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Curso 2016/17

lunes, 19 de octubre de 2009

PINCELADAS DE FANTASIA


ISABEL UBÉ

Me precio de ser amigo de Cayetana, actual duquesa de Alba, desde hace ya muchos años. Soy andaluz y la duquesa profesa mucho cariño a esta región, sobre todo a Sevilla, donde viene con frecuencia.

En estos días, que La Casa de Alba es noticia porque se exponen sus cuadros en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, me viene a la memoria una conversación anecdótica que mantuve con Cayetana hace ya muchos años. Nos encontrábamos los dos en su casa, mirando el cuadro "Retrato ecuestre de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva", pintado por Zuloaga en el año 1930. El cuadro retrata a Cayetana con cinco añitos montada en su poni Tommi, al que tenía gran afecto. La niña ya "apuntaba maneras" según ha comentado algún periodista y el cuadro podría ser la primera pintura pop española por su colorido chillón. Yo me fijé en el ratón Mickey, que aparece con otros animalitos en la parte inferior izquierda del cuadro.

Observé que Cayetana miraba ensimismada la pintura y cuando comenzó a hablar sus palabras venían de muy lejos, en un tono nostálgico, confidencial.

En un tono bajito aunque estábamos solos me dijo:

- Zuloaga pintó a Mickey Mouse en el cuadro pensando que era fruto de su imaginación. Que quedaría bien añadir otro toque infantil más al entorno. Jamás hubiese aceptado que pintó a Mickey porque estaba allí, ante sus ojos, posando. Por eso yo estaba tan inquieta. No dejaba de vigilar a Mickey, que entraba y salía de la escena sin parar. Jugaba a esconderse tras mi perro y mi gato y le hacía cosquillas a Tommi en las patas. Zuloaga se enfadaba conmigo porque me movía muchísimo y no podía captar cierto rasgo, cierta expresión o la luz que, a veces, no me reflejaba de la misma forma porque yo ya no estaba colocada como él me había ubicado en un principio. Por eso dijo que nunca más volvería a retratar a una niña.

Recuerdo que lo pasé muy mal pero fue muy divertido al mismo tiempo. Las sesiones de posado se me hacían eternas. Mickey se burlaba de mí y se reía porque él podía moverse y yo no. Mickey estaba muy contento porque era la primera vez que posaba para un retrato, ya que siempre su padre lo había dibujado de memoria. Cuando nos quedábamos solos jugábamos mucho y yo le dejaba ropitas de mis muñecos. Así fue cambiando un poco el look tan austero que lucía al principio.

Fui muy feliz aquellos días, pero lloré mucho cuando Mickey se marchó porque dijo que añoraba a su papá...

- ¡ Ozú Cayetana, mi Arma ! ¿ Te estás quedando conmigo...?

- Tú qué crees Antonio, ¿Tú qué crees?




LA REUNIÓN


Diego Navarro UBÉ

-Fue increíble chicos. Ahí estaba yo, con un gato naranja, dos perros y Cayetana, que montaba en poni -dijo Mickey con su voz aflautada.

-¿Un gato naranja? Que ridiculez- respondió Silvestre.

-¡Mira quién fue a hablar! –gritó Garfield, que en ese momento volvía de comprar pizzas-. Tú sí que eres ridículo, llevas toda la vida detrás de un raquítico canario cabezón…

-Me parece que el lindo gatito naranja debería mirar el tamaño de su barriga, antes de meterse con el de mi cabeza –le interrumpió Piolín con cara de pocos amigos.

-¿Qué pasa contigo pajarraco? ¡Mi colega y yo somos de constitución fuerte! –dijo Obélix mientras partía la mesa al dejar sobre ella bruscamente su jarra de leche de cabra.

-Me parece que aquí se va a liar gorda –intervino Bugs Bunny.

-¿Tú también me llamas gordo? –gritó Obélix, mientras se levantaba y tumbaba la mesa con su corpachón.

Aquella reunión de cartoons se convirtió en una batalla campal. Todo objeto que no estuviera firmemente anclado al suelo, pasó a ser susceptible de ser usado como arma contundente, como de hecho ocurrió. No había bandos definidos, contendientes que un momento antes luchaban codo con codo, al siguiente estaban enzarzados entre sí. La lucha, y por lo tanto la destrucción, llegó a cada rincón de la sala. Dumbo sobrevolaba la habitación acribillando a cacahuetes a todo el que se ponía a tiro de su trompa, el Coyote echó mano de su arsenal ACME, creando estragos entre todos (él mismo incluido), el que atacaba a Tío Gilito pronto aprendía a mantenerse a buena distancia de su bastón… Los únicos que permanecían al margen eran Garfield, que inexplicablemente había conseguido subirse a la lámpara y miraba encantado el combate, mientras se atiborraba de pizza y Mickey, que milagrosamente seguía sentado en su silla, con los codos sobre las rodillas y las manos sujetando su mentón, sin que nadie osara acercarse a él.

-¡Ya basta! –gritó de pronto Mickey, puesto en pie sobre su silla y con la cara roja de ira.- ¿Queréis comportaros como si fuerais seres civilizados?

Y aunque parezca mentira, la pelea acabó tan repentinamente como había comenzado. Hubo cabezas gachas, miradas avergonzadas y alguna que otra petición de disculpas mascullada. Y es que Mickey Mouse siempre había sido un líder natural y todos le respetaban, o al menos reconocían su sensatez. Sus detractores argumentaban que era un pedante sabelotodo y algo de razón no les faltaba, además de que alguien que siempre va con guantes posiblemente tenga algo que ocultar, pero incluso ellos reconocían que tenía estilo el muy cabroncete…

La joven Cayetana despertó de golpe con el cuerpo empapado en sudor. Todo había sido un extraño sueño. Ya hacía ocho años desde que Zuloaga le hiciera elegir qué peluche era el que más le gustaba para incluirlo en su retrato ecuestre. Miró a su derecha y allí vio a Mickey, tal y como estaba cuando se acostó.

-No debería haber comido tantas golosinas justo antes de acostarme –murmuró entre bostezos. Y se volvió a dormir.

EL PINTOR Y LA DUQUESA



José Carlos Grajeda Pérez

—Pasea despacito al compás de sus zapatos, andando como quien no oculta nada en sus bolsillos, silbando contento y sonriendo por nada, niño por dentro, ladrón secreto…

Mirando a izquierda y derecha con desconfianza, dando un paso hacia delante y hablando bajito. —Pues cada día entra por lo menos en una casa ajena, utilizando siempre el mismo sistema: se quita los zapatos y se cuela en silencio en la oreja de cualquier pequeño que pase por allí. Una vez adentro, actúa como un trabajador incansable, pues su objetivo es salir en el interior de la casa. Así que de tanto en tanto saca su pluma gigante del bolsillo, y saltando sobre la lengua del chico, acaricia el paladar con energía hasta provocarle la risa. Luego corre deprisa hasta el tímpano y repite su nombre en voz baja una y otra vez. Al principio, todo hay que decirlo, esto no sirve de nada, pues las defensas del peque son altas, y el trance que provoca su voz parece no afectarle en absoluto. Sin embargo, con el paso del tiempo comienza a decir su nombre despacito. Llegados a este punto no se puede hacer nada, pues en un descuido, en una de esas veces en que el crío abre su boca diciendo…perdón que no lo diga… el ladrón sale por fin de su guarida y se apodera de toda la casa, y aún tiene el descaro de dejar alguna imagen suya en forma de peluche o pegatina, riéndose tanto del nene como de sus padres.

