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Curso 2016/17

sábado, 4 de febrero de 2017

La escalera del gallinero de Juan Carlos Núñez Mateo. La pajarita roja Editores.



“Cuando era más joven podía recordar todo, 
hubiera sucedido o no”.
                           (Mark Twain)

No hallaréis Frémola en los mapas, pero descubriréis su esencia en el corazón de la Sierra de Espadán. Un lugar mágico que acoge esta historia de historias.
(El autor)

La vida es como una escalera de gallinero,
corta y llena de mierda.
 (Dicho popular)

Valerio vivió a salto de mata, o de peldaño desde el principio. El primer resbalón al intentar hacer pie sobre la escalera de la vida lo tuvo siendo muy pequeño. Fue en una de esas noches sin luna que intimidan, el viento escarchado estremecía las persianas arrancándole lamentos con cada crujido.
Desde la cama oyó como giraba el picaporte. Un sonido único para Valerio, que no se confundía con los chasquidos del vendaval. Al abrirse la puerta, brotó la luz del pasillo que descubrió la silueta de su madre que entraba de puntillas. Se hizo el dormido, siempre lo hacía cuando le daba el beso de buenas noches, era un recurso que utilizaba para compensar la carencia de afectividad de ella. No es que no quisiera a su hijo, sino que su carácter acerbo, le impedía mostrarse cariñosa a menudo.
En aquella ocasión no se acercó a su cama sino que fue hacia el armario y sacó una maleta. Cuando cerró la puerta a sus espaldas, se abrió paso la oscuridad y el desconsuelo en el corazón de Valerio. Nunca más la volvió a ver. Porque esa misma noche, se fugó con un vendedor de seguros que la haría feliz. Al menos, eso decía la escueta nota que dejó sobre la mesa. Como pisapapeles utilizó una figura de porcelana, una gallina. Otra ironía o casualidad, eligió el ave y no el cerdo, la oveja, la vaca, o cualquiera de los otros animales que componían la colección que rellenaba la rinconera de madera de la cocina.

õõõõõ