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Curso 2016/17

sábado, 18 de octubre de 2014

Normas de presentación de textos del taller de escritura "Escribir lo que imagino" de la Universitat Jaume I de Castellón


Normas de presentación de textos

Características informáticas

• Procesador de textos Word a ser posible.
• Extensión informática: doc., docx.
• ¿Cómo ponerle nombre al documento: si el autor se llama Paco Martín y escribe un texto que se titula " El mar " y al cabo del tiempo otro que se llama " El río " . Hay que poner en el documento: martín - paco -1 - mar y en el siguiente  martín - paco -2 - río. Y lo mismo para los enviados en valenciano empezando a contar también desde el número 1.
• Tipo de letra Times New Roman Paso 12. Interlineado 1'5.

Características del texto
• Extensión del texto en prosa: De +/- 1000 a +/- 3000 caracteres.
• Extensión del texto de poesía: máximo una hoja.

Advertencias
• Enviar el texto como adjunto.
• No enviar el mismo texto a los dos profesores.
• No enviar más de 2 textos de golpe. Es preferible que se manden uno tras otro.
• Pasar el corrector ortográfico EN CASTELLANO O EN VALENCIANO informático o humano, es decir, se puede solicitar ayuda de cualquier persona o recurso para que los textos lleguen en perfecto estado de revista a los profesores.
• Sólo se admitirá un texto por autor y por ejercicio. Más vale uno pero bien revisado que muchos, escritos de manera apresurada.
• Los textos escritos en valenciano se enviarán a Pascual y los que estén en castellano a Rosario. .

Correos
Pasqual Mas
pasqualmasATyahoo.es
pmasATuji.es
Rosario Raro
ro_raroATyahoo.es
raroATuji.es
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Normes de presentació de textos

Característiques informàtiques
• Processador de textos Word a ser possible
• Extensió informàtica: .doc, .docx
• Com posar-li nom al document : Posem que et diuen Paco Martí i escrius un text que es titula “La mar” i al cap del temps un altre que es diu “El riu”. Cal posar al document: marti-paco-1-mar i al proper marti-paco-2-riu. I el mateix per als enviats en castellà començant a contar també des del nombre 1.
• Tipus de lletra Times New Roman Pas 12. Interlineat 1’5.

Característiques del text
• Extensió del text en prosa: De +/- 1000 a +/- 3000 caràcters si es prosa.
• Extensió del text en poema: màxim un full.

Advertències
• Enviar el text com adjunt
• No enviar el mateix text als dos professors.
• No enviar més de 2 textos de cop. Preferible un rere l’altre.
• PASSAR EL CORRECTOR ORTOGRÀFIC EN CASTELLÀ O EN VALENCIÀ informàtic o humà, és a dir, es pot sol.licitar ajuda de qualsevol persona o recurs perquè  els textos arriben en perfecte estat de revista als professors.
• Només s’admetrà un text per autor i per exercici. Més val un però be revisat que molts escrits de manera precipitada.
• Els textos escrits en valencià s’enviaran a Pasqual i els que estiguin en castellà a Rosario.

Correus
Rosario Raro
ro_raroATyahoo.es
raroATuji.es
Pasqual Mas
pasqualmasATyahoo.es
pmasATuji.es


lunes, 6 de octubre de 2014

El escritor Juan Pedro Aparicio inaugura el curso de escritura creativa de la Universitat Jaume I

Martes 14 de octubre de 2014
18.00 horas.
Aula Magna de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
de la Universitat Jaume I


Conferencia Inaugural 
del curso de Escritura Creativa "Escribir lo que imagino"
a cargo de Juan Pedro Aparicio
con el título de Mirando la vida: memoria y literatura

El escritor en el Instituto Cervantes de Londres 
durante su etapa como director.

SOBRE EL AUTOR Y SU OBRA

Cuatro calas en la narrativa de Juan Pedro Aparicio

La trayectoria narrativa de Juan Pedro Aparicio (León, 1941), Premio Castilla y León de las Letras 2012,  se inició en 1975 con El origen del mono y otros relatos y se confirmó con Lo que es del César (1981).

      Junto a Luis Mateo Díez y a José María Merino ha recorrido numerosos centros culturales de todo el mundo “hilando relatos en filandones”, en una labor de rescate de esta tradición leonesa.