Paso hacia atrás y mirada altiva. —Y es por eso, señora duquesa, por lo que ve usted a ese ratón junto a la imagen de su hija. Ya lo ve, parece que por fin he conseguido atraparlo, y estando como está, dentro de un lienzo, creo, señora, que ya no se me va a escapar.

Hablando cada vez con más vehemencia. —Por eso nunca pronunciaré su nombre, pues en el fondo me aterra que ése del cuadro sea un impostor, que aún esté dentro y que al abrir la boca se me escape. Y lo último que yo querría es meter a un ratero en su casa, señora. Pues usted me lo ha dado todo, y yo no puedo pagar más que con mi lealtad y mi fidelidad. Por eso le pido un único favor, señora duquesa. Para estar seguros de que no se escape…para estar seguros…córteme la lengua… Pues si se escapa podría robaros algo más que una sonrisa. ¿Qué pasaría si os robara una carcajada entera?

Y dando un portazo, se marchó. Esa fue la última vez que el pintor trabajó para la casa de Alba.




Mar Olmedo

Cuando el pintor Zuloaga,le propuso a DºCayetana de Alba,por décima vez pintarla,ella le puso dos condiciones,sin las cuales no accedería al posado.La primera,que no pintaría a otra niña.La segunda,en el cuadro debía aparecer el ratón americano más famoso.

Desde Sevilla, el periodista de guerra contratado por Reuter.



Elina Beltrán Monferrer

Pasto de las llamas, el Palacio de Dueñas ha sufrido pérdidas irreparables. Pero la noticia que este reportero quiere reseñar es el abnegado esfuerzo que realizó el nº 123 del Consorcio de Bomberos de esta capital para recuperar del infierno dantesco uno de los muchos cuadros de Zuloaga y que representa a nuestra muy amada Duquesa cuando era pequeña practicando uno de sus deportes favoritos, propios de su estirpe, por otra parte.

No hay ni que decir que el nº 123, está ingresado en el Hospital de la Salud, con quemaduras de tercer grado, pero, con el tiempo y una caña se recuperará y podrá recibir (no sé donde se la colgarán) la medalla al esfuerzo.

Pero, y a pesar de lo anterior, esta no es la noticia mas sorprendente. Este periodista quiere hacerse eco, de que a partir del trabajo de restauración exhaustivo a que ha sido sometido el cuadro, por fin se ha conseguido desenmascarar la imagen que tan cuidadosamente estaba oculta tras un macizo de frescas flores silvestres, que el padre de D.ª Cayetana hizo pintar encima cuando, estupefacto, vio el cuadro una vez finalizado.

Si, señoras y señores, se trata del muñeco favorito de la “duquesita”, al que ella transfería todo el amor que no podía dar a sus padres, tan ocupados ellos en acudir a cócteles, reuniones y posados para sus propios cuadros.

Y la historia nos ha conmovido tanto cuando la hemos conocido que no podíamos por menos que compartirla con Vds. La “duquesita” quiso, quizás un poco caprichosamente (ya sabemos como son las duquesas) que el insigne retratista incluyera, o si no lloraba desconsoladamente, a este objeto transicional. Luego ya vinieron sus maridos y hasta el funcionario que nos ha presentado este verano.

domingo, 18 de octubre de 2009

Desagravio



Juan Carlos Núñez Mateo.


Se sentó.

-¿Cómo has sido capaz?

-Me da igual lo que pienses.

Se sentó junto a él.

-¿Por qué?

-Te pago con la misma moneda.

-Estás borracho.

-Estoy celebrándolo.

-Pensaba que no hablabas en serio.

-Tú nunca me tomas en serio.

Él no quería moverse, pero ella le rodeó con su brazo.

-¿Qué bebes?

-Whisky – Levantó el vaso y apuró su contenido de un trago.

-¿Puedo beber contigo?

Él se encogió de hombros y sirvió dos vasos.

-¿No te ha visto nadie?

-Espero que no.

-¿Y las cámaras de la sala?

-Me ocupé de eso antes.

-¿Sabes que puedes ir a la cárcel?

-Soy un estúpido.

-Has estropeado la exposición.

-No dramatices. Tan sólo ha sido un cuadro de una niña montada a caballo.

-¡Un cuadro de Zuloaga!

La mujer le miró con cautela, como si temiera haber gritado en exceso y él estuviera reprimiendo sus deseos de arrojarle el contenido del vaso a la cara.

-Me pareció el más apropiado.

-Desde luego. Mickey junto a “La Oterito en su camerino”, resultaría aún más extravagante.

-¿Te refieres al cuadro del desnudo?

-Si.

-Quise pintarle a Bugs Bunny, pero dos conejos en el mismo cuadro…

Entonces ella comenzó a reírse, mientras él llenaba los vasos de whisky.



sábado, 17 de octubre de 2009

FANTASIA



Añadir imagenElena Torrejoncillo
No pude resistir la tentación. Lo confieso. Dormía yo mi sueño intemporal en el reino de la fantasía, cuando la descubrí a ella. Preciosa niña, a lomos de su caballo, rodeada por sus queridas mascotas. Inmediatamente sentí deseos de ser una de ellas. Y...¿por qué no?, Yo sabía que, a veces, la fuerza de los deseos puede convertirlos en realidad.

Anhelaba permanecer para siempre junto a aquella dulce criatura, como una más de sus amadas mascotas, así que no lo dudé más. Aprovechando el ensimismamiento del pintor por dar forma a los dorados rizos del cabello infantil y, en un alarde de valor, inusual en mí, salté al cuadro. Debo decir que conté con la complicidad de un simpático gatito que se brindó a ocultarme hasta que la obra estuvo terminada y pude asomarme - ya sin disimulo- feliz por haber visto cumplido mi sueño.

FIN

EJERCICIO 2



Cuadro de Ignacio Zuloaga
http://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Zuloaga
que representa a la actual Duquesa de Alba a caballo cuando era niña.

El texto del ejercicio 2 consistirá en la respuesta a la siguiente pregunta:
¿Cómo llegó el ratón Mickey -que aparece en la parte inferior izquierda de la escena- a la Casa de Alba?

