explicatorio -detalladísimo, eso sí-. No sólo había sido un asco de persona en el sentido laboral, sino que también era horrible sentimentalmente. De lo contrario no estaría allí sentada, utilizando un ordenador como intermediario social y excitándose con un puñado de píxeles. Le entraron unas repentinas, dolorosas ganas de llorar.

Tíobueno_cam_xxx dice:
vaya mierda
puta crisis
ya no se puede ni currar en el mcdonals, tío

Cerró el portátil de un golpe. Luego, cuidadosamente, lo abrió de nuevo. Volvió a la página para mayores donde había mantenido esa conversación, esperando con ganas el estar equivocada. Pero no: efectivamente, había entrado en el sub-chat de la zona geográfica de Nules, Castellón. Y allí sólo había un ejemplar de la multinacional de comida rápida. Se llevó las manos aún húmedas a la cara.

-Mierda...




ILUSIONES, VIVENCIAS Y RECUERDOS
Marible D'Amato


El era de Málaga, ella vivía en el norte, cerquita de la playa de la Concha. Los dos jubilados y con tiempo libre. El pasaba horas ante la pantalla conectándose a páginas y páginas de contactos. Solo abandonaba a su computadora por causas mas que justificadas como comprar comida, ir a ver a sus hijos y nietos y poco más. Ella, sin embargo dedicaba sus horas libres a practicar deportes, a visitar amistades, a escribir y también a comprar comida y visitar a sus hijos y nietos. Pero jamás se le había ocurrido meterse en un chat y contactar con nadie.

Pero a los dos jubilados y viudos ambos, la noche se les convertía en soledad. El la ocupaba chateando. Ella, comiendo. Pero viendo que esa afición nocturna no le iba a llevar a nada bueno y aconsejada por un amigo de la familia abandono la nevera por la pantalla y allí fue donde conoció a su malagueño. Se intercambiaron los correos, los datos personales menos comprometidos, luego algunos mas comprometidos, mas tarde se contaron historias de sus vidas, de las vidas de sus hijos e incluso de las cortas vidas de sus nietos y acabaron por darse los números de teléfono y hablar a través del auricular. Ellos eran así, clásicos y anticuados Ellos no entendían de webscams. Posiblemente nacieron demasiado pronto. Pero ha pasado el tiempo y ahí siguen. Todos los días a las veintidós horas descuelgan el teléfono y se cuentan sus cosas. Solo se conocen por una foto enviada por mail. Viven demasiado lejos y sus pensiones no dan para viajes. Quizás coincidan en algún viaje del INSERSO. Se darán un tiempo para pensarlo. Ninguno ha pensado en llegar mas allá. Pero en sus largas noches de soledad, han intercalado sus conversaciones imaginarias con el locutor de la emisora elegida, con sus diez o quince minutos de ilusiones, vivencias y recuerdos.