Juan Pedro Aparicio quedó finalista en el Premio Nacional de Literatura con El año del francés (1986), novela en la que se confunden mundos de manera especular: la realidad y la ficción, la calle y el cine, el pasado y el presente, el extranjero (Australia, Inglaterra) y una ciudad de provincias o la parte de acá y la de allá del río. Esta duplicidad de visiones se cruza de vez en cuando y asistimos a pasajes en los que no se sabe muy bien si el narrador de la actualidad cuenta lo “antiguo” o el narrador del pasado escala hacia el presente; incluso los personajes perciben esta suerte de magia narrativa: “Álvaro nos ha metido a los dos en su libro en una noche como esta” (276). Este ir y venir entre la realidad y la ficción está aderezado de calas metaliterarias —un personaje, Álvaro Miranda, que proyecta la escritura del “Libro de los grillos del alma”—, conexiones de abundantes notas realistas con un mundo fantástico y medieval, o con referencias literarias —“Alvarín, compañero del alma, compañero” (85)—, o cita a autores como Unamuno al mismo nivel que a personajes como Gregorio Samsa o Bellido Dolfos. Y toda esta suerte de enredos estalla gracias a la aparición de un francés, Violet-le-Duc, que no es otra cosa que un hispanista, que también intenta hilvanar una historia sobre la que investiga, que se lanza en paracaídas desde lo alto de las torres; será este hecho improbable el que abrirá la ficción que sale a flote y provoca la narración de los hechos que envuelven a los personajes, tanto a los del pasado como a los de la actualidad.

En 1989 ganó el Premio Nadal con Retratos de ambigú, aleando la realidad de una ciudad de provincias con la fantasía que su mitología particular genera. En esta ocasión la historia gira entorno a dos focos, el primero relacionado con las industrias cárnicas en manos de los Mosácula y sus conflictos con Sanidad; el segundo con el proyecto del alcalde Polvorinos, por encontrar en la Patagonia al futbolista Chacho. Subyace la corrupción política, la guerra civil, el caciquismo, el chantaje, todo bajo las sábanas de leyendas futbolísticas que no conviene tocar para que el pueblo siga obnubilado por sueños que no le dejan ver la realidad: lo importante es quién vence el partido de fútbol: todo tan lamentablemente actual.

La voz del narrador se mezcla con la de los personajes, en cuya oralidad sube enteros el libro que aprovecha para poner en el foro de forma polifónica la realidad del pueblo entrelazada con las fugas sobre el futbolista desaparecido. Es precisamente la filiación oral de la prosa lo que constituye la narración y la dota de una pátina entre confesión y cotilleo que refresca la lectura.

  
De nuevo la narración fluctúa entre el presente y la leyenda del pasado; y también aquí se amplía esta dualidad con la ficcionalización de algo relacionado con lo ocurrido, esta vez no a través de un libro –como en El año del francés— sino de una película sobre el Rey Bueno. Las historias en planos diferentes no hacen más que entrelazarse y arrojan una visión de pretendida totalidad que hace del lector un juez con la perspectiva de tener a mano lo que ocurrió, lo que ha ocurrido, lo que ocurre y lo que se desea que ocurra.

Sigue con su costumbre de homenajear a otros autores —“El mar. La mar” (231), “¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?” (174) —, e incluso a sí mismo (211), pues aparecen referencias a personajes de El año del francés (Bienzopas) y a la recepción del libro, y hasta discusiones sobre la idoneidad del título “Relatos de ambigú” (178-179, 212).

Desde entonces la carrera literaria de Juan Pedro Aparicio se ha engrosado con diferentes títulos, entre los que destacan El viajero de Leicester (1998) y, últimamente, Nuestros hijos volarán con el siglo (2013).

            El viajero de Leicester es una novela enmarcada, de estructura de caja china, en la que alguien se dispone a contar lo que antes le han contado. El marco sirve para ubicar  y para justificar la narración en segundo grado (19-138), en la que un personaje se ve envuelto en una serie de alucinaciones y situaciones fantásticas, en parte provocadas por el consumo de alcohol y de estupefacientes. El continuo entrar y salir detrás del espejo lleva al personaje a intentar desenvolverse en el filo de la perplejidad, pero permanece “enganchado” a lo fantástico y su deriva por Lot —es decir, León— se convierte en un recorrido terrorífico por la simetría y las casualidades. Nada asusta más que las coincidencias inesperadas: buscar a una tal Cristina, encontrar a una niña que promete contarle cosas sobre ella y a un escritor convulsivo que encabeza su escrito con la palabra “Cristina”. La realidad de la ficción y la fantasía se funde así en un delirio de reflejos y de sombras ambulantes.