Alineación al centro

EL MENSAJE DE LA BOTELLA


Maribel Damato La vi un día de Octubre asomada a la pantalla, fue al abrir Pliegos volantes cuando ella se introdujo en mi vida. Un rubio teñido y una forma distinta de vestir. Su tutú y esa cazadora de cuero negro la hacían casi única. Tierna y un poco "locatis", pero me cautivó desde el primer momento.Y, al instante me fijé en que a ambos lados de Olga descansaban una maleta y una botella y ahí fue cuando me lancé a descubrir que ocultaba en ellas. Quise investigar cual era el mensaje que ocultaba en la botella y porqué quería meterlo en la maleta.Encendí y apagué varias veces el ordenador y no obtenía respuesta. La miraba profundamente como queriendo que saliese de ahí, que escapase por alguna de las ventanas que la circundaban y viniese a contarme que le sucedía y porqué y a quién iba dirigido el mensaje. Estuve así varios meses hasta que desistí.Ya volveré otro día con más calma,me dije. Y quedó olvidada en el blog hasta hoy que he vuelto a abrirlo. Hoy la he mirado bien y ya he descubierto lo que me ocultaba. Hoy la he visto abrir la maleta y sacar un papel de dentro de esa misteriosa botella. Un papel que ha disipado todas mis dudas, un mensaje que, aunque tardío, ha reforzado todas mis teorías. Algo tan sencillo como: MARIBEL,HAS ENTRADO EN EL MUNDO DE LOS VIVOS,DESDE AHORA ESTÁS LIGADA A MÍ Y A LOS PLIEGOS VOLANTES, NUNCA TE OLVIDES DE QUE LOS JUEVES TENEMOS UNA CITA.Tenemos tantas cosas que contarnos...

PAS DE DEUX



Kaye Saunders


Cuanto ha sufrido;
El vaivén del amor
marcó sus mejillas.
Erguida desafiante
sus demonios de frente.
Aún muy cuca ella
dispuesta para
la última pirueta.

EL TÍO ERNESTO



Pura Simón

Al tío Ernesto le gustaba vestirse de mujer. Nadie lo hubiera sospechado al verlo salir todas las mañanas del portal de su casa con su impecable traje gris marengo camino de la oficina. Algún atisbo de su secreta afición ya había dado unas cuantas veces con motivo de diversas fiestas familiares, cuando el grado de alcohol consumido dejaba al descubierto su gracejo y espontaneidad. Pero una cosa era esta inocente concurrencia, aplaudida y reída por todos sin más, y otra dar rienda suelta a sus escandalosas inclinaciones exhibiéndose en un tugurio nocturno. Y es que, según aseguraban todos, eso fue lo que llevó a la tumba a la abuela Rosario.

Ernesto, todos los viernes, desplegaba sus dotes artísticas en un viejo y no muy recomendable cabaret del casco antiguo de la ciudad. Allí era donde verdaderamente se sentía realizado; no había ninguna de "las grandes" del mundo de la canción que se le resistiera, y la respuesta del público, siempre generosa en ovaciones, le producía una felicidad no lograda de ninguna otra manera.

La cita semanal en el casino, el mismo día de la semana y a la misma hora, para la partida de mus, hacía tiempo que había dado paso a las bambalinas, los focos y las plumas, pero seguía siendo una coartada perfecta para poder ausentarse de casa sin la menor sospecha. Por lo que la mañana que apareció en la primera plana del periódico local vestido con su tutú y cardado y peinado como una pepona, tras haber sido arrestado por escándalo en la vía pública, el bochorno familiar fue descomunal.
-¡Dios, qué verguenza! Ernestito expuesto de esa guisa ante todo el mundo. El honor de la familia Gutiérrez Cabedo mancillado de una manera tan soez y barriobajera. ¡Si si santo marido, don Ernesto, coronel de infantería, levantara la cabeza! Clamaba su pobre madre.

Y es que eran tiempos en que palabras como "decencia" y "honra" pesaban como una losa en la sociedad y el desvío de la norma social y el uso de la libertad individual podían ser castigados cruelmente, dejando una marca difícil de borrar.

Carmen Babiloni


El pabellón despierta a su monotonía, las cristaleras cobran vida por los ojos pegados a ellas. La música de fondo crea el ambiente idóneo para que empiece la función.
Amor saluda con la mano y con una sonrisa que le hace espléndida, su atuendo le hace recordar sus años de éxito.
El sonido ahora más fuerte hace que vibre la estancia y el público que está expectante ante la actuación de la artista.
El lago de los cisnes se va desgarrando a la vez que sus pies se deslizan por pavimento, es todo un acontecimiento, la música, el público y el alma de esa mujer que se eleva en su danza, llegando hasta lo más alto, donde por una cristalera llega la luz del exterior.
Los aplausos retumban ante las paredes inmensas, el clamor se hace eco, las lágrimas brotan al unísono.
Vuelve el silencio, las cristaleras pierden sus destellos, todo vuelve a la normalidad, más bien al aburrimiento. Volver a la cuenta atrás hasta la próxima actuación.
Amor hace una genuflexión y da besos al aire mirando con la mirada del alma.
Todo termina hasta la próxima función.

Inmaculada San José

Vemos al fondo dos vidrieras por donde pasa la luz, que no sé a que se corresponde, si a un hospital o a una cárcel.
La señora va vestida con un traje y un pompón y parece que está alegre. Quizá ha pasado por un mal trance en la vida, y ahora se encuentra bien con ella misma, sin problemas, y eso le ayuda para hacer lo que quiera.
Supongamos que es una cárcel y quiere poner un poco de alegría a los presos.

Reencuentro



Verónica Segoviano

Tu fotografía me ha encontrado. ¿Hace tres, cuatro años? Qué lejos estaba yo de imaginar que aquella noche de desfase en el Nou Pernil Dolç, en los recovecos del barrio de El Carmen de Valencia, escondía a la gran Olga Poliakoff, reconocida coreógrafa, bailarina y empresaria, miembro destacado de la cultura underground valenciana. Esa particular velada te caracterizabas de azafata color rojo caperucita, posabas acodada en la barra de tu inigualable y mugriento local, atendido por un brasileño travestido y afectado de unas malas pulgas muy del estilo guardaespaldas. Entonces no descifré la representación a la que nos sometiste para dejarnos entrar, obligando a numerarse, a las cuatro de la madrugada, a un grupo de aprendices de guionista y a su noctámbulo profesor. No indagué en el secreto de tu cara pintada como una puerta, en tus ojos agazapados bajo unos párpados caídos, nublados por los efluvios del alcohol, en la verborrea indescifrable de tu lengua de trapo. Como tampoco entendí el escenario, diminuto, abigarrado de paellas que hacían las veces de mesas, de sillas forradas de chapas y canicas, de fotos de tus éxitos y miserias.
Hoy, en mi vuelta a las aulas reparadoras de bloqueos narrativos a las que recurro una y otra vez, te retomo en tu esplendor que me recuerda que, aunque una parte de mí aprende y la otra ignora lo aprendido, las historias sólo suceden a quienes son capaces de contarlas; igual que las experiencias suceden a quienes se prestan a vivirlas. Has vuelto a mí quizá porque he sido capaz de esperarte, de reconocerte y de buscarte. Así he revisado tu biografía, he visto muchas fotos de tu vida, he leído los panegíricos de quienes te conocieron y te disfrutaron, ahora que has pasado, espero, a mejor vida. Tu rostro, tu pose, tus aderezos de valentía sin complejos para ser diferente y, ante todo, el certero dardo de tu mirada me ha impulsado a descubrir quién eras y qué tenías guardado para mí. Aún no sé qué será, pero siento la ilusión amparada en la esperanza de que todo llega cuando tiene que llegar para quien sabe esperar o tal vez que, de un modo y otro, siempre acabamos llegando a donde nos esperan.

EL ESPECTÁCULO DEBE CONTINUAR


Diego Navarro UBÉ


Clara había trabajado más de cuarenta años en una oficina del centro. Cada día de lunes a viernes, y más de un sábado, había acudido puntualmente a su puesto de trabajo, ahogada entre cuatro paredes, viendo pasar la vida ante sus ojos como si fuera una simple espectadora.

Sus primeros años no fueron así. Vivía para bailar. Se levantaba de la cama de un salto cada día, ponía el almuerzo en una tartera cubierta de recortes de revistas y salía a la calle llena de felicidad solo de pensar que después de las clases llegaría el ensayo. Iba a ser profesional, recorrer el mundo, poner en pie a los principales teatros…

La primera piedra de la celda en que quedaron encerrados para siempre sus sueños, la puso su rodilla izquierda. El dolor que sintió al oír el chasquido de sus ligamentos, no fue nada comparado con el de enterarse de que debía dejar de bailar para siempre. Siguió adelante con los estudios y al terminar el instituto se puso a trabajar, temporalmente, en una oficina.

Años después se casó. “El amor me salvará”, pensaba la pobre Clara. Tres años y dos abortos demostraron que se equivocaba. Un día se levantó y él ya no estaba. Lo único que se dejó fue una botella de vodka en la mesita del salón. Nunca se deshizo de ella.

Y entonces se rindió. De casa a la oficina y de la oficina a casa. Estaba viva, pues tenía pulso, pero dejó de intentar vivir. El día que se jubiló se sentó en el sofá de casa, y allí la encontraron cuatro días después los servicios de emergencias, con la botella en una mano, su tartera en el regazo y síntomas de deshidratación. Decidieron internarla, y en el psiquiátrico, los médicos, los mismos que le dejaron sin su sueño de bailar y el de tener hijos, la indultaron diagnosticándole alzheimer.

Conforme su maltrecho cerebro iba olvidando las penurias, la opresión en su corazón menguaba. Al cabo de una semana preguntó por su traje de bailarina y no paró hasta que le consiguieron uno. Pasado un mes ya daba clases a otros internos con el beneplácito de los doctores. Nunca una enfermedad había hecho tan feliz al enfermo que la padece. Nos dejó dos días después de que le hicieran esta fotografía. Pero no lloréis… El espectáculo debe continuar.



YO SOY


Vicente Joaquín Pérez Calleja

Yo soy la niña de siempre,

la que baila, llora y duerme,

la que se pasa los dias

con problemas que resuelve,

y no va con tonterías.


Yo soy la voz de los años,

y ya me salí del rebaño.

Ahora pienso por mi misma,

mi pelo ya no es castaño,

soy simplemente lindísima.


Yo soy la que siempre he sido,

de lo que había he comido,

ya está vieja mi maleta,

y mi botella he bebido.

Por fin ya llegué a la meta.


Yo soy esa que está loca,

y cuando quiere abre la boca,

y aunque sea muy obediente,

y hasta esclava de las normas...

Yo no sigo la corriente.


Yo soy más que la de al lado,

la foto del dia pasado,

pues mi experiencia me dice

que la vida más me ha dado

y más camino que ella hice.


Soy la mujer del momento,

y soy libre como el viento.

Enamorada del Hoy,

sea en cárcel o en convento...

Sencillamente YO SOY.

Madame Touroute



(IQuer)

Siempre fui un tipo serio, un poco afeminado, pero serio; hasta el día que ingresé en prisión, el mismo día que tomaron esta fotografía.

Me dieron a elegir entre abrir el maletín donde se encontraba una falda de bailarina o sentarme sobre una botella alta, estrecha y puntiaguda que colocaron al otro lado.

Así que opté por lo primero y alegremente bailé todas las canciones que me cantaron al compás de vigorosas palmadas. La verdad es que tengo mucho que agradecerles a aquellos chicos, ya que despertaron la vena artística que siempre albergué dormida.

Ahora, ya en la calle, me dedico al mundo de la farándula. Siempre me acompaño por el maletín de Lady Di y una lacerante botella de vodka; objetos que el público contempla con cierto desconcierto y simpatía, ignorando que son iconos de un pasado por siempre presente.

En el camerino, antes de cada actuación, me gusta contemplar esta foto que tan cortésmente hicieron mis descubridores. A veces me pierdo en sus matices, pues solo yo doy color a esta gris estancia…, demasiado gris...

Quizá esta historia no fue tan bonita como me empeño en recordar, quizá aquellos muchachos se comportaron más bien como animales desalmados utilizándome una y otra vez para el desahogo de sus instintos más primitivos. Quizá fuera así, pero tras diez largos años y algunos intentos de suicidio, logré entender que tenía la obligación de vivir alegremente el resto de mis días.

Ahora no dejo que los recuerdos negativos influyan en mi carrera artística. Solo recuerdo las cosas buenas, así me siento libre y con fuerzas para vivir.

Con todos ustedes... ¡Madame Touroute!... Que disfruten de la función.

Diario personal de Segismunda Umbrales, Sra. de Correa



Rosa García Puchol

Alcalá-Meco, 14 de octubre de 2019.

He decidido comenzar a escribir mi diario. No quiero perder mis recuerdos. Aunque, a veces, se amontonan en un caos, que no se ni por donde desenredar.

Se que siempre fui especial. No se si condicionada por el nombre, o por la conjunción astral de mi nacimiento. Unos me llamaban Segis, otros me llamaban Munda, otros me llamaban “Oye tu….”. No me llamaba Angelina, Elsa, Yennyfer, o Thais. En el pueblo todos me llamaban Segismunda, y creo que fue marcando mi carácter.

Recuerdo aquellas tardes de mi niñez, sin tele, ni ordenador, sin poder jugar a la pelota, “para no parecer un chicote”, oyendo en la radio “los sabios consejos” del Consultorio de la Señorita Francis, mientras intentaba descifrar los cuhicheos de mis vecinas. Siempre conocían a alguien que le pasaba algo parecido a lo que contaban en sus cartas los oyentes de la radio. Escuchaban la respuesta de doña Elena y enseguida pasaban a poner verde a alguien, mientras la radio cantaba la canción del Cola-Cao. Hasta que doña Elena leía la próxima carta y volvía el silencio.

No se si por esta circunstancia, o por herencia de mi tía-abuela, pero siempre tuve una facilidad especial para captar el significado de los acontecimientos que ocurrían a mi alrededor, para aprovechar y “poner la antena”.

Habilidad que se incrementó con el tiempo, y las experiencias de la vida. Mis años de aprendiz de peluquera, mi conocimiento del mundo a través de las revistas del corazón, fueron mi escuela de valores. Mi capacidad de escuchar adquirida en tardes de radio, que ya era la COPE, y la lectura rigurosa del horóscopo me descubrieron mi inteligencia.

En unos años pasé a llamarme Segg´is, y conocí al amor de mi vida: Mi Paco. Nos vimos el día de aquel desfile de Hauté Coiffeur en Marbella, en que yo presentaba mis colecciones de peinados para fiesta, y tintes para rubias, combinados con el color de la decoración de los restaurantes mas “chics” del país.

Otro día me regodearé en anotar nuestros encuentros eróticos, y lo mejor de nuestro romance. Pero no quiero perder el hilo de los acontecimientos.

Esa fue una época intensa, de muchas emociones, y mucho trabajo: inauguraciones, primeras piedras, bautizos de PAIs, recalificaciones a tutti plen, decorar nuestras mansiones… bautizar los yates. Pero todos los esfuerzos valían la pena. Por entonces me operé las tetas, después me hice una liposucción, y me esculpí el cerebro. Los trajes me quedaban de maravilla. ¡¡Y además me los regalaban!!.

También me regalaban coches, Rolex de oro, y bolsos de Loewe. Y es que la gente nos quería. Yo siempre se lo decía a mi Paco: “Querido, qué suerte tenemos de tener tantos amigos”, “Nos invitan a todas las bodas, comuniones y bautizos”. No había fiesta con glamour que no contara con nosotros.

¡¡Como disfrutamos en la boda de la hija de Ana y JoséMa!! Estaban todos. Presidentes de gobierno, de comunidades autónomas, de escalera. Cantantes, banqueros, juristas, y hasta un Cardenal. Éramos unos mil. Y todos amigos nuestros. (Podría exceptuar algún presidente de escalera)

Puede ser que el respeto a la ética y la honradez no fueran los puntos fuertes de nuestros amigos. Pero tampoco hay que ser tiquis miquis. En cambio eran exquisitos. Lucían un bronceado maravilloso todo el año, tenían glamour, y ¡¡ jugaban tan bien al golf!!... Yo les admiraba por el manejo de pelotas (las del golf, y el padel).

Claro que también tenían sus defectillos: demasiada generosidad. Regalito por aquí, ofrenda para una Fundación por allá…, que si te regalo un chalecito de nada, que si unas acciones de Orange Market para la comunión del niño, para que aprenda a gestionar ahorrillos.

El caso es que hacían las cosas para bien, y después no supieron callar. Ya se sabe; a algunas personas les pierde la lengua, hablar con la boca tiesa. Entre Richard Costo, Lubasito, Borde-nas, aquel que trabajaba de tesorero, Campos, Alvarito, y unos cuantos mas empezaron a largar, a destituirse. Que si tu, que si yo…. Y así nos fue.

Desde entonces vivimos aquí, todos juntos. Las habitaciones son pequeñas, la decoración pésima, de muy mal gusto. Sin jacuzzi.

Todos los días nos hacen copiar cien veces: “No robaré”. “No aceptaré regalos ni comisiones”, “Renuncio al pijerío”

Hacemos terapia de grupo, macramé, y jugamos al Monopoly. Aquí se empeñan en que digamos la verdad, que seamos honestos. No quieren comprender que no estaríamos aquí si no hubiera sido por una macro-conspiración.

También hacemos talleres. Yo me apunté al Taller de Ballet, y estamos ensayando “El Charco de los patos”. Antes de actuar siempre me tomo unos chupitos, y después me guardo la botella en mi bolso de Loewe.

Y duermo tranquila porque, por casualidad, abrimos una cuenta para los ahorrillos en Willow Investment, en Isla de las Nieves (El Caribe), porque allí los intereses eran más altos que los de Bancaja. Y además nos regalaron una lima, y un juego de sábanas.

A veces, echo de menos el consultorio de doña Elena Francis. Me gustaría preguntarle ¿Todos estos de los regalos, eran de verdad amigos?

Cualquier parecido con alguna realidad será pura coincidencia.


Lucía Gemma Merino González

Yo soy Dios, soy mujer, y aquí os espero, justo a pobres y pecadores, con mi profeta, Diana, sentada a mi derecha, para daros la bebida de salvación.
Porque como Benedetti dijo: "Si Dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos, sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno, con sus brazos no cerrados"

Hipoteca de la Realidad



Laura Roullier

Ahora me doy cuenta de que siempre lo supe: esa obsesión por la bolsa no podía ser muy buena. Acción por aquí, acción por allá… Quién hubiera dicho que nosotros, titanes económicos, acabaríamos quemando latas de Coca-Cola en una fábrica okupada por la desolación.

Recortada contra el cemento de fondo, como quien no quiere la cosa, llegó ella: la Locura. Al verme, adoptó una posición similar a la del dios Shiva Nataraja, sorprendido en mitad de su danza cósmica eterna, y me extendió una mano para que me uniese. “Sombra de burgués, nuevo rico arruinado, amigo mío, hasta tu muerte no podrás hacer otra cosa más que bailar conmigo”. Supuse que ella no podía estar equivocada –normal, es la Locura-, así que la rodeé por la cintura y bailamos sin parar durante años enteros. Años, que a tanto tiempo suena, me supieron a milésimas de segundo cuando el fatídico día llegó. Y es que sin previo aviso, ella se escurrió de entre mis brazos y me dejó a solas con los restos de su promesa.

Jamás entenderé por qué decidió irse. Todos sabemos que es una mujer muy ocupada, pero yo había encontrado en ella mi crédito compasivo, mi bocanada de aire bancario, mi hada económica. Pero, ¿sabéis una cosa? Creo que ella no es feliz. Allí fuera, en el frío, rastreando sueños americanos rotos… Ni siquiera la Locura puede llevar una vida como esa. Así que la salvaré de ella misma, cuando no quede un resquicio de cordura en mi cabeza. Cuando haya perdido del todo el juicio, cuando ninguno de los dos dé más de sí, cuando no necesite comprar felicidad en tiendas de segunda mano… entonces, conseguiré rescatarla.

LIGERA DE EQUIPAJE



Isabel Ubé
Cada vez que miro y siento que algo me aprieta por dentro disparo. No puedo evitarlo. Después, aunque haya pasado mucho tiempo, si miro la foto noto en las entrañas la misma sensación amarga o dulce que me levantó olas en el torrente sanguíneo.

Mítica Olga: te encontré sin buscarte por calles de sombras chinescas difusas, asfixiadas de vapores alcohólicos y perennes insomnios. Te recuerdo así,viva aún en esta foto, latiendo tu arte inmortal y abrasador. Estabas ya preparada para el viaje, como el poeta "ligera de equipaje" y libre aunque iluminaras el centro de la más sórdida prisión.

Pequeña maleta llena de sueños cumplidos, botella de vodka de diseño que mamaste ya en la cuna, "tutú", chupa de cuero transgresora y zapatillas para bailar en un eterno ballet...

Y en un clic el sonido del flash perpetuó tu Alma. Descansa en Paz.

Vivienne Westwood



Vicenta Gallego.


La fotografía nos muestra a la diseñadora de modas londinense Vivienne Westwood que, para ser fiel a sus creaciones y a sí misma, va vestida con "look punk". Aunque ,un poco dulcificado por la falda de tutú y por la expresión aniñada que parece decir: "et voilà",es la cárcel pero yo me permito bailar y,además como veis, vengo preparada con mi maleta y mi botella para deciros que, aún aquí, es preciso aportar alegría, ingenuidad..... ¿por qué vestirse con un traje a rayas?.
Vivienne es una mujer transgresora en cuanto al mundo de la moda. Fue la creadora de la imagen "punk" en Londres que modificó la forma de vestir de toda una generación en los años setenta. Los Sex Pistols era la banda que le ponía la música en sus pases de moda. Así pues Vivienne vestida de Vivienne.
La maleta, con la imagen de Lady Diana envuelta en colores rosas y dorados, descansa a la izquierda. Lleva dentro la belleza rota, lo fallido, el fracaso, los sueños perdidos, aunque también, lo que queda de mágico, lúdico y cándido , ahí dentro, en nuestro interior. La botella, llena de colores, saciará la sed de: ¿evasión?.
En conjunto la fotografía refleja el mundo creativo en el que se mueve la diseñadora, siempre transgresora, con un punto negro y otro de color, la cárcel y la libertad, el mundo interior y el exterior, lo establecido y lo creativo..........

MECÁNICA



Elina Beltrán Monferrer


Abro el joyero y ella está allí, siempre está allí, escandalosamente callada, esperando que mi mano dé cuerda a la llave que le dará vida, de nuevo, como cada día, todos los días del año desde hace………….ya casi no me acuerdo.

Ayer le dejé una pequeña maleta por si, por fin, decidía huir, salir de ese relicario, y, si para superar ese reto necesitaba un poco de ayuda, una botella de ron blanco, de esa marca que tanto le gusta al abuelo y que tiene escondida para que mi madre no le riña.

El joyero es de mi abuela, me lo dio cuando tomé la Primera Comunión. Al levantar la tapa salía, contenta y dispuesta a brincar cuantas veces yo le obligara, una muñeca vestida de ballet, con sus zapatillas de puntas y su traje de tul, unas breves notas de “La bella durmiente” de Tschaikowski, impertinentemente repetidas , eran la señal de salida. .

Poco a poco, a lo largo de más de treinta años, le he ido cambiando el vestuario, adecuándolo al momento. Muchas veces he deseado abrirlo y que no estuviera, que hubiera tenido el suficiente coraje para marcharse, pero no. Así es que ayer, no lo pensé dos veces y le intenté facilitar la decisión, ¡por favor, vete!, le dije, por favor vuela antes de que sea demasiado tarde, aprovecha el día de Carnaval, pasarás desapercibida, luego si quieres te voy a buscar, en la maleta llevas un móvil, dinero, documentación, abandona la cárcel donde has pasado la vida, baila al son que mas te guste, con la música que prefieras, en el momento que te lo pida el cuerpo. Eres libre, no dependes de nadie. Hasta siempre.

La llama que ilumina los recuerdos



LEOpoldo José Trillo-Figueroa Ygual

Mario abrió la puerta de su casa, dejó las llaves y una pequeña cámara fotográfica en el aparador que había a la entrada. Llamó a su mujer que no le contestó porque, sin duda, no había llegado todavía del trabajo y después se dirigió al salón.

Una vez allí, se dejó caer perezosamente en el sofá y se quitó los zapatos. En su rostro, de rudos rasgos y habitualmente serio, apareció una tenue sonrisa. Estaba recordando lo que le había sucedido.

Días atrás, había recibido una carta certificada del Ministerio del Interior en la que le comunicaban que, próximamente, iba a ser derruida la prisión de Peñas Gordas y que si quería podía ir a verla por última vez.

Mario había estado "residiendo" en Peñas Gordas la mayor parte del tiempo con el que le habían condenado por la tenencia, consumo y, sobre todo, venta de estupefacientes.

La población, cerca de la cual se hallaba el centro penitenciario, estaba a tres horas de tren de donde él vivía. Saliendo temprano, en un mismo día, podía ir y volver y así lo hizo.

No guardaba un mal recuerdo de Peñas Gordas porque, estando allí, conoció a Juana, la que ahora era su mujer, gracias a una campaña promovida por el Director del Centro penitenciario, que consistió en poner en contacto a los internos con gente del exterior que quisiera cartearse con ellos. Desde la primera carta que recibió, Mario, supo que aquella mujer iba a ser algo especial en su vida. Y lo fue. Una bocanada de aire fresco entró por la ventana de su celda Saber que, de alguna manera, aquel umbilical hilo le mantenía en contacto con el exterior y, principalmente, la paz interna que consiguió desde aquel día, hizo de Mario un hombre nuevo con ganas de retornar al exterior y con el firme propósito de olvidar los malos tiempos y las malas costumbres.

Juana fue para él como la paloma blanca que llegó al Arca de Noé con una hoja de olivo en su pico. El gran diluvio ya había pasado y un atisbo de vida retornaba a una Tierra, hasta ese momento desaparecida bajo las aguas. Quizá por eso, porque Mario pensaba que Juana le había traído la paz interna que necesitaba, íntimamente, le decía que era su paloma y así la llamaba.

Pero aquel día, estando visitando Peñas Gordas, le sucedió algo que estaba deseando contar a su mujer. Cuando intentó acceder a la gran nave, en la que se encontraba el corredor con la celda en la que él había estado encerrado, se encontró de bruces con un personaje entrañable para él: La Pili.

En aquellos años los términos gay o travesti no se usaban para denominar a los homosexuales. Al que tenía esa tendencia sexual le llamaban simplemente maricón y La Pili era un maricón o una maricona, según otros mas maliciosos.

Alguien, con ese castizo ingenio que tienen algunos para poner motes a las personas, un día la empezó a llamar La Capicúa; porque en las duchas, debido al gran tamaño de su miembro viril, pensó que era mas propio llamarle “Pili la” que “La Pili” y ya se sabe, cuando un mote tiene gracia, con él te quedas. Y desde entonces, y ya para siempre, fue “La Capicúa”

Mario, que había estudiado en su juventud, sabía que aquel término no era el apropiado, Que lo justo hubiera sido llamarle “Palíndromo” pero… ¡cualquiera lo decía! Por eso, para él, siempre fue “La Pili”.

A él “La Pili” no le caía ni bien ni mal simplemente pasaba de él. Lo cierto es que, con la llegada de la Democracia, “La Pili”, se dedicó al mundo del espectáculo como travesti. Su nombre artístico no lo tuvo que pensar mucho, se autobautizó como “La Capicúa”. Como era muy simpático y ocurrente pronto se hizo famoso en el País. Tanto que, los que hasta entonces se habían reído de él ahora presumían de conocerlo y algunos hasta de ser sus amigos.

Que poco se necesita para que prenda una llama, una pequeña chispa y todo se ilumina. Así sucedió en la mente de Mario cuando se encontró de nuevo con aquel singular personaje de su vida pasada. Al verlo, un aluvión de recuerdos que creía olvidados afloraron a su mente.

“La Pili” se había hecho un moño en la cabeza e iba todo pintarrajeado y muy estrafalariamente vestido. En la parte superior de su cuerpo llevaba una "chupa" de piel negra y en la inferior se había puesto un tutú de bailarina de ballet y unas horrorosas medias de color rosa con manchas negras. Como calzado llevaba unas bailarinas también de color negro.

Al verlo, “La Pili”, no le reconoció. Lo cierto es que no sé si fue porque no se acordaba de él o por que le era imposible reconocer a nadie debido al gran "pedo" que llevaba encima tras haberse bebido entera la botella de orujo, una bebida alcohólica de alta graduación, que tenía a sus pies.

-¡Cinco minutos! !Cinco minutos! –exclamó “La Pili” al verlo-.

¡Tome asiento donde pueda porque tan solo faltan cinco minutos para que comience el espectáculo!. Va usted a presenciar la mejor representación, de "El Lago de los cisnes", la hermosa obra del gran Piotr Ilich Tchaikovski, que nunca haya podido imaginar.

-¡Siéntese!, ¡siéntese!, que tan solo faltan cinco minutos.


14 de octubre de 2009

INSTANTÁNEA DE UNA FOTO



José Carlos Grajeda Pérez

- Ingeniosa sofisticación con las manos, lluvia de ideas con el atuendo, maletín de creatividad, botellazo de comprensión oculta entre las ondas de la indiferencia del tutú y el absurdo lugar en que se encuentra, híbrida musa entre niña y anciana, entre inocencia y perversión.

-Yo sólo veo a una vieja en una foto.

-Usted es un imbécil.

-Y usted, ¿es tan arrogante como para no ver que nos proyectamos en las cosas que no entendemos? Su explicación será la que dan todos los críticos, iluminando con el faro de su verdad el camino oscuro de la ignorancia. Pero, ¿quién es más ignorante, aquél que lo sabe o el que ignora serlo? Pues se olvida de que las palabras danzan alrededor de una música visual y a la vez invisible que sólo nosotros somos capaces de sentir. Dicho de otra forma, no me explique la belleza pues ésta no se encuentra racionalmente, sino que se clava como un pinchazo a través de nuestra coraza de objetividad y utiliza las palabras únicamente como adorno o complemento. Es como Cupido, elige a sus víctimas y el resto del mundo queda libre del hechizo.

- Habla usted como un crítico enfadado.

- Y usted como un imbécil.

Déjà vu

Dori Valero

En la oscura prisión de su mente aparecían pequeños destellos de luz que no podía atrapar: una niña de seis años en una clase de ballet, una adolescente rebelde agarrada a la cintura de un joven con la cara llena de granos, una mujer adulta vestida de novia, una habitación de hospital donde, tras un agudo dolor que parecía romperle el alma, se oía el llanto de un niño; una corona de flores apoyada en una pared de nichos... Oscuridad.

viernes, 16 de octubre de 2009

LIBERTAD


Sarai Toledano Blázquez

Libertad. Curioso el efecto que esta palabra ha causado en mí en los últimos años de mi vida. Al principio era capaz de ilusionarme, de darme fuerza para seguir adelante; luego se convirtió en una palabra vacía, una palabra cuyo significado era incapaz de recordar; y ahora cuando por fin recupera su significado original no puedo más que sentirme presa, presa de mi propia libertad.


Una libertad que me recuerda que fuera ya nadie espera, que quizá nunca nadie esperó y que mi familia, la verdadera, la de corazón se queda. Y es esta familia la que me empuja a seguir hacia delante pues ellas todavía sueñan con la ansiada libertad. De ellas me llevo recuerdos de todo tipo con los que intento dar el primer paso hacia la libertad para que ellas puedan sentir la suya propia más cerca; pero el mayor de estos recuerdos es la extraña sensación de libertad que sentí estando privada de ella, me sentí libre y amada por primera y única vez en toda mi vida y todo gracias a ellas.



Alineación al centro

EL NUEVO TESTAMENTO.



Vicente Pachés Martínez.

Eulalia había hecho un Antiguo Testamento para su nieto, en el que le dejaba su dinero y sus posesiones. Pero lo pensó mejor y quiso hacer un Nuevo Testamento. En este, no le dejaría dinero ni posesiones. Sólo le dejaría una foto. Una foto y una carta en la que explicaría lo que ésta significaba.
En la foto aparecía ella y todo lo que había deseado en su vida, y que por una razón u otra no había conseguido. La foto era una lección, de lo que no debería pasarle a su nieto cuando tuviera ochenta años. Aunque quizás no era tan solo una foto; era un mapa de frustraciones que le recordaría a su nieto que tendría que luchar por sus sueños y no dejar pasar los años en balde.
Eulalia aparecía en la foto con un tutú de bailarina. De pequeña soñaba con dedicarse a bailar profesionalmente, pero pensó que quizás no tuviera suficiente talento y lo dejó.
En la adolescencia quiso formar parte de un grupo de rock. De ahí la cazadora de cuero negra. Y aunque llegó a ir a clases de guitarra, las acabó dejando y nunca llegó a aprender a tocar un instrumento.
La maleta aparece en la foto pórque le hubiera gustado viajar y dar la vuelta al mundo, pero se casó joven y ya no fue factible hacerlo.
También le hubiera gustado tener una relación de pareja como si vivieran en una isla desierta. De ahí la botella con mensaje incluido. Pero tuvo hijos muy pronto y aquello se convirtió en una leonera.
A pesar de todo, ella siempre pensó que no hacía falta mucho para llegar a ser feliz.
Por eso aparece en la cárcel, ya que ella decía que incluso podía haber llegado a ser feliz allí, en prisión si hubiera tenído un lápiz y un papel. Pues le gustaba escribir y con eso le hubiera bastado.
La lección es la siguiente: Tú tienes que luchar por tus sueños, pero tienes que encontrar también tu lápiz y tu papel. Debes encontrar un refugio en el que pase lo que pase con tus sueños, seas feliz.
Final del Nuevo Testamento. Amén.

jueves, 15 de octubre de 2009

MI LIBERTAD


Mar Olmedo Violero

-Buenos dias,soy el fotógrafo,me han dicho que ya está preparada la modelo,verá es que tengo un poco de prisa y me gustaría que me abríera las puertas cuánto antes.

-Perdone,pero ya está preparada desde hace rato,puede usted pasar.

Increíble,no he tenido que hacer colas y este funcionario,parece incluso amable.

-Verá,yo le dejaré en el patio y marcharé,ya me llama usted al timbre,el de la derecha,cuando halla acabado,de acuerdo.

-Estupendo,no creo que me llevé mucho rato.

Impresionado me deja este patio,de película diría yo,pero el asombro,fué al ver a esta mujer inverosimil,con esa sonrisa enigmatica,posando desde el centro del mismo patio.No se dignó saludarme,ni siquiera movió su postura estudiada,tan solo entre dientes,me dijo:

-Ya estoy preparada,cuando quiera dispare y hágalo bien,estoy acostumbrada a tratar con profesionales y en está posición por cierto,solo aguantaré cinco minutos más.

Me preparé,enfoqué y después de varios cliks,no pude reprimir la necesidad de saber algo más de ella.

-Perdone,ya sé que no nos conocemos,pero me intriga mucho,todo lo que le rodea en esta foto que le estoy realizando.Hablemé,expliquemé ¿Porqué esos objetos?

-Se lo diré brevemente,soy un alma libr, y mis objetos me lo recuerdan:
La botella,me sirve para olvidar,todo lo que me puede resultar desagradable.
Mi bolso,como se habrá dado cuenta lleva una fotografía de una princesa que es tal y como yo me siento y me recuerda que todo lo importante de mi vida,lo llevo ahí dentro.
Mi calzado me aupa sobre todo lo terrenal y la chaqueta es mi símbolo de rebelión.
Yo,como habrá podido comprobar no soy de este mundo,pero juego y me divierto en él.

-Muchas gracias,no creo que olvide fácilmente este momento.

-Todo se olvida,menos lo que nos hace sonreir por dentro.

Toqué el timbre y el funcionario presuroso,me fué abriendo todas las puertas,quizás demasiadas,pensé yo.

-Bueno ya me marcho,gracias por todo.

-¿Y qué le ha parecido nuestra amiga? Francamente,yo no sé como catalogarla.

-Verá,hay personas que no se pueden catalogar y eso es un consuelo.

-Adiós.

-Hasta luego.

MARIUSKA



Rosa Vents
Y finalmente llegó el día. El día temido por todos los humanos pero cuya llegada nadie intentó remediar. Las peores profecías del señor Orwell se hicieron realidad y el Gran Hermano dominaba las calles, las plazas, las casas y todo rincón habitado. Sólo quedaba sitio en el mundo para la producción, para el trabajo; el alma había quedado arrinconada como un juguete roto que ya a nadie le importa y las artes, los sueños, alimentos y esencia del alma, habían sido prohibidos e incluso perseguidos.
Poco a poco los artistas fueron encarcelados y, en el peor de los casos, exterminados. Condenados a la clandestinidad, los artistas nunca dejaron de creer en la magia y el poder de las artes y continuaron ejerciendo sus dones escondidos por todo el mundo. Éste era el caso de Mariuska, la bailarina rusa.
Mariuska tenía 18 años cuando aquel terrible día llegó. Ella era una de las mejores bailarinas de todos los tiempos y no quiso, ni siquiera pensó, en abandonar sus sueños, aunque el mundo se hubiera vuelto completamente loco. Con su pequeña maleta en una mano y su botella de vodka en la otra, Mariuska empezó a recorrer el mundo en busca de aquellas personas cuya alma aún necesitaba de un poco de alimento.
Pero con los años el mundo se fue resignando a vivir en esa sociedad gris, y ya no hubo sitio para la maravillosa Mariuska, la cual, durante una de sus actuaciones clandestinas, fue arrestada y encarcelada cuando aún no había cumplido los 25 años.
Han pasado días, semanas, meses y ya más tarde años, muchos años y a pesar de las torturas, a pesar de las humillaciones y de las palizas, Mariuska aún espera con su tutú rosa, su maletita y su botella de vodka vacía, a que llegue el día en el que las cosas verdaderamente importantes recobren su importancia, y poder así enseñar su arte sin miedos, en un teatro repleto de gente con los ojos centelleantes de emoción.

miércoles, 14 de octubre de 2009

CARTA DESDE LA CARCEL



Querido Hijo:

De tantas noches enjugándome las lágrimas con las manos, éstas ya no me huelen a sangre. Hoy hace un año que estoy aquí y he decidido, de una vez por todas, purgar los desasosiegos. Ya pagué cuarenta años de agravios, chantajes y humillaciones. Aguantaba por ti y también por él.
La Juana, una gitana que esta por drogas, me ha dejado las mallas y me ha maquillado. Asunción, una de las funcionarias, me ha rebuscado el tul de algún disfraz. El bolso es cosa mía. Lo hice con recortes de revistas del corazón, aspiraba algo de glamour en este día.
No sufras por mí. Por primera vez en mucho tiempo me siento privada de una ingente carga. Y a fin de cuentas, él también descansa.
Después de merendar, La Juana, Antonia y Susi, una cubana que también está por un crimen, me organizaron una fiesta de “cumpleañadas”, como ellas llaman a cada año que pasan aquí dentro. Te mando la foto que me hicieron.

Recibe un beso de tu madre.



Juan Carlos Núñez Mateo.

sábado, 10 de octubre de 2009

TALLER DE ESCRITURA. 5ª Edición. EJERCICIO 1.


Fotografía de Luis Montolio.
http://www.luismontolio.com/
http://www.luismontolio.com/thecat/

A propósito de esta imagen se trata de escribir cualquier cosa que nos sugiera.
La extensión puede oscilar entre una palabra o muchísimas y las posiblidades son innumerables e incontables.
¿Quién es?
¿Cómo se llama?
¿Dónde está? ¿Por qué?
¿Qué significan la botella y la maleta que hay en el suelo?
¿Y su ropa?
Son algunas preguntas posibles -pero no obligatorias- que podrían plantearse en torno a la vida de esta mujer. ¿Existe realmente?
Puede "responderse" con palabras, música, un cuadro, otra fotografía.
Darle la voz a ella, a un narrador inserto en la escena, etc.