Vicenta Gallego

Las cartas
No sé que escribir sobre los chats porque nunca he chateado, supongo, porque no he tenido necesidad de utilizarlos y además no tengo conocimiento sobre ellos. Sí lo tengo de oídas, el día que hablabais en clase, que fue muy interesante y alguna cosa más, pero no me da para escribir sobre ellos. Sí puedo escribir sobre otro tipo de formato que nos permite comunicarnos, y que, en definitiva, es de lo que se trata.
Puedo escribir sobre las cartas. Cartas escritas a mano que reflejan el estado de ánimo de quién la escribe. Cartas que se meten en un sobre, donde se puede poner una flor seca, escritas en papel de color o con anagrama, perfumadas, que cuando las recibes te llega algo de la persona que te la envía. Pequeños tesoros que se pueden guardar en una caja, con un lazo, o dejadas en un cajón, esperando que alguien la vuelva a leer. Es difícil hoy en día recibir una carta escrita a mano. Al buzón sólo llegan las cartas del banco y las de facturas.
Me pregunto si todos los correos (ya no son cartas) que nos enviamos podrán resistir el paso del tiempo como lo han resistido las cartas. Dicen que la más antigua es una de amor que tiene más de cuatro mil años escrita en Babilonia. A través de ellas hemos conocido el pensamiento y las circunstancias de muchas personas y con ellas la Historia. Curiosamente estoy leyendo un libro sobre las cartas que madame de Sévigné le enviaba a su hija hace unos trescientos y pico de años, y no puedo evitar establecer un paralelismo entre las dos épocas, o cualquier época pasada. Pienso que seguramente madame de Sévigné estaría encantada con Internet y sus múltiples posibilidades, y que quizás chatearía con su hija varias veces al día, amen de utilizar el teléfono en todas sus versiones, pues tenía necesidad vital de saber cómo se encontraba su hija en todo momento. A nosotros, también nos pasa y lo solucionamos en un segundo ( más o menos). Madame de Sévigné escribía varias cartas al día (de dos o tres páginas), contando todo tipo de detalles y además estaba encantada con el sistema de correos que se creó a mediados del diecisiete, en Francia, y que le parecía el súmmum de la rapidez y eficacia. Cualquiera de nosotros ¿cuántos correos envía al día de media?, ¿os imagináis tener que escribir a mano y con pluma de ave?. Supongo que si la necesidad de comunicación es fuerte, pues cualquier medio es perfecto; se puede salir corriendo. O por ejemplo, la necesidad de Madame Palatine, de quién se conservan unas noventa mil cartas, que se pasaba el día encerrada en su gabinete escribiendo misivas a sus familiares alemanes. Podría ser, también, el ejemplo de quién se pasa el día chateando. Así pues, comunicarnos es una necesidad humana que se repite en todas las épocas. El formato varia con el tiempo y de ello se hace un buen o mal uso.
Un buen uso serían las cartas que se escribian León Tolstói y Mohandas Ghandi, transmitiéndose y forjando el pensamiento de resistencia a la violencia; la no violencia que tanta falta nos hace.

Elena Torrejoncillo

HAIKU
E-mail urgente:
el mundo habla deprisa
¿alguien lo entiende?

Recuerdos de nuestra aldea
Verónica Segoviano (en nombre de un/una internauta anónimo)
Esto es lo que me escribió Cleis allá por enero del 98, justo antes de partir. Como tal lo trascribo y le rindo homenaje. Si quiere reclamar su autoría, no tiene más que silbar.