            En Nuestros hijos volarán con el siglo Juan Pedro Aparicio escribe una novela de acción contenida, como corresponde a una obra que pretende pasar por fruto de la Ilustración, en la que lo que importa es la deriva del barco en el que viaja Jovellanos, pues esta se revela, según su protagonista, como símbolo de la España del momento: “Nuestra travesía —afirma— no era por el espacio, sino por el tiempo: avanzábamos hacia la muerte” (102), y de ahí que observe “el tácito paralelismo que sin pretenderlo había establecido entre nuestra zozobra y el drama del país” (119). Apenas una refriega con ingleses y una tormenta es lo que llena la primera parte de la novela en la que la ausencia de acción acelerada (tan solo un accidente, unas peleas, alguna caída al mar…) posibilita la evocación y el pasar cuenta a la biografía de Jovellanos, sus estudios, sus escritos, su postura frente al rey José, su relación con Godoy, su exilio en Mallorca y, con todo, el relato gana en anécdotas y vence la monotonía de una singladura que había de ser de horas y acaba siendo de días. La frase “Nuestros hijos volarán con el siglo” (239 y 246) la pone el autor en boca de un polaco, Bogdan, que pretende casarse y hacer que el naufragio sin víctimas del emblemáticamente llamado “Volante” arroje un material humano, nuevo, fruto de las “luces” que habrá de construir la nueva España.



            En la segunda parte, la novela viene a la actualidad, al profesor recién llegado a Londres, Carlos, para dar clases de Literatura Española en el Colegio de España, y cuyo proyecto más inmediato es escribir una novela sobre Jovellanos. Aparicio, rejuvenece el texto narrativo con este tenue giro experimentalista en el que da cabida a la complejidad de las relaciones humanas hoy en día al tiempo que repasa el legado de algunos hispanistas.

            La narrativa de Juan Pedro Aparicio nos lleva por un laberinto de ficciones entremezcladas con escenas verosímiles sin dejarnos ver cuál de los dos campos es el que sostiene el peso de la realidad. Echa mano de la historia del reino de León para enfrentarla a lo inglés en diferentes momentos de la Historia, como si pretendiera hacer ver la diferencia entre la “barbarie” sostenida en el sueño de lo que fue un Imperio, frente al progreso. No solo, por tanto, es la España de Jovellanos frente a la de Holland como en Nuestros hijos volarán con el siglo, sino también es una realidad mucho más próxima: dos personajes de León se encuentran en un tren que va de Londres a Leicester y uno le ofrece al otro un relato alucinante de un espacio común, quizá la única manera de enfrentarse a una realidad que mira más al pasado de lo que debiera.


