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Curso 2016/17

miércoles, 9 de noviembre de 2016

ETERNOS. Petra Dindinger. ACEN Editorial (2016).



Donde habita el amor

Petra Dindinger es autora de la novela La barrera, con la que fue galardonada con el XII Premio Ciudad de Irún. También ha publicado numerosos relatos en antologías y selecciones de textos premiados. Con los relatos de Eternos (Acen, Castellón, 2016) se acerca a un buen número de enredos amorosos que gobernaron los destinos de diversos personajes históricos y legendarios.

Enmarcados por un prólogo de Rosario Raro y por un epílogo de Verónica Segoviano, heraldos de la palabra, los relatos de Petra Dindinger, todos con subtítulo aclaratorio del tipo de relación que se “ejemplifica” en las sugerentes historias que los nutren, penetran en diferentes caras de las vinculaciones amorosas. Así pues, se asiste al desarrollo de amores admirados, exiliados, condenados, incondicionales, traicioneros, palaciegos, eternos, enclaustrados, irrenunciables, belicosos, acorazados, ausentes, anhelantes, indiferentes, suaves, lascivos, atortolados, filiales, predestinados, maduros y hasta porque sí.

                Petra Dindinger se centra en el enamoramiento y en la cadena de acontecimientos que este genera. Del mismo modo que escribiera en toscano el barroco Giovanni Francesco Loredano sus Ragguagli di Parnaso, en cuya traducción al castellano resumió en sonetos cada uno de los pasajes el almazorense Miguel Egual en el siglo XVIII, ahora Dindinger evoca en este racimo de relatos con voluntad de pieza única —por lo de constituir un libro y por lo adecuado del punto de vista de la autora—, amores que remiten a leyendas, a hechos históricos y a invenciones literarias que sirven como referente del caudal narrativo de la autora alemana afincada en Nules. Dindinger regresa a las fuentes que generaron tantas pasiones para renovarles la piel, para volverlas a contar con rigor y naturalidad, para actualizarlas con una voz próxima y clara, aderezada de imágenes frescas, delicadas y potentes a la vez.

Desde el primer momento, como para advertirnos de que todo los que vamos a digerir es pura literatura, se fija en los desencuentros con el amor y con la vida de Virginia Woolf;  y también para hacernos ver que el amor es juego se centra en Chao Ming-Chang y su esposa Li; e incluso pasaremos por cuentos dentro de cuentos, como en “Unión”. Y será en esta sucesión de vivencias donde encontraremos a personajes cuyo eco nos va a resultar familiar: la hija de Tintoretto, Anayansi y Vasco Núñez de Balboa, Abelardo y Eloísa, el rey Juan II y su amigo Álvaro de Luna, Safo y Eranna, Hanisa y Haika, Lanzarote y Ginebra, y hasta la hetaira Friné “lasciva” que tanto ha dado que hablar desde que incendiara con su fuego el mármol de Praxíteles.

El título del libro, que apela a lo sobreentendido, se justifica en la medida en que somos conocedores de la existencia de estos amores “eternos”; pero es en situar al narrador a pie de obra unas veces, y en la voz de los protagonistas en otras, donde reside la novedad y el acierto de Petra Dindinger. Nadie como el enamorado para saber lo que cuesta tragar un nudo de desencuentro, un desprecio o una mirada que avanza el fruto de unos labios. Nadie como el criado, el consejero o el amigo para comprender y contar lo que contempla de cerca y casi toca. Sobre todo porque estos narradores son cautivos de lo que ven y no caen en un lenguaje alambicado. La palabra como arma de seducción y de entendimiento entre personas —como ya hizo ver en su novela epistolar La barrera— es también en Eternos un elemento determinante que ofrece sin ambages la posibilidad de tejer relaciones tan poliédricas como sugerentes, y este es un terreno en el que Petra Dindinger se desenvuelve con soltura y nos gana como incondicionales lectores.
PASQUAL MAS


Petra Dindinger

PALABRAS ANTIGUAS

Y ahora que este vate te puede profetizar una canción,
recuerda cuando llegaste, con la mirada plena de sueños
que en tu intimidad guardabas tal senos curiosos y
deseosos de esperar allá en la estación del Norte, día
a día, noche a noche, a tu amada hija que nunca llegaba,
y tú la esperabas cada día de cada noche, hasta la alborada...
Y todos decían: ay, ahí está la loca de la alemana que
espera a una hija que nunca viene porque es una fábula.
Y, como Cervantes y Cela, como Goethe y Hölderlin,
empuñabas tu sueño enhiesto al que jamás renunciabas.
Y jamás lo hiciste porque, mientras los trenes pasaban
con sus destinos a cuestas de una muy lejana lejanía,
tu fe era tan vasta, tan enorme, que al final, camino hacia
el Sur, como una epifanía, llegó ella. Y todos dicen, ¡ay,
la loca de la alemana al final estaba cuerda, la alemana! Y
un mercancías paró en tu estación, no importa qué
estación, si la del Norte o si la del Sur, bajando en el
andén de la Facultad del Saber aula 1109 contemplando
absorta y emocionada, como todos los que te amamos
también lo estamos, la promesa que tanto anhelaras:
en un estuche de papel tu hermosa nieta te regala
su presencia que ahora es el momento de abrazarla;
una novela vascongada, veinte poemas desde tus
entrañas, y mil y un cuentos de amores que son los
que a ti te aman. Felicidades te deseamos los que
amigos tuyos fuimos y seremos, y desde este día inmortal,
saber que no estamos solos porque entonamos juntos
tu canción rielar. Qué más da si nos tachan de lunáticos,
que aquí, un vate con una canción escrita hoy día de Júpiter y diez
de noviembre, te reclama y recita desde esta tarde memorial.

Recuerdo cuando llegaste, con la mirada franca y llena de
pétalos de lirios, nardos, días de lluvia, de rosas y primaveras.
Y para ti, para ti este poema, para ti, solo para ti. Gracias, Petra.

ENRIC SERRA PRADES




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