“Querida gigi:
En Chat la vida transcurre como en cualquier otra aldea: los habitantes viven encerrados en sus casas, cuidan de sus campos y de su ganado y luego, por la noche, se reúnen en el bar para jugar la partida. Su conversación es colectiva e intrascendente y cada cual se suma a ella cuando le place. De vez en cuando, alguna discusión rompe la monotonía, pero los mismos contertulios se encargan de apagarla, más que nada, para que puedan volver a la tranquilidad del juego. Luego, todo sigue igual. Cuando dos chateros han de hacer negocios, nunca los hacen en el bar. Salen y se pasean carretera arriba, carretera abajo. Lo que se dicen entre ellos se lo lleva el viento.
Si con el tiempo, los aldeanos perciben que dos vecinos no se hablan, corre el rumor, pero nunca corre la verdad. Ellos no hablan. En Chat son pocos y conocidos (excepto de vez en cuando, que aparecen algunos turistas perdidos, a los que se saluda cortésmente y se olvida) y saben del riesgo. Se conocen poco, pero se conocen mucho. Así es como pueden aguantar vivir en el chat. Esa es la norma de convivencia en las aldeas.
Pero cuando un chatero airea lo que sólo sabía el viento, alguien debe marchar. Mientras la verdad es rumor la convivencia es posible (al fin y al cabo, todos saben algo de sus vecinos o tienen algo que ocultar), pero cuando aparece escrito en las paredes de la aldea, alguien debe marchar. Y alguien recoge su cachava, antes de que la rompan, y se va. La cachava de alguien, dicen, también es culpable, porque le sirvió de sostén. Pero la cachava de alguien es una buena cachava, la única que tiene y la necesita para andar. Por eso se la llevó.
Besos de alguien y su cachava.”
Déjame que te cuente
Verónica Segoviano
Yo he aspirado el aroma de un chat. Yo he paladeado el gusto agridulce de tantas noches. Yo he contemplado –y colgado si se me apura- en sus paredes, aparentemente desnudas, las más bellas obras. Yo he acariciado con mi piel sus infinitos pliegues, buscando aventuras, renovando mi pobre surtido de sueños como quien hace un nuevo fondo de armario. Yo he oído las más tiernas palabras, pero también las más amargas. Yo llevo el chat en los sentidos, en la mente, en el corazón…
Yo, parte indiscutible de esta caterva de huérfanos que ha generado la modernidad y el progreso, estoy entre los muchos que han caído entre estas redes. Y no sé si debiera. Mi formación y mi perfil sociológico me convierte en un ente marciano en estos universos. Sin embargo aquí estoy. Y, con el tiempo, he descubierto que aquí todos somos extranjeros, que no hay pasaporte que nos diferencie, que somos uno y mil interpretando nuestra propia historia, mientras ingenuos creemos que jugamos al despiste bajo el disfraz de delirantes personajes. Insistimos en escribir el cuento en un intento vano, pueril a fuerza de empujoncitos.
Yo he amado a una mujer en la playa. Ella aún lo recuerda, por más que desde hace meses nuestros contactos sean distantes y ocasionales.
Yo me he sometido a juicio sumarísimo y he pasado más de un tercer grado. Y acabé en una urna, gritando mi asfixia y mi angustia. He besado heridas que no cicatrizaban por primera intención, sin paños calientes, sin apósitos ni suturas posibles, para no hacer oficial el dolor.
Yo he cantado la canción de la luna y he volado en un viejo aeroplano bajo su influjo. He jugado al Mueve-Mueve con un alma sutil, sensible, curiosa, pero también acomodada y perversa.
Yo he plasmado en un modesto cuadrito la escena en la que te lavaba el pelo, mujer esquiva, junto a un río, arropadas ambas por Mozart. Y tú, aprendiz de hombre con disfraz de mujer, hoy guardas en un trastero ese dulce motivo, junto a tantos regalos, algunos de ellos míos, en tanto yo lo contemplo por encima de la pantalla del ordenador en mi pared.
Yo he sido abordada por un bajel pirata, bajo una tormenta anhelando bahías imposibles. Y he terminado varada en puerto.
Yo he aprendido aquí a beber vino y a dejar que mis mejillas se tiñesen de un púrpura encendido, mientras te ofrecía fresas y chocolate.
Yo he descubierto una peculiar zona de mi cuerpo donde la piel es increíblemente suave; inédita hasta que te hice explorador, y que incluso a ti, paciente excursionista, te costó encontrar, por más que en mi ansiedad te diese todas las pistas.
Yo he vivido en tu hayedo de tonos ocres, con mi bañador amarillo. Allí tu me traías todos los domingos noche, flores de nieve cortadas bajo el sol.
Yo he luchado con la memoria contra el olvido. Yo he intentado rescatar tus sueños, esos que nunca recuerdas, velando tu cuerpo por las noches. "Tu insomnio", así me llamabas.
Yo he llenado la soledad sonora con canciones y registros locos y diversos, invocando a la nostalgia para acabar combatiendo la tristeza de mis ojos.
Yo he sido salvaje para ti. Y tú nunca entendiste que bajo mi capa de dureza, que la apariencia curtida y el arrojo escondían una profunda soledad de siglos y un miedo atroz al desamparo y al amor. Porque nuestro primer contacto fue una frase lapidaria y fulgurante: "que ser entronizada, es ser esclavizada".
Yo he jugado al intenso juego de las mentiras en un largo e inútil ascenso hacia la verdad, intentando descifrar el sentido del espacio en blanco entre dos palabras.
Yo he desgranado tímidamente la poesía entre tus manos, ante tus ojos, bajo tu sonrisa tranquila, junto a tu figura desgarbada para acabar despidiéndote siempre con un cómplice "mihi tibi osculi", MTO, como tú preferías abreviarlo, sabiendo y consintiendo en una despedida gramaticalmente incorrecta; sin lugar a duda, su mayor encanto.
Atrapados, enredados entre el descontento, el hastío, el miedo, la ansiedad en este no-espacio que maneja a la perfección los resortes de la ternura, la amistad, la curiosidad, la solidaridad y tantos otros sentimientos. Por eso, es preciso que cortemos estos hilos y nos liberemos de la dependencia y la tiranía. Pero antes de hacerlo, déjame que te cuente amigo, déjame que te cuente amiga, que yo he aspirado el aroma de un chat, que yo he paladeado el gusto agridulce…



¿TIENES SITIO EN TU VIDA PARA UN ESPECTADOR MÁS?
Pura Simón

Eran las tres y media de la madrugada. Los múltiples cafés y coca-colas ingeridos en las casi seis horas que llevaba fijando sus pupilas en los eternos folios, aunque todavía eran armas para mantenerla en pie, ya no eran suficientes para luchar contra el tedio que se apoderaba de ella. -El último cigarro -se dijo, mirando el rebosante cenicero, -y mañana será otro día. No obstante, el desvelo, la soledad de la noche y las misteriosas vidas escondidas tras las iluminadas cortinas, en algunas lejanas viviendas que alcanzaba a ver desde la ventana, le indujeron a adentrarse en un territorio desconocido.

Siempre había pensado que eso era para desesperados y gente que no era capaz de expresar sus sentimientos a cara descubierta, y que ella jamás podría caer en semejante farsa. Sin embargo, aquella noche, quizás engañándose a sí misma y creyendo que sólo pretendía ser un juego en un momento ocioso, se sumergió en las profundidades de su ordenador y se dispuso a dejarse seducir por la palabra sin rostro. La verdad es que casi ocho meses preparando aquella odiosa oposición, recluida en una casa prestada por la familia de su novio, para que tal menester fuera acompañado de la máxima concentración, y relacionándose poco más que con el pakistaní de la tienda de abajo y con el preparador que la visitaba una vez por semana para cantar los temas, era motivo suficiente para abrir una ventana –aunque ésta fuera virtual- y que entrara un poco de aire fresco. Su novio también solía frecuentar la casa de vez en cuando, pero últimamente estos encuentros estaban llegando a convertirse en algo más molesto que otra cosa. Él siempre acababa hablando de lo mismo, de sus planes una vez que aprobara la oposición: la boda. Y lo que a ella en otro momento también pudo ilusionar, ahora le caía como una losa tan pesada como los kilos de papeles y libros que yacían por todos los rincones de la estancia.

-¿Qué clase de tipejos serían aquellos que para ligar o para conocer a alguien tenían que ocultarse y, seguramente, enmascarar o adornar su aspecto y su personalidad? –Se preguntaba mientras iba abriéndose paso en la red. No tardó en verse enzarzada en la lectura de infinitos topicazos con los que la gente intentaba llamar la atención de los cibernautas, y su curiosidad fue en aumento. Bueno, ella sólo quería divertirse un rato y para eso cualquiera podía servir.

Antes de probar suerte, encendió otro cigarrillo y fue hasta la cocina a por una cerveza, como si se dispusiera a abordar a un maromo en la barra de un bar. Todo se sucedió mucho más rápido de lo que hubiera imaginado; tras un par de intentos, obtuvo respuesta de un tal ttt, cuyo reclamo rezaba así: ¿Tienes sitio en tu vida para un espectador más? Un escalofrío recorrió su espina dorsal.

A un primer intercambio de mensajes superfluos siguieron sucesivos encuentros, cada vez más frecuentes e íntimos. Las horas ante los interminables folios ahora transcurrían fantaseando y esperando ansiosamente el momento de conectar con su pibe. Aquellas palabras regaladas desde la otra parte del mundo llegaron a hacerse mucho más cercanas y cómplices que las de su prometido, al que cada vez recibía con más hastío y despedía con más premura. Aquellas letras le invitaron a mirar hacia una nueva vida, le ayudaron a despertar del letargo en el que se hallaba hacía mucho tiempo, le trajeron la ilusión y el brillo a los ojos. Le hicieron mirarse en su propio espejo y darse cuenta de que su existencia entre aquellas cuatro paredes, que la tenían acorralada, sólo tenía un sentido, y éste se encontraba a miles de kilómetros, esperándola en un pequeño velero.

Nada más faltaban seis días para la prometedora oposición la mañana en que abandonó aquella casa para coger un avión rumbo al país del tango y el mate. Una simple nota de despedida sobre los aborrecidos montones de leyes y decretos, y adiós al novio de toda la vida. Adiós al porvenir resuelto. Adiós a una vida encorsetada y previsible. A partir de ahora, todo estaba por escribirse, y, a pesar del hormigueo que atravesaba su estómago y los fantasmas que se arremolinaban en su cabeza, sabía que esta vez debía seguir el dictado de su corazón.




LA INADAPTADA
Mar Olmedo

Es una gran oportunidad para darte a conocer, para imprimir tus ideas. Un espacio visitado por miles de personas que pueden coincidir con tus pensamientos.
Puede ser un recurso, una descarga, como cuando escribes en un folio blanco, con una gran diferencia tienes opiniones y respuestas de personas anónimas, que puede que te comprendan o que se opongan totalmente a lo que dices o escribes.
La decepción puede ser grande, pero es un riesgo que hay que correr, como casi todo en la vida.
Puedes llegar a tener una cordialidad, con otras personas afines y llenar la soledad, el vacío o un desengaño.
La vivencia seguramente será y hay quien asegura que es, un almacenaje de sabiduría. No seré yo quien lo niegue, cuántas personas nocturnas, tienen un esparcimiento tan grande, gracias a teclear, cuántas se ilusionan cuando se ilumina la pantalla y cuando alguien contesta con una frase esperada.
Es tan fácil jugar a ser otro, a disfrazarte de lo que siempre quisiste ser, a desmpeñar un papel fabuloso.
Hasta que por error o fortuna hay una cita con esa persona, para desnudarse el alma y al fin ser quien realmente somos, habrá que aguantar el miedo, le gustaré, me gustará.
Sí es un gran invento, el siglo XXI será recordado, seguramente por la multitud de personas que se han conocido y amado a través del chat. Es un bálsamo pensar que no estás solo, que el ordenador está ahí, esperando que lo enciendas ¡Cuántas sorpresas esperando!
Se ha convertido en algo tan global...abarca a tanta gente, que parece imperdonable, que yo, no lo haya utilizado nunca, quizá sea por pereza o despiste, pero escribo de este tema por lo que me cuentan.
Es una excusa tonta, pero prefiero conocer a las personas de manera algo más "convencional", seguramente en algunos temas, me quedaré algo desfasada, como fuera de lugar ya que muchas palabras utilizadas en la jerga coloquial no me dirán nada.
A lo mejor, algún día casualmente, me adentre en cualquier red social, quizás sea como una nueva resurrección para mí.

sábado, 9 de enero de 2010

EJERCICIO NÚMERO 14



Imagen: http://www.timeoutofmind.com/images/bryce/bryce_large/broken_dreams_island.jpg
Escritores ante la catástrofe.
NO QUIERO SER ADOPTADO
Maribel D'Amato


Media tarde de uno de los muchos días grises que viví después de que la tierra temblara. La calle era mi casa y mis padres mi refugio. Les seguía a todas partes, íbamos siempre de un lado para otro buscando a mis otros dos hermanos. Frank ya había salido del colegio pero aún no había regresado a casa cuando todo sucedió, sin embargo Liz quedó atrapada bajo los escombros de la escuela. Eran días de angustia, hambre, dolor e incertidumbre, pero me sentía afortunado y protegido por mis padres.

Los tres caminábamos entre escombros y cadáveres con la esperanza de no reconocer a ninguno de ellos aunque con el paso de los días nuestra fe se iba desvaneciendo y la realidad se cobró vida al encontrar a mis dos hermanos ya inertes. Fue un duro golpe al que tuvimos que acostumbrarnos de inmediato porque sin casa, sin comida, sin agua y expuestos a infecciones de diversos tipos no había mucho tiempo de mirar atrás.

Y fue justo a media tarde de uno de esos días grises, justo cuando mis padres hacían una larga cola en busca de agua y alimentos, justo allí donde me dejaron con la recomendación de que cuidara los pocos enseres que pudimos salvar, cuando una señora se me acerco brindándome comida fácil, algo a lo que yo no pude sucumbir.

Y fue así como me encontré en la cabina de una camioneta en marcha y en medio de otros muchos niños de todas las edades. ¿Y la comida? ¿Y mis padres?. Estuve así un rato sin ni tan siquiera poder pensar, no sabía a donde me dirigía, no conocía a ninguno de estos niños entre los que se encontraban también bebes envueltos en pañales. No conocía a la señora que me llevó hasta allí, y, sobre todo, me sentía solo. Mis padres ya no me protegían y yo había perdido mi refugio.

La carretera era gris, como todo en esos días y la noche se nos iba echando encima. A mi lado, una chica de unos catorce años con los ojos enrojecidos, me puso al corriente de lo que allí estaba sucediendo." Nos llevan a la República Dominicana. Una vez allí, supongo que negociarán nuestra adopción o quizás otras cosas peores"
No quise seguir escuchándola, yo no quería ser adoptado por nadie, yo no era huérfano y aunque a mis padres no les quedaba nada, aunque mis hermanos ya no estaban conmigo y aunque tuviese que vivir en la calle, yo quería regresar a mi isla. No miré mas a la chica de al lado, me resistí a pensar que eso era cierto y así, entre aterrorizado y esperanzado, me dormí pensando que todo era un mal sueño.

Solo el enorme frenazo y los golpes que me di al ir de un lado para otro pudieron con el cansancio y el sueño. De repente escuche unas voces, hablaban en voz alta , tan alta que no se distinguía con claridad lo que decían, pero, de repente las voces se extinguieron, la cabina se abrió y allí, al fondo, plantados vi a mis padres. Corrí hacia ellos me refugié en sus brazos y sentí como el color gris de los últimos días daba paso a una luz intensa.


OTRA MATANZA DE INOCENTES
Isabel Ubé
Nunca veo las noticias de la televisión mientras como. La mayoría de ellas no le sientan bien a mi estómago, y otras, envueltas de oropel, sublevan mi conciencia. Me entero de lo que pasa por la radio, los periódicos y las conversaciones de la gente.
El terremoto de Haití no me ha dejado indiferente. Una vez más la hecatombe se cierne sobre un paupérrimo pueblo tercermundista. No sé muy bien si La Tierra se resquebraja para engullir la miseria o para acentuarla.
Pero lo más terrible es que hay quién hace negocio de estas desgracias. Muchos niños están desapareciendo presuntamente para traficar con sus órganos.
Ojalá miles de agujas clavadas en otros miles de muñecos representando a estos depravados execrables, surtieran efecto y perecieran presos del sufrimiento que merecen.
Isabel Ubé




HAITÍ (LEOpoldo José Trillo-Figueroa Ygual)

¡AY…! TI
embla el suelo. Se oye un gran estruendo. ¿Qué es esto? ¿Es el fin del mundo?
HAY TInieblas a mí alrededor. Me rodean gritos, llantos, lamentos, muchos lamentos. Sólo oigo, no veo. Hay oscuridad, insegura oscuridad.
HAY TIerra, hierros, ladrillos, piedras y maderas que me aprisionan. El polvo, que envuelve todo, dificulta mi respiración. ¿Donde están los que estaban junto a mí? Trato de sentirlos pero no los siento. De escucharlos pero no los escucho.
HAY TIjeras que han cortado el hilo de la vida de muchos seres. Míseras marionetas que se creían Dioses.
HAY TImón pero solo en mis deseos. No hay posibilidad de rumbo. No puedo moverme. Estoy encerrado. Estoy enterrado; pero… ¡estoy! Por fortuna, aún estoy.
HAY TImbrazos de teléfonos a los que nadie responde.
HAY TIempo de meditación, de inagotable meditación. De preguntas sin respuestas. De respuestas sin preguntas. De dolor, de inmenso dolor. Estoy vivo pero… ¿Hasta cuando aguantaré aquí tan oprimido?
HAY TIc tacs en mi corazón que me hacen sentir la vida. ¿Cuántos latidos más podré seguir así?
HAY TItubeos en mis movimientos. Tengo miedo de moverme porque no sé si estoy seguro o si pendo de un hilo. Paso así mucho tiempo hasta que…
¡AHÍ TIene que haber alguien…! Oigo unas voces cercanas y unos ladridos. ¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí ¿Me oyen…? ¡Estoy aquí! –grito desaforadamente.
HAY TIentos. Prudencia. Cautela en la gente de fuera tratando de quitar todo lo que me cubre.
HAY TImbales celestiales dentro de mí. ¡Vuelvo a ver la luz! ¡Vuelvo a nacer!
HAY TItanes. Hombres, mujeres y hasta unos perros que me han salvado la vida.
HAY TIrados en las calle cientos de cadáveres hacinados junto a los escombros de lo que era una ciudad.
HAY TÍteres con forma de seres humanos deambulando por las calles sin saber donde ir.
HAY TIburones carroñeros con forma de seres inhumanos aprovechándose de la situación.
Pero…
¡No hay…!
¡NO hay…!
¡NO Hay…!
¡NO HAy…!
¡NO HAY…!
HAITÍ

RECETARIO CREOLE CONTRA EL OLVIDO

Verónica Segoviano
Desenclavar nuestras cabezas del epicentro del esternón, despegar nuestras retinas del plato cada comida y cada cena para fagocitar el horror del menú televisivo.
Dedicarte cada bocado de nuestra dieta, cada gota de agua de nuestras duchas, cada hora de descanso, cada palabra de nuestros relatos, un pensamiento diario. Un poco de cada uno hace más que mucho de uno solo. La vida repleta de pequeños gestos de gente desconocida que te da lo que tiene y lo que no, que no mira hacia otro lado.
Ofrecer un clavo que no arda para que te agarres a nuestros ojos, a nuestros oídos y manos. Y otro clavo más que remache el ataúd de la miseria y el abandono de tus gentes.
Unas puntadas para unir las costuras de tu destino geminado por el pecado del hombre que dibuja rayas en los mapas de tus tierras montañosas. Aunque no sea más que un sencillo dobladillo que repare la puñalada en tu pecho, una más, pero esta vez profunda inferida por subsistir en el borde de una nervadura del planeta, para mitigar el temblor de tus carnes.
Enterrar el hambre, a Papá Doc y a Nené Doc, el vudú y la ruindad de tantos otros; cubrirlos de cal viva e iniciar el barbecho de tus campos infértiles, labrar surcos en tu piel para resucitarte renovada, sana, poderosa de entre los rescoldos de masacres y desatinos del bucle maldito de tu historia.
Ayti: Atansyon! Anmwe, souple!
(Haití: ¡Atención! ¡Ayuda, por favor!)

LA ISLA PARTIDA
Elena Torrejoncillo.
Sorprendente, perfilada con los trazos de un paisaje incierto, es una isla partida entre un infierno de destellos rojos. Negra peña desvalida, navegando a la deriva en un mar sin horizontes posibles. Tal vez volcán de ancestrales tiempos, anclado en la desolación de no esperar ya un futuro. Sin un atisbo de vida. Sin unas hiedras trepando por la aridez de sus cantos, ni secas algas durmiendo al cobijo de sus huecos. Sin gaviotas que acompañen la soledad de su herida…
¿Qué invisible espada hendió, al abrigo de la eterna noche, su alma de antiguo y preciado mascarón solitario? Y, sin embargo, aún siendo roca partida, nos exhibe orgullosa el perfil de sus heridas. Resistente al cataclismo, desafiante, todavía atenta a su destino, permanece bien erguida, mostrando con altivez su hermosa desnudez de armoniosa escultura.
LA PESADILLA
Mar Olmedo
Todo está oscuro, negro, como una cueva, hay un humo denso, que no me permite ver muy bien.
Quizá sea de noche, eso es, es de noche y estoy soñando.
Me cuesta un poco respirar, como si algo me oprimiera la tripita, pero no veo a mamá. Estoy soñando.
Se oyen unos gritos, como llantos, a lo lejos, parece que son muchos hombres.
Que raro es todo, no siento nada de mi cuerpo, tengo mucho miedo.
Quiero despertar ya, jugar en el mar, saltar las olas y tirar piedras sin parar.
Tengo mucho sueño, me cuesta respirar.
Pero, ahí veo una luz, chiquita, redonda, parece una luna pequeña, se oyen voces cercanas, sé que estoy soñando pero les voy a saludar.
Estoy aquí en la noche, en la oscuridad, depertarme, quiero despertar ya, que este sueño no me gusta.
Por fin la luz se hace más grande, a mi lado hay hombres con cascos raros de colores y hay una luz inmensa, grande.
Ya está, ya me he despertado, pero, no sé donde estoy, me aplauden, me abrazan, lloran.
Yo sólo pregunto por mi mamá.