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Curso 2016/17

lunes, 3 de diciembre de 2007

Funny Games (la película)

El problema que veo entre mis compañeros y compañeras de taller a la hora de escribir es que son, simplemente, pretenciosos. Van a hacer un poema y lo cargan de poesía. Van a hacer un relato y lo cargan de afectación, de aire de relato.

Es como si fueran a hacer una casa, y lo cargaran de... casa. Luego irían a cagar y se darían cuenta que se han olvidado el cuarto de baño. Eso nos da a sospechar que en la arquitectura, realmente, los del gremio sufrieron a muchos que estaban afectados por lo mismo. En aquellos tiempos el problema lo solventaban los rincones, y el asunto de los rincones lo solventaban las alfombras, y la irregularidad en la geología de las alfombras se solucionaba pisando fuerte... hasta que a alguien se le ocurrió hacer un agujero en el suelo. Posiblemente una persona estreñida, o poco escrúpulosa, si le dio tiempo a hacer el agujero.

Un agujero en el lugar indicado, puede hacer de tu casa el mejor sitio del mundo. A la poesía, a la literatura en general, y seguramente a cualquier arte, le pasa lo mismo. Hacen falta agujeros por los que escaparse. Por los que echar la mierda que no queremos en la nevera o en la despensa.

Si hay algún escarabajo pelotero leyendo, que disculpe mis prejuicios, no van con ánimo racial. Aunque sigo pensando de ellos que son los animales más estúpidos del planeta. ¿Cómo es eso de que sobrevivirían a una hecatombe nuclear? Joder, ¡si luego los pones panza arriba y se pueden morir de hambre! Eso es como si a Superman le tiras una bomba nuclear encima, y ni arrugado, pero le quitas los calcetines y se vuelve loco.

A lo que iba, los agujeros... uno de ellos, el más olvidado, es la diversión. Y es que la diversión es el género de terror para el escritor. Le da pánico escribir cosas divertidas. Usar el humor. Le da miedo divertirse, incluso. Cometer deslices. Ser un gamberro, vaya. Aunque luego borre las maldades y se quede algo elegante. O algo insulso. ¿Qué más da?

Por ejemplo, es divertido que asocie diversión a agujeros. Sólo si no se piensa dos veces. Si le dedicamos tres o cuatro segundos seguro que nos parece lo más normal del mundo. A mí me lo parece.

También suena extraño que aquí, que todos hemos leído Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio... o Víbora (jejeje) seamos tan puritanos con el humor. Y están también Ambroise Bierce, por ejemplo, o Terry Pratchett, para que no me tachen de cañí convencido.

O Nietzsche. Nietzsche y Schopenhauer (Sopinstant para los amigos) eran unos cachondos. Lo que pasó es que alguien no cogió el chiste y decidió tomárselo demasiado en serio. Pero ostias, ¿qué se podía esperar de un esquizofrénico que se pasaba media vida en el manicomio y hablara de superhombres? Pues los hay que como si le estuviera hablando de la leche de soja. Que mira que está mala e igual se bebe. Algo así debió pasar entonces. Un chiste mal entendido.

Lo cierto es que parece reinar el complejo del grandilocuente. Personalmente, y sin querer universalizar nada, escribo por hambre. Me como las historias. Y hay algunas que se retuercen, que gimen, que se resisten y salen por otros recovecos. Albergo pocas esperanzas sobre quien escribe algo y no siente que está vivo, que es algo aparte a él, que ni siquiera depende de lo que haga, y que no es él el autor, sino que es un mero altavoz, un cuello de embudo entre lo que le rodea y el papel.

Y no hablo de un sentido metafórico. Pero hay que divertirse. Yo una vez probé las setas para escribir. Espero que no haya ningún pitufo en la sala, si ya es duro que te quemen la casa, debe ser obsceno que te la coman. La casa, digo. Lo otro ya sabemos que sí. Pero igual mola.

Dejó de ser divertido cuando la araña gigante de diez metros sobre mí me dijo que no podía dormir.

El caso es que me aburría del pasillo de siempre y decidí saltar al paralelo. Ya sabemos que existe. En fin. Tampoco quiero hacer apología de eso. Pero creo que sería peor hacer apología de vivir de verdad. Me pregunto qué sería de nosotros si decidiéramos ponernos a vivir y a tocarlo todo, a cambiarlo todo, a empezar cada dos por tres desde cero y como si no hubiera pasado nada... como Windows. No sé quién lo soportaría.

Pero lo que está claro, hablando de lo contrario, de quien se queda encerrado en su propia vida cotidiana, es que la cárcel y los conventos no suelen dar escritores. De hecho la Iglesia creó los segundos cuando se sintió satisfecha con los Testamentos que ya tenía (testamentos, coño, qué fúnebres los cabrones... yo les habría puesto Pisapapeles, que es más divertido y hacen honor a la verdad). Por contra, las cárceles se empezaron a construir cuando empezaron a surgir demasiados escritores malos. La verdad que la idea no era mala.

Lo que trato de decir es que si quieres escribir, o vives, o vampirizas. Vamos, o chupas el néctar de la vida, o le chupas el néctar a los demás, pero uno se tiene que empapar de perspectivas, al menos, porque sin ellas es imposible poder escribir ni siquiera de lo cotidiano. Creo que soy el más joven del taller con 24 años, pero he llegado a tirarme 25 noches seguidas de fiesta y eso me capacita para hablar de cualquier cosa, sobretodo a partir del segundo cubata... y lo que pienso es que esos escritores realistas, hiperrealistas, neorrealistas, y sobretodo los que hablan tan bien de lo cotidiano... no sé cómo decirlo sin que la Asociación de Pitufos Sintecho se me ponga a llorar...

La otra opción es que leyeron a gente tan diversa como para formarse una perspectiva, muchos ángulos. Luego cada uno atacó el que le dió la real gana.

Lo fácil es hablar de vaguedades. De poner la lista de la compra sin concretar, o de enumerar las emociones que sentía el narrador, el protagonista, el perro. Lo jodido es que sientas pena por un jarrón chino, sobretodo si no se rompe. Microrrelatos... parece fácil escribirlos, pero uno bueno, puf. No hagas algo excesivo concreto, no caigas en la moraleja fácil, ni en el chiste de recurso, olvídate de los clichés, o perviértelos, o crea otro, no seas demasiado abstracto, o sé tan abstracto que llegues al extremo contrario, o fija las coordenadas en cualquier punto medio. Fórmulas mágicas no hay. Si te da por sí hacer todo eso, igual sacas petróleo. Es olfato. El que tuvo, retuvo. Y el que es malo con quince años lo va a ser con cincuenta. La literatura, o a escribir, no es algo que se pueda enseñar, ni aprender. Los recursos, sí, las técnicas, también. Pero si no tienes madera, olvídate de escribir nada decente. Si no lo has hecho ya, no lo harás en tu vida.

Así que olvídate de la calidad y diviértete. Es lo que yo he hecho desde el principio, y he aguantado otra noche hasta las 5 de la mañana. Creo que me merezco dormir. Y un petit suisse.

Un saludo, compañeros y compañeras.

Fdo: Pablo Reguera

También podréis encontrarme en:
http://lasondadelalien.spaces.live.com/
http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/autor.aspx?cod=64968

6 comentarios:

Nosotros dijo...

"influenciado por William Blake"
"poemas densos, y dificiles de leer"
"con ese sabor que cuesta hincarle el diente"

(descripcion de Pablo sobre la poesia de Pablo)

Pues si que sabes de pretenciosidad.

Pablo, para estar de vuelta, hay que haber ido a algún sitio antes.

Un beso,

Oscar

Nosotros dijo...

te has drogado, hombre malote?

Igual eres el único en el mundo que hace cosas malas, eh, bribón?


Un mojigato

Nosotros dijo...

y donde digo geología, debería decir geografía!

te mola algo del poemario ése?

Pablo sobre Pablo

:-)

Nosotros dijo...

No, no estoy registrado ahí.

Si quieres, me pasas algo.

Oscar about Oscar

Nosotros dijo...

¡ Bienvenido Pablo!

Tras la carambola entre ”simplemente”, “presuntuosos “ y “grandilocuente”...= touché, nos buscaste y te encontramos.
Bravo por la disertación siguiente .!Por fin alas en Pliegos Volantes!
Cuidado con las setas , creo que Icaro ceno unas cuantas una sola vez.
Espero que sigas divirtiéndonos con tu agujero, aunque no coincidamos “en el paralelo”. Vas a ser un buen publicista.

Desde mi fácil escritura... ¡Bienvenido!

Nosotros dijo...

Perdón.Olvidé el santo y seña del comentario anterior:
Mª Ángeles Novales