PASQUAL MAS







Ojos negros

ROSARIO RARO

Escribir es en este momento la labor manual que realizo mientras me dispongo a hilar mi filandón, o a filar mi hilandón, a contar, anécdotas, historias que se pretenden de mayor enjundia, cotidianas o fantásticas, pero no por esto último menos veraces. Tienen en común que forman parte del trayecto compartido con Juan Pedro Aparicio y como las tengo tan presentes son al mismo tiempo origen y destino.
Gilles Deleuze señalaba a propósito de su lectura de La Bête humaine de Émile Zola que para este novelista francés la locomotora no era tan solo un objeto, sino un símbolo épico. En el farwest, tan frecuentado por Gary Cooper, quien en sus películas anda igual que Juan Pedro Aparicio, los trenes irrumpían por primera vez con su potencia colosal, medida con mucho agravio en caballos, para atravesar montañas rocosas, alcanzar horizontes lejanos, seccionar colinas encantadas y superar valles de sombras.
En la península o en el lejano oeste, el ferrocarril funcionó como el dios surgido de la máquina, el deus ex macchina, porque provocó un giro en el argumento. Fue la cremallera que cerró todo un tiempo, y una forma de entender la vida, la que giraba en torno a los cowboys y su manejo del ganado.
Aquí hubo una vez dos trazados ferroviarios, el de La Robla y el de Sierra Menera. “Los penachos de humo”, dice Juan Pedro y la piel se eriza al evocarlos dentro de la trinchera entre la nieve de Puerto Escandón o Mataporquera.  En la península se tituló progreso industrial.
Uno de los prodigios de Juan Pedro Aparicio, tiene que ver con todo esto, porque resucitó en mejores condiciones de las que estaba, al tren de La Robla y lo rebautizó como el Transcantábrico. Ambos trazados, el conocido popularmente como de Ojos Negros, porque arrancaba del municipio del mismo nombre en Teruel, y el del norte, delineaban con carbón el paisaje para alcanzar las fraguas, los Altos Hornos del Mediterráneo en el Puerto de Sagunto o  las factorías de la metalurgia de Vizcaya.
De la misma manera que los ríos, los trenes tienen estructura de filandón, de conversación junto al fuego, de velada en la que se hilan historias, se engarzan escenas y se presenta a los demás a nuestros personajes favoritos. La sintaxis de los ferrocarriles se articula en torno a los viajeros, sus vivencias y sentimientos, las estaciones y su trasiego son los elementos nucleares, con el apoyo o el acompañamiento de los apeaderos. Es un lenguaje que también consta de prosodia, el silbato del factor de circulación, o el pitido del tren, enfatizan los momentos más emocionantes.
El escritor leonés lo primero que le hace sentir a una mujer de mis características y sobre todo de mi edad, aquello que se instala en la trastienda de los ojos nada más verlo es la certidumbre de desear haber nacido antes, malgrait tout, las menos libertades, la mucha falta de oportunidades, etc. para compartir con él la misma efervescencia de aquella Facultad de Derecho, el afán por repartir oxígeno, desde los libros o desde la calle. Dice él que cuando las ideas no caen en el vacío y se tienen en cuenta como aporte, como savia nueva, se hace política. Esta ocasión, la lucha contra el anquilosamiento, debido al color de los tiempos, no la considero del todo perdida. En Qué tiempo tan feliz cita a Cervantes: “los que gobiernan ínsulas, por lo menos han de saber gramática” y sigue el filandón, porque esto último también viene al hilo o a cuento.
Suena más grandilocuente que nunca en estas circunstancias, pero a nosotros dos nos une la honestidad. Una vez, mientras paseábamos por una ciudad árabe, romana, pero sobre todo episcopal, el escritor me transmitía cierto entusiasmo y sobre todo mucha sorpresa, por la calidad encontrada entre los relatos presentados a un concurso muy bien dotado del que él era jurado. Sonreí, pero cambié de tercio en cuanto pude; para mí era como transitar por un terreno espinoso porque yo era una de las autoras a las que la espera del veredicto consumía. No necesité mucha paciencia porque nuestros itinerarios fundacionales, que incluyeron una terraza sobre el mar y una estación modernista, engalanada de cítricos de piedra, aligeraron mi desazón hasta el punto de olvidarme incluso de aquel premio y su proceso. Juan Pedro, solo conocía entonces mi nombre, los apellidos los leyó en el acta y volvieron a resonar después, cuando volvimos a vernos entre carcajadas. La misma persona, decía.
En otra ocasión llegó acompañado por un director de cine con quien hablamos sobre la primera mujer de un poeta vasco, convertida en espectro porque en ella se invirtió el orden natural: primero murió y después se fue de esta vida.
Sin embargo, la tarde que recuerdo con mayor cariño fue una que compartimos en una cafetería de ámbar y madera con otras dos personas, Jusep Torres Campalans y Sabino Ordás. El primero sacó de su cartera una fotografía con Picasso y el segundo se apresuró a hacer lo mismo. Si apareces en una de ellas con el pintor malagueño no solo quiere decir que eres alguien en la vida, sino que existes. Es una prueba irrefutable. Disfrutamos mucho y coincidimos en que eran como niños, parecía el juego del “y yo más”: exilio, riesgo, lecturas…
Guillermo Aguirre, en un magnífico artículo sobre el que ya es el tren de Juan Pedro Aparicio, dice que el conductor de la locomotora conoce el futuro. Se podría añadir que no solo el geográfico porque a fuerza de repetirse las mismas acciones en tantos corazones estas acaban por ser previsibles como un trayecto ferroviario, incluso sus incidentes y accidentes, lo extraordinario, acontece cada cierto tiempo.
Entonces, aquella tarde, tan bien rodeada por Ordás, Campalans y Aparicio, yo aún no sabía, porque no ser maquinista de tren me impide conocer el porvenir, que con el transcurrir de los años -y las estaciones- me dedicaría al mismo oficio falaz que don Sabino, la docencia de técnicas de escritura creativa y que la práctica de la literatura me regalaría muchos más momentos con el escritor.
Concluye ahora este recorrido que me ha transportado hasta La Robla, Guardo, Los Carabeos, Arija, Sotoscueva, Espinosa de los Monteros y Valmaseda, pero también a Ojos Negros, Cella, Santa Eulalia y Sot de Ferrer. Toda mi gratitud es para estas letras filadas que me han permitido pasar de nuevo unas horas contigo.
He llegado a Concordia y Cordura, que no son cualidades, buenas intenciones, ni siquiera potencias del alma sino mucho más, la estación de Bilbao y un lugar en una película de Robert Rossen.
Gracias, Juan Pedro, por guarecerme con tu ejemplo.






domingo, 21 de septiembre de 2014

 CURSOS Y TALLERES 2014/15

Ya estamos a punto de cerrar las inscripciones a todos los cursos y talleres de 2014/15.

Algunos autores "repetirán curso" on line a partir del viernes 3 de octubre. Otros trabajarán en vez de los ejercicios propuestos sus proyectos literarios. 

Y algunos incluso se acogerán a ambas modalidades simultáneamente.

Otra posibilidad para aquellas personas que tienen "un libro entre manos" es acudir al curso presencial que impartimos los miércoles en Castellón. En el Estudi de Psicologia de Adela Torres. Ya hemos aprobado cuatro proyectos literarios para trabajar en ellos.

Más opciones:

El taller de escritura creativa de la universitat Jaume I:Programa ydatos de inscripción

o el de Benicàssim.

Y durante el último trimestre del 2015 se pondrá en marcha un taller los sábados por la mañana en el centro de Castellón para quienes ya hayan terminado su libro y quieran asesoramiento sobre qué hacer con él. Se titulará ¿Y ahora qué? y lo impartirá el escritor Eloy Moreno.

En él se tratarán los siguientes temas:

¿Qué opciones tengo para publicar?
– Grandes editoriales: cómo reciben los manuscritos,
tipos de contratos, cláusulas y porcentajes.
– Editoriales locales: cómo trabajan, ventajas e
inconvenientes.
– Editoriales piratas: cuando se olvidan de la moral y te
cobran por publicar...
– Opciones on-line: Bubok, Lulu... la impresión bajo
pedido.
– Amazon y el ebook.
– Autoedición

Auto edición.
– Pasos a seguir.
– Registro propiedad intelectual
– ISBN
– Imprenta, portada y maquetación.
– Costes, opciones, tirada
– Distribución:
– Librerías.
– Grandes Superficies
– Internet.
– Promoción

Promoción.
– Presentaciónes: ¿son útiles? ¿cómo hacerlas?
– Clubs de lectura.
– Talleres literarios.
– Redes Sociales
– Ferias del Libro: cómo colarse en una caseta y dar a
conocer tu novela.
– Otras ideas:
– Video trailer
– Blogs
– Concursos
– Revistas literarias



Profesores: Pasqual Mas, Verónica Segoviano, Adela Torres, EloyMoreno y Rosario Raro 


Extracto del material del curso de Eloy Moreno.



Más información en:
pliegosvolantes@gmail.com

miércoles, 3 de septiembre de 2014

domingo, 6 de julio de 2014

jueves, 22 de mayo de 2014

Imprescindibles

El jueves día 29 de mayo a las 18.00 horas en el aula 1116 de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Uji: 
http://noticias.universia.es/vida-universitaria/noticia/2010/10/19/752643/universitat-jaume-i-ofrece-taller-escritura-iniciarse-aventura-literaria.html

lunes, 13 de enero de 2014

Una lectura de la poesia de Josep Porcar




Josep Porcar i Museros (Castelló, 1973) va començar la seua trajectòria poètica amb Del capvespre al matí (1991), Matèries encara (1991) i Oracles d’asfalt (1992). Tres poemaris premiats —com un presagi del que ve essent la seua trajectòria literària— que l’autor considera «poemaris de joventut plens d’intents». A continuació, l’autor castellonenc ha ofert cinc poemaris: Vint-i-dues mans de pintura, Crònica de l’ocupant, La culpa, Els estius i Llambreig.
Vint-i-dues mans de pintura  (Denes, València, 1994) és un llibre bastit amb textos epistolars en els qual s’adreça a  una Ayora per passar compte de tot allò que ha sigut el no compliment del l’amor amb el poeta. Es tracta de poemes sobre la no realització però, per això mateix, plens d’un desig permanent encara que sense finalització que el frene. Des del principi, la voluntat de fer ús de la memòria per tal de recuperar l’embranzida amorosa que va generar l’amor es mostra patent en «Reminiscències», quan afirma que «vull escriure’t» per parlar de «la buidor d’un espai» que tot ho nega i en el qual sojorna l’estimada, o bé per instaurar la imatge especular d’aquesta estimada que retorna des de la memòria per brollar en el poema amb una veu que reverbera des del «¿paradís?» —així, amb interrogants, perquè no té ben clar si ho és o potser siga un infern; tan s’hi val—.
            Ayora és també un espai que ha quedat orfe i que en l’evocació s’intenta omplir ni que siga pel desig que el va engegar. Tanmateix, com afirma Manel Garcia Grau en l’«Epíleg», l’escriptura serveix a «curar i suturar les ferides produïdes pel cúmul d’absències, desconhorts i gaudiments, amb què ens ha sorprès la vida». L’intent serà continu i amb determinació —«ho faré l’estiu vinent / i l’altre i l’altre...»—, malgrat que el poeta manifeste la seguretat que «Tot serà debades / i no trobaré més que gentades amb artificis d’alegria / i vidres d’alcohol escampats pel quitrà i xicones / amb pits erectes i cuixes famolenques que em temptaran / els ulls i les mans que per tu vaig preservar.»
            Vint-i-dues mans de pintura consta de vint-i-dos poemes que volen amagar un temps que es vol deixar enrere. El record —l’escriptura— es vol oblidar; és a dir: es tracta de verbalitzar allò que no permet al poeta tirar endavant amb el dia a dia, la supervivència, i així superar el buit. Gairebé estem davant d’un exercici terapèutic.
            Tot i això, la voluntat de lluita manté l’alè passional brandant una esperança dallada, amb la seguretat d’un fracàs segur («no trobaré» i «inútilment») que provoca a causa del no-retorn de l’estimada, poemes desolats; i d’ací la constatació que assumeix el propi poeta tot demanant «que els déus em perdonen aquest poema tan cru», el qual intenta, a pesar de la presència del fracàs, parlar d’Ayora com «un proclamat deler de mots damunt de la taula». L’espera infructuosa es basteix amb records que reflecteixen l’absència: «aquets mísers espills, aquestes / paraules, per mi nafrades, que designaren, en la crueltat / d’una antiga ignorància, vint-i-dos llargs camins torts». En el fons de l’espill hi viu una memòria que abocada sobre la taula jugarà una basa necessària per sanar les ferides de l’amor.
            Després de la plasmació d’uns sentiments feridors d’amor inacabat, en Crònica de l’ocupant (Tres i Quatre, València, 1995), Josep Porcar ens ofereix una visió paral·lela de l’anterior , però, en aquest cas assistim a un desengany de caire existencial, el qual es fa palès en les tres parts d’un poemari —més narratiu que no el precedent— amb vocació de parèntesi mentre haja d’aparèixer la llum que conduirà els versos.
            En «Hores pàl·lides» proclama el temps d’una espera confusa, «morint, al capdavall, defugint crits d’alzina i desertes, vertebrat i sol·lícit a un no-res curull de zel i absència». Ancorat a una por «molt agra, una pena» que esdevé mort, tan viu com jo, una vida desesperançada» entre el «mar verd» i la «vida groga» com un suïcidi a ciutat de «Granyana» (Castelló). Tanmateix sap que ha canviat, que ha deixat enrere uns «anys, / que ja no parlen d’amor captiu ni de cendra»; es tracta, per tant, d’un dolor nou, evocat, que el «configura».
            En «Home en groc» busca el recer de la infantesa castellonenca però no pot defugir les preguntes sobre el pas del temps i com aquest tot ho atura: «Això som. / Homes grocs / sobre històries grogues, / llibres, versos, tot això, groga solitud». I després, tot assajant una mena de pudor afectiu retòric, pregunta davant l’espill: «Home groc /.../ dis-me la paraula obscura que la veu navega i mai no abandona» i condueix a una desolació a la qual s’enfronta perquè «se sap encara / esperança, semen i coratge».
            I a la tercera part, «Treballs de l’espera» —subtitulada «Carrers de Granyana»—, si en el primer poema sembla que s’encomane cap a una claudicació —«ara només podem callar»—, en realitat és un punt sobre el qual agafar impuls per escampar la boira i abocar la llum «sobre els ulls morts de l’espera». Entre contradiccions —«invicte i claudicant»— caldrà llançar-se al combat, emprendre el vol instal·lat en la innocència salvadora.
El següent poemari, La culpa (Tres i Quatre, València, 1998), és un dels llibres de la literatura catalana moderna de més profunditat i militància poètica. Dividit en tres parts, ve precedit d’un davantal d’intencions, a «Convivium», en què enumera els motius de «culpa» pels quals caldria demanar un «perdó» que ens ofereix amb interrogant pot ser per defugir la pàtina moral que arrossega.
Els «Salms de Josep», des dels seus proclamats «vint-i-tres anys» assumeix la veu juganera —com d’altres ocasions en la seua obra— amb la fonètica que proclama el gavell d’intencions —«crepuscle / primavere»— a què s’enfronta, i com la vida consisteix a vendre’s —«jo som una puta»— per sobreviure sense haver de penedir-se’n —«no vull redimir-me»— per escriure o inventar la realitat amb les paraules: «t’escric l’escena». A més, convoca el lector a compartir la percepció sobre allò que li ocorre, i el crida: «I és com tu, lector; / un temps d’espera, un crit i sempre / sempre una absència i, figuradament, / un silenci que calla. / I mata». Però Porcar no defuig d’autobiografiar-se —amb la falsedat que comporta el gènere—, a «Salm d’una mort renunciada», com eixe «que feia “versos-sepultures- / amors-cadàvers-celatges- / paratges-dones-quimeres- / muntanyes-cràters-cireres”, / i era un tant tràgic o sensible, / desmotivat i llosc, que això / li facilitava la publicació / de l’ànima que ara, per sempre, / ha perdut, no en un periòdic, / sinó en un poema tan fals / com la fel». Porcar també s’amaga rere el plural de tant en tant («Ara que ja tots som») però torna aviat al singular en assumir que «tinc la vida i l’amor / en números rojos».
En «Les sàtires de David» els poemes són més breus, menys reflexius, com pessics de realitat que demanen un apunt per escrit per ser desenvolupat més endavant. Ací es permet jocs de paraules (en «Profeta inútil»), peatges d’autoritats («la teua pobra, bruta, trista, dissortada carn»), joguets lingüístics (en «Mantis religiosa»), concordances ad sensum («la solitud són»).
I, en «De impura expiratione», tanca amb dos poemes que fan recompte d’allò que ha bastit la seua poètica, «les escriptures», que hom pot reunir, com la resta de la seua producció lírica, com una espera instal·lada en el dubte.
Els estius (DosPuntZero, Castelló, 2008) —primer poemari en català publicat per ser llegit a Internet que permet ser escoltat acompanyat d’imatges—  rau estructurat en quatre parts i suposa un punt de vista diferent dels anteriors, ja que ací es respira un cert optimisme —almenys un aire més fresc— a partir de l’observació de la bellesa humana; això sí, enfrontada a l’altra cara, diguem-ne, dramàtica del viure, amb què ha de batre’s el coure. En cap moment Porcar vol enganyar-nos; la seua sinceritat lírica ens mostra l’aparador de les delícies, però mai no ens oculta la tràgica convivència amb la destrucció i el mal.
En paraules de Vicent Usó (Mediterráneo, març de 2008), Els estius son «Versos que miren endins (“Podries deixar que el vent torne / a endur-se la veu de les paraules”) i versos que ho fan enfora (“Aquesta turista àuria, jacent / crucificada com si fos divendres sant”) i versos que fan explícita la ràbia pels bombardejos israelians a Palestina (“Els assassins han après a matar millor”) o per l’estultícia dels polítics valencians arran l’accident al metro de la capital del país (“De vegades, per accident, / l’escorxador s’esguita de sang”), versos també de dolor per la mort del poeta Manel Garcia Grau (“Amic, la vesprada / tova ens convida al res”)».
En «Històries verticals» no para esment a declarar-se turista accidental de la platja, temps en què, enlloc d’inflar-se la panxa de cerveses, aprofita per observar la fauna que omple el passeig marítim que gaudeix d’un parèntesi temporal que els aïlla de les notícies del món. Poema rere poema, aquesta part posa emparella dos mons —l’oci i els conflictes socials— entre els quals encara resta temps per la contemplació: «un desig cada badall». Ací trobem, també, «Postals de platja», format per XIX pomes breus amb sengles punts de vista sobre diverses activitats al voltant de platja i del dolce far niente (arena, sesta i visites).
En la segona part, «Illa d’aigua», se situa en primera persona davant de l’escenari de la vida —«tot panorama»— amidant el temps de l’estiu propici per l’escriptura, ja que aviat, proclama, «acabarà l’estiu, desapareixerà / el poema».
«Castells d’arena» mira cap enrere, cap a la necessitat de cercar eines en un mateix per tal d’entendre i traduir el món; d’ací tanta pregunta retòrica al principi i, malgrat això, la necessitat de fer camí sense girar la mirada d’allò més sinistre (Bush, Camps, Israel, Bagdad...) que administra la por des del poder.
I, en «Setembre» l’estiueig toca a la seua fi i el regrés imposa les rutines: retrobar-se amb la casa buida mentre s’escampa la tardor.
El seu darrer llibre, Llambreig (Tria, Barcelona,2013) rau dividit en tres parts. Es tracta d’un text molt narratiu, amb protagonisme de les metàfores i amb una voluntat manifesta d’ancorar les paraules a la geografia quotidiana de l’autor, ja dins del poema («pont de la via», «camí de la Donació»...), ja al final del poema per datar-lo i ubicar-lo («Platja de la Renegà», «Taxida», «Fredes»...)
En «Longitud d’ona» obre el poemari tot declarant  el motiu de l’escriptura del llibre, un trasbals als «trenta-nou» anys que l’ha deixat «despullat de tot» i l’ha enfonsat mentre cau ferit davant d’una realitat que, encara que de vegades filtrada per la televisió i pels periòdics (Haití), és un mur que s’aixeca i del qual, per no naufragar-hi, cal agafar-se a les arrels familiars («avis arrossers»), en sentit més aviat antropològic: les tradicions respectuoses amb la terra i el temps, i amb l’ésser humà.
En «Ranera», frement i actualitzada —«tardor de dos mil onze»— lectura de l’Apocalipsi en què surten a plaça els provocadors de la desfeta, s’assumeix la davallada sobre la qual caldrà transitar per fer-li forat des del nucli mateix. És també una invitació a fer pinya davant dels falsos predicadors —posem-hi «de l’austeritat»— que ens degollen els drets i ens encaixonen la raó: «a la llamborda ens ancoren»; almenys ho pretenen. La desolació en què s’ofega l’existència haurà de generar el seu renaixement com ho fa el tòpic fènix. Sobre els cadàvers, sobre les escombraries cal progressar: «mai no és tard» per agafar alè i empènyer la ranera, i «El darrer apocalipsi, en brèvola alenada, / finirà per imminència, avar de si mateix, / i florirà una primavera, i les gàbies s’obriran, / però el rossinyol, la cadernera, el llueret i l’oroneta / no seran deslliurats de la seua gran responsabilitat / de cantar —quina pena— per a fer-nos més feliços.»
I en «Empelts de llamp» l’heroi cau abatut, tatxada la llum, i li cal aprendre a veure’s com allò en què l’ha convertit la vida per tal de redimir-se amb les paraules. Conscient del perill, ha d’assumir el risc i la pèrdua. En tocar fons, el poeta encoratja i encamina l’heroi —«esmola la sageta, tiba l’arc, apunta / a l’adversari»—, ni que siga per un intent que potser acabe en fals, il·luminat per la lluna: un espill la llum del qual sempre trastoca amb ombres dures, caricaturitzadores. Davant de tota aquesta embranzida negra i estrangulant, aquest aixecar el cap amb la paraula a la mà serà la poètica de Josep Porcar: «dir el que vols dir sense haver de dir-ho tot».
La poètica de Josep Porcar se sustenta sobre poetes de tradició alemanya —Hölderlin, Rilke—, anglesa —Blake, Byron, —francesa —Baudelaire, Rimbaud—, italiana —Montale, Pasolini, Pavese, Quasimodo—, portuguesa —Pessoa, Saramago, a qui parafraseja en Llambreig: «de quina manera les paraules són / roses al roser»— i contemporània catalana —Manel Garcia Grau. Tanmateix, lluny de caure en una intel·lectualització buida de la realitat a partir dels sabers dels autors esmentats, gràcies a l’ús de mots planers («granota», «sèquia», «lluaret»...) que l’aproximen al seu entorn aconsegueix aplegar fàcilment al lector per transmetre-li el seu singular llenguatge poètic madur —ja des de Vint-i-dues mans de pintura—, clar i emocionant.
Arrossegat per la sonoritat del vers, de vegades juga amb recursos anafòrics i paral·lelístics als qual afegeix el recurs de la rima (de síl·laba i de paraula) inventant figures noves com en  «per esmolar-se les cames de pedra / per esmussar-se les dents de pedra / per agranar-se les ungles de pedra» de La culpa, i que també trobem en Els estius: «dels gats en contra / de la nit en contra». Així mateix el gust per la contradicció (de vegades gairebé gongorina: «No el llamp, / ni el tro que l’assevera, / sinó qui el sent / i l’empelta.»), l’oxímoron («la dura i dolça profunditat»), els diversos leitmotivs de les «libèl·lules», «l’espera», «la lluna»;  el simbolisme dels colors, sobretot el juanramonià «groc» —suïcidi, dolor— davant el «verd» o «blau» —vida—; i el predomini, front a la comparació, de la metàfora —accentuat en Llambreig—: «vidre d’alcohol» (Vint-i-dues...), «memòries de sal» (Crònica), «plor de pedra» (La culpa), «la nit són ovelles negres» (Llambreig).
Amb la lectura del cinc poemaris de Josep Porcar hem vist créixer un poeta que amplia el focus sentimental i experimental centrat en un principi en l’amor i obre la mirada cap al que l’envolta. No es tracta, però, de dues visions divergents; ans al contrari, tan davant l’amor com davant la societat es mostra encisat per tot allò que podria ser aprofitat, però rep respostes que el trasbalsen, que el fan caure i només en la paraula hi troba l’alè, el llambreig que extrau d’una mirada tramesa pels avantpassats que han construït la realitat amenaçada que l’envolta i per la qual haurà de lluitar per salvar-la i salvar-se.

PASQUAL MAS