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Curso 2016/17

domingo, 1 de noviembre de 2009

Cymru


Kaye Saunders

Las olas rugían, abofeteando las rocas grises de la bahía. Las mismas, que en tiempos mágicos servían de pilares para Stonehenge. Sin embargo, en el pueblo de Caernafon, que daba nombre a la bahía, carecía de casas de piedra todavía. Antaño, campamento romano y en años venideros, lugar de nombramiento de reyes, ahora se conocía como Caer Myrddin, ‘el lugar de Merlin’.

La casa fortín se hallaba en el corazón del pueblo, maderas esculpidas por artesanos hábiles, con lazos, entramados y nudos hacia de ello un lugar bello. Justo en el centro resplandecía un enorme hogar dónde el humo espesaba el ambiente. Se vislumbraba una mesa grande y redonda a un lado y situados alrededor, unos hombres variopintos: el religioso,alto,blanco y enjutado, el bardo, peludo y redondo, el militar, alto con barba negra y ojos azules...

“-Cmyry”, entonó Lor Rhys con voz baritono en su lengua ancestral, “- hemos logrado por fin unir a los tribus y todos juntos podemos repeler a los sajones, pero ahora necesitamos un símbolo un estandarte.”

“-Pués, yo”, vociferó Gryfn, el militar, “- creo que el símbolo de los cohortes romanos demuestra autoridad, yo sugiero ‘el draco’.”

Acrecentaron los murmullos y se oyó “‘draig’ sí ‘ guerrero.’”

-“Permitame,” mi Lor, postuló el fraile, “-nuestro deber religioso reside con nuestro santo patrón San Dafdd.”

“-No esta mal,” pensó Rhys, “-colores de animales venenosos, amarillo y negro”.

El bardo,Glyn canturreó ‘ Eisteddford es nuestra fiesta

Somos cantores y artistas

Mostremos estos valores

No con santos impuestos

Una onda de risas y aplausos rompió la tensión palpable y se oyó gritos de ‘si,somos valientes, independientes también ...’

De repente todas las miradas se detuvieron en una figura a contraluz, Mordyn, el chamán, vestido con el atuendo de las tierras de las cruzadas dónde deambuló durante años.

El silencio ensordecía, sólo el chasquido de las brasas se oía.

-“Tuve un sueño”, dijo solemnemente, desaperceptiblemente echó unos polvos negros al fuego.

-“¡Mirad!”, del hilo sinuoso de humo blanco salio ahora una figura roja, chispeante, con alas y se esfumó.

Hasta hoy en día el dragón rojo simboliza la fortaleza, independencia y creatividad del pueblo de Gales.


Cinco días laborales en el diario de un amnésico



Laura Roullier.

Día 1. Este sitio huele a carne quemada, a guindilla mordida con saña, a celda de preso muerto del asco. Tengo la sensación de estar perdido en las profundidades más inexorables de la tierra, atrapado entre paredes rojizas de piedra volcánica, apenas iluminada por la lava que anhela despertar de su letargo. Los cimientos de piedra rugen y yo me hago un ovillo en un rincón, boqueando en búsqueda de un poco de aire puro.

Día 2. Me atrevo a buscar una salida, pero para mi sorpresa las paredes no son rocosas, sino viscosas y resbaladizas. Este laberinto está gobernado por las curvas, ciegas y tramposas: un paso en falso y la caída es mortal. El hedor a muerte se suma al resto de olores cuando veo el cadáver descompuesto de una vaca, rodeado por una alfombra de moscas caídas. Es el primero de una larga lista.

Día 3. La desesperación empieza a apoderarse de mí. Intento forzar una salida propinando golpes a las paredes, pero ni los puños, ni las embestidas ni las piedras más afiladas hacen efecto alguno. El resto del día, duermo.

Día 4. Hoy rezo en serio por primera vez en años. Dedico unas cinco horas al dios cristiano, otras cuatro al musulmán y unas tres a los dioses impronunciables de otras culturas. Las horas equivalen a la lejanía de los dioses respecto a mi casa. Ninguno me escucha. Hacia el final del día, empiezo a gritar.

Día 5. Realizo paseos rutinarios con el fin de mantener mi cordura. En uno de ellos, me topo con un ramo de flores chamuscadas que alguna vez fueron claveles. Las observo con más detenimiento y me fijo en que hay una pequeña nota adjunta. La leo, antes de desmayarme por última vez en el día: “Mi querida princesa, no desesperéis más porque aquí llega vuestro redentor. Tan sólo debo derrotar al dragón que os vigila y, una vez conseguido este cometido, podré ir a vuestro encuentro. Con amor, vuestro príncipe azul.”


DRACO Y NILAI


Adela Torres Esplá

Ella le llamaba Draco, así, de forma cariñosa y familiar. Llevaban juntos algunos años, justo desde que ella llegó a la isla, desde su pequeña aldea, Timisoara. Se conocieron y el impacto fue instantáneo. Ella supo que era él y él cayo rendido ante su belleza, su frescura…y su decisión.

Nilai era una mujer segura que sabía lo que quería, y cuando tuvo que decidirse, no mostró ni el mínimo titubeo, ni una pequeña vacilación. Por eso Draco, allí entre tantos otros, se sintió elegido como el dueño de su piel, y de aquel pequeño universo.

Hasta entonces se había considerado uno más, ignorado entre tantos otros, sin despertar especiales simpatías, pero Draco era mediterraneidad pura y se sentía de aquella isla más que todos sus compañeros. Sabía que no estaba en el lugar perfecto hasta que Nilai le llevó consigo.

Nilai trabajaba duro para mandar aquel escaso sueldo a los suyos, mientras Draco cuidaba y vigilaba todos sus movimientos, sus esfuerzos, sus arrugas y , adivinaba, porque no podía ser de otro modo, el resto de su cuerpo. Cuando Nilai caminaba, se sentía el propietario de aquel andar, dulce e incluso sinuoso y se deleitaba con las hermosas vistas de su espalda, de su cuello o de lugares más secretos. Imaginaba su pecho y su vientre y soñaba con poder llegar allí algún día, hermoso y lejano. Tal vez, imposible. Lamentaba no poder escapar de aquella nuca que tanto le obsesionaba y de la que nunca podría salir. Sin embargo, era feliz.

Pero todo cambió cuando Nilai decidió volver a aquella calleja donde se miraron por primera vez. Un día cualquiera, sin ni siquiera preguntarle, entró de nuevo en aquel oscuro local y decidió cambiar su tatuaje. Como aquella primera vez, Nilai hojeó aquellas odiosas páginas donde se aglutinaban, grecas, caracteres chinos, juramentos de amor y letras góticas con alguna que otra frase célebre. Y de nuevo, pero, como aquella primera vez, Nilai tuvo meridianamente clara su decisión. Este -dijo sin titubear- y salió de allí con una cicatriz que fulminaba aquel pequeño dragón tatuado en su nuca desde hacía tres años. Se grabó en su pecho, cerca del añorado pezón, una maldita y socorrida frase: ”Siempre tuya, Vladimir”.

Y Draco, que ni siquiera podía llorar, se situó entre una rosa deshojada y un corazón atravesado por la terrible flecha del desengaño.

05-11-09

HERENSUGE



Mar Olmedo Violero

Miguel,corrió apresuradamente,sudando, ahógandose,tenía que escapar como fuera de sus perseguidores.Se adentró en la "Sierra Aralar" y al poco escuchó llantos de mujer,entró en una gruta de donde provenía el lamento.Un sonido aterrador hizó temblar la tierra,ante sus ojos apareció algo monstruoso,una serpiente con forma de dragón,con alas enormes y un olor "vomitivo".En el rincón una mujer lloraba desconsoladamente.Miguel ,al ver acercarse los dientes de ese monstruo a su cabeza,no se le ocurrió otra cosa que rezar.Al instante una luz cegadora,como el brillo de un gran metal cortó la cabeza inmensa del dragón.La sangre lo inundó todo,incluso algún diente grande cayó en tierra.
Miguel,miguel,despierta,otra vez te has quedado dormido...Y con el libro de "Dragones Vascos".
Miguel aturdido,fué al baño,aterrado comprobó que en su mano,tenía un diente grande, horrible y comenzó a gritar.

EL ESTANQUE DEL DRAGÓN



EL VUELO DE LA GÁRGOLA

Adela Torres Esplà


Todas las tardes pasaba por la catedral, y nunca reparó en aquella gárgola con figura de dragón. Uma era una princesa mediocre, aburrida y entradita en carnes. Estaba orgullosa de su pequeña ciudad y de su catedral, pero nunca estuvo contenta de ella misma. Mientras el conjunto arquitectónico era alto, estilizado y elegante, Uma era una dama temblorosa, timorata, y de refajos holgados.

Como todas las tardes de domingo, se paseó por la plaza de la catedral junto a su hermana, la infanta Florence y su doncella. Dumont se acercó con cara de cordero, actitud servil y ojos suplicantes. La conversación empezó a aburrirla, y a pesar de su entusiasmado caballero, echó una ligera mirada hacia la catedral. Y Uma le descubrió. Los ojos le brillaban con tanta intensidad que prácticamente la perforaban. Aquella pequeña gárgola con forma de dragón, movió la cabeza y posó su mirada en ella. Retándola, reprochándola, desde aquellos ojos rojos, luminosos, rabiosos que exigían alerta. Una extraña y atrayente sensación, se apoderó de la princesa. El domingo siguiente, hizo que su doncella le ciñera mucho más el corpiño y le escotara más la blusa. Pasó junto a la catedral, sintiéndose más segura y más feliz. Los ojos de aquél dragón eran como intensas esmeraldas, que iluminaban su figura. De forma sobria empezó a aletear suavemente hacia ella. En un pase maestro, y ante los atónitos ojos de la escasa nobleza de Poix, el dragón, se deshizo de su arquitectónica forma de gárgola sin vida y se dirigió al centro de la plaza para recoger delicadamente con una de sus alas a su amada princesa. Nunca se supo más de Uma, sólo la leyenda de un dragón, que enamorado, raptó a una de las más bellas princesas que se recuerdan en el condado de Poix.




ENRIC SERRA PRADES

El dragón duerme en su lecho de agua... El dragón despierta con una sonrisa... El dragón espera su hora...: la hora en que devorar a su víctima.

LA DRAGONA



Vicenta Gallego

En el año 1976 mi amor volvió de la India con una dragona (también existen las dragonas) tatuada en la pierna izquierda, cerca del tobillo. Era el año de la dragona de fuego. Yo volví con una lámina de papel de arroz en la que hay dibujada en trazos negros, una dragona de fuego; esbelta, transparente y de sus fosas nasales sale un fuego ondulado que se dirige hacía el cielo.
En el año 1986 la doctora le dijo a mi amor que la dragona había quedado un poco maltrecha, pues uno de los hierros que sujetaban la tibía al peroné tenia que transpasarla. El impacto del camión le dio de lleno.
Con el paso del tiempo la dragona sigue en su sitio. Tiene las marcas de lo que ha vivido; mantiene sus colores, aunque un poco difuminados y se le ven sus pequeños cuernecitos y su pequeña cola, pues sólo mide unos diez centímetros, con todo no ha perdido nada de su fuerza.
Mi lámina nos ha acompañado desde entonces y vela cerca de nuestra cama para que nos sigamos amando...... su fuego no se apaga, el nuestro tampoco.

ARQUETIPO



Isabel Ubé


Estoy cansado mas no quiero cerrar los ojos. Permaneceré despierto hasta su llegada. El sol cede y el cielo se tiñe de rojos y otros colores fantásticos. Hoy no soñaré con Ella.
El agua me llama y yo acudo sumiso a su encuentro. Accedo a la orilla del inmenso lago azul y verde. Mi piel roza la débil película de plata y rompo el espejo mágico que refleja la luz de este crepúsculo encantado, acompasado por una sinfonía insonora de matices. Me sumerjo por completo en un mundo amistoso y diferente que me protege y acoge. Me purifico al abrigo de su frío abrazo y mi fuego se apaga. Paisaje de hojas otoñales en el fondo y débil luz tamizada que apenas me permite distinguir algunos brillos.
Emerjo un poco la cabeza y la niebla comienza a envolverlo todo. Los árboles amigos y protectores que tantas veces me escondieron difuminan sus siluetas.
No sé cómo he llegado aquí. Recuerdo otros mundos, otras guerras, otros triunfos y esa poderosa sensación derivada de saberse temido y admirado al mismo tiempo. Fueron muchos los hombres que creyeron vencerme, algunos muy renombrados que con seguridad la Historia no olvidará. ¡Pobres ilusos!. Mataron sólo un mínimo reflejo de su inextricable mundo interior. El verdadero Dragón siguió vivo.
Mi tiempo ya se acaba. Falta muy poco para que todo se cumpla. La Madre Luna completa esta noche su ciclo y su luz la alumbrará.Llegará envuelta en finas gasas blancas que acentuarán el tono marmóreo de su piel y adornada de flores que no podrán silenciar su natural perfume almizclado. Su cuerpo temblará y sus pechos exaltarán acompasando los latidos de su tierno corazón de Doncella.
Alzaré, batiré mis alas de gozo. La recogeré en un último vuelo antes de que roce el agua; antes de su desmayo final la sentiré aún caliente, viva. Apretándola delicadamente junto a mí nos hundiremos para siempre en estas aguas y abandonaremos la abyecta incomprensión de este Medioevo.
Hoy no soñaré con Ella. Hoy despertaré con Ella.

UN ERROR DE LA NATURALEZA



Elena Torrejoncillo

Lo intuí desde muy pequeño. Sin duda había sido un error de la Naturaleza. Siempre tuve conciencia de ser diferente. Cuando mis hermanos competían entre sí en fuerza, y para ver quien era capaz de lanzar las llamaradas más potentes, yo apenas era capaz de vomitar unas pocas chispas. Y no era eso –desde luego- lo que cabía esperar de un dragón. A ver… ¿A quién iba yo a poder aterrorizar con tas escasos dones?.

Cuando crecí, sin que mis atributos de dragón se desarrollaran convenientemente, mis decepcionados padres, convocaron al más afamado mago del reino de los dragones, para que deshiciera el maleficio que, sin duda, sobre mí pesaba.

Éste, se empleo a fondo con todas sus artes y conocimientos. Incluso me hizo visualizar a las más hermosas y tentadoras princesas, hacía las que se suponía era imposible no sentir un irrefrenable impulso de rapto. Resultó todo inútil. En lugar de ese deseo, a mí me producían una ternura infinita y sentimientos de protección frente al mal que –se suponía- yo representaba.

Lejos de mejorar, con la edad fui empeorando. Cada vez me volvía más sensible y soñador. Pasaba los días contemplando el cielo y sintiendo una infinita envidia hacía esos seres que podían surcarlo a placer. Contemplaba su vuelo ligero y mi enorme cuerpo se me antojaba una pesada roca, tan pesada como una condena que debía arrastrar de por vida. Sí, la Naturaleza había cometido un grave error conmigo… Había encerrado en un cuerpo de dragón, a un alma que había nacido para ser gaviota.

DESTINO: DRAGÓN


Silencio.

Medio campo quedó enmudecido, en el más absoluto de los silencios.

Mientras… el otro medio…

¡Gritaba, vociferaba, chillaba… rugía!

En apenas unos segundos se acababa todo. La final de Futbol americano de ese año dependía del desenlace de aquel encuentro. De un solo golpe. Del acierto o el fallo de un solo hombre: Alex Rovira.

Alex, un joven y fornido mocetón de 1,92 metros de altura, tomó el amelonado balón con ambas manos y le buscó asiento en el suelo hasta que, éste, quedó de pié y como él quería. Lo miró y retrocedió unos pasos. Lo volvió a mirar y retrocedió unos pasos más. Entonces, sin perder de vista el balón, comenzó un pequeño ritual. Con la puntera de su pie derecho golpeó tres veces la parte trasera de su pie izquierdo; a continuación, con la puntera de su pie izquierdo golpeó la parte trasera de su pie derecho. Lo repitió varias veces hasta que… después de santiguarse, comenzó a correr hacia la pelota.

El público permanecía expectante, unos gritando y otros enmudecidos. Algunos se taparon el rostro para no ver lo que sucedía, otros se lo taparon para no ver lo que no querían que sucediera.

El pie derecho de Alex impactó en la base del balón y éste empezó a elevarse hacia una dirección desconocida. Si con esa dirección el balón conseguía pasar entre los dos palos de la portería ganaban unos; pero, si no lo hacía, ganaban los otros.


Mientras, para Joan Rovira, el padre de Alex, que estaba presenciando el encuentro junto a su esposa Paula; el momento en que se dio cuenta de que su hijo era el encargado de lanzar el field goal que podía suponer, en caso de conseguirlo, los 3 puntos que necesitaban para ganar el encuentro, fue el detonante de un recuerdo imborrable.

Su memoria desanduvo en décimas de segundo, varios años en el camino de la vida. Su hijo tendría entonces unos cuatro años. Recordó, como si lo volviera a vivir, el momento en que, al volver un día a su casa, oyó a su mujer como se desgañitaba hecha un basilisco intentando conseguir que Alex cenara.

La llegada de su marido supuso un gran alivio para ella.

-¡Joan, por favor, inténtalo tú! ¡Lo de este niño es insufrible! ¡Como siga así, como continúe sin querer comer lo vamos a tener que llevar al pediatra! ¡Todos los días lo mismo! ¡Dáselo tú que yo no puedo con él! ¡A ver si a ti te hace más caso! Yo mientras me voy a fumar un cigarrillo para tranquilizarme.

Joan, que venía cansado de un día desbordante de trabajo, hizo de tripas corazón y se sentó junto a su hijo. Tomó la cuchara, la llenó del puré que le había preparado su madre para cenar y miró a Alex. Alex le miró a él. Acto seguido, la cuchara fue al encuentro de la boca del niño al mismo tiempo que, la boca cerrada del pequeño, fue al desencuentro de la cuchara. Alex no quería cenar.

-¿Que hago ahora? -se preguntó Joan.

En la vida, algo en apariencia insignificante, de repente, por uno de esos avatares del destino se hace importante. Joan miró la mano de su hijo. El niño asía con fuerza un pequeño muñeco llamado Hank, el arquero de una serie que Alex veía todas las semanas: “Dragones y Mazmorras”. Para el pequeño, Hank, era algo maravilloso. Era su héroe.

-Que fuerte es Hank ¿verdad hijo?

-¡Sí! –le contestó el niño.

-¿Es el mas fuerte de todos?

-Sí.

-Y… ¿Tú quieres ser tan fuerte como él cuando seas mayor?

-¡Siiiiií…! –le respondió eufórico el niño.

-Pues para conseguirlo tienes que comer mucho, tienes que hacerte un Tragón para ganar al Dragón.

Es curioso como a veces, una fortaleza que está cerrada a “cal y canto”, es abierta con una insignificante llave. Algo parecido sucedió desde aquel día con Alex. Cuando no quería comer, sus padres le preguntaban si quería ser como Hank y la muralla impenetrable de su boca se abría de par en par.

Alex fue desde ese día el “Tragón” que quería su padre. Tanto es así que, años después, para combatir una incipiente obesidad, fue a un gimnasio y empezó a practicar el fútbol americano y… aquel niño, que de pequeño disfrutaba persiguiendo con su arco dragones; en el transcurso del tiempo, se convirtió en su defensor, en uno de los jugadores puntales del “Barcelona Dragons”. El equipo de los Dragones que ese año podía ganar el campeonato.

-¡Como ha pasado el tiempo! –pensó Joan- ¡antes tan pequeño y enclenque y ahora…

¡GOL! ¡GOOOL! ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!

El balón, acababa de pasar cerca de los palos de la portería pero por dentro. El campeonato era de Alex y los suyos.


Silencio.

Medio campo quedó enmudecido, en el más absoluto de los silencios.

Mientras… el otro medio…

¡Gritaba, vociferaba, chillaba… rugía!

Pero… los papeles se habían cambiado, ahora eran los que antes chillaban los que de repente enmudecieron y se quedaron como pegados a sus asientos y, los que habían permanecido hasta ese momento silenciosos, ahora saltaban de alegría y se abrazaban y… primero unos pocos y después todos al unísono empezaron a cantar entusiasmados:

-¡Alex, Alex, Alex, tú si que vales!, ¡Alex, Alex, Alex, tú si que vales!...

Al oír aquello, Joan y Paula, henchidos de una desbordante alegría por el triunfo del equipo de su hijo, se miraron con ternura.

-La que vales eres tú cariño –le dijo Joan a su mujer- porque sin ti Alex no estaría en este mundo.

-Ni sin ti hubiera sido el Dragón que ahora es -le respondió ella.

Después, se fundieron en un abrazo.


LEOpoldo José Trillo-Figueroa

5 de Noviembre de 2009



Berto ya no vive aquí.



Marta Aparicio.

Creo que todo fue culpa de mi madre. Y le estoy muy agradecido. Cada noche me leía un cuento. Y nunca pasó nada, hasta que pasó. Ese día yo cumplía 8 años y mi madre, como siempre, me contó un cuento. Solíamos alternar entre historias de los Hermanos Grimm, Andersen o cualquier libro viejo que veíamos por casa. Por supuesto, me acuerdo del cuento de aquella noche: “El dragón sin fuego”.

Lo más curioso fue que, aparentemente, no pasó nada. Después de leer me puse a jugar con mi madre y, haciendo el tonto, el libro se escurrió entre la pared y la cama. Como ya era tarde decidimos recogerlo al día siguiente. Luego, por la mañana, no me acordé, pero cuando por la noche me acurruqué entre las sábanas, pensé en el libro. Así que me levanté, me agaché, estiré el brazo y… ¡menudo mordisco! Menos mal que saqué la mano rápido porque lo que había allí debajo estaba hambriento.

Tuvieron que pasar varios días hasta que le encontramos una explicación a todo este asunto. En esto nos ayudó mi padre, que trabaja de biólogo en un instituto científico y que ha visto todo tipo de desarrollo molecular. Según me explicó, y os lo voy a resumir, cuando el cuento de “El dragón sin fuego” cayó debajo de la cama, se partió. Y de esa parte, tan sobrealimentada por las historias contadas en mi habitación, nació un dragón. Bueno, nació Berto, Norberto, así fue como le llamé. Con él viví un montón de historias, algún día las escribiré, pero hasta ahora no había hablado de él en público porque no me apetecía que los medios de comunicación se agolparan a las puertas de mi casa. Al menos ahora, si lo hacen, no sacarán nada porque ya no vive aquí. Yo he cumplido 12 años, él 4, pero ya es un dragón adulto y no cabía en mi habitación. Por eso, la semana pasada le compramos un GPS y se ha ido rumbo a Escocia. Creo que puede vivir bien por allá y el verano que viene intentaré ir a verle.

viernes, 30 de octubre de 2009

EJERCICIO NÚMERO 4.



Tema: Dragón (del latín draco, y éste del griego δρακον, drakon, ‘víbora’ o ‘serpiente’) es un animal mitológico que aparece en diversas formas en varias culturas de todo el mundo, con diferentes simbolismos asociados.
http://es.wikipedia.org/wiki/Drag%C3%B3n

Los textos pueden ser microcuentos, no mayores de 25 líneas en Time new roman 12 (3cm de margen a cada lado).
Poemas de hasta 50 versos o artículos con una extensión de 3 a 6 páginas.

Más información en:
http://www.taringa.net/posts/info/1785855/Mi-Primer-Megapost-de-Dragones.html

La imagen pertenece a: http://www.japanxtreme.es

TODOS LOS SANTOS, TODOS.



Adela Torres Esplá

Lía vivía en una ciudad mediterránea, llena de estruendos en las fiestas y de pasados gloriosos. A su edad y viviendo sola, era muy difícil poder celebrar el día de Todos los Santos, sin pasar un mal trago, acudiendo al cementerio para rezar a no se sabía qué. Así y todo, como todos los años, días antes, encargó a Mikaela que reservara una orquídea natural para engancharla en aquella piedra fría y negra donde solo se reflejaba su soledad.

Sus hijos no le acompañaban nunca al cementerio, de hecho aprovechaban estas fechