
¡SORPRESA..!
Para cada componente de mi familia que me preguntaba, yo tenía la misma respuesta. Un desfile continuo de familiares escuchaba mi petición. Siempre se recibía como un aguijonazo en el bolsillo, que debía tener una conexión directa con la expresión facial. Esto hacía que yo notara que no iba a colar...Así que tendría que repetir la misma palabra para conseguir mis fines cuantas veces fuese necesario. Exactamente fueron trece.
Desde el día 6 de Enero de 2001, ya no confío en mis dotes de perspicacia, ni en mi visión de futuro, tampoco en mis aptitudes de cálculo, ni en mi supuesto talento para el teatro, ni siquiera en mi astucia para detectar posibles proveedores de mis sueños. Todo ese ego, se perdió aquella noche mientras abría una a una, las trece cajas con papel dorado y lazo rojo y comprobar que del interior tenía que ir sacando abochornada, uno a uno, los trece pares de botas de piel de cocodrilo, ante la mirada inquisitiva y atónita de todos los presentes. Me fundí con el bermellón de las bolas y el espumillón del abeto bajo el que intentaba cobijarme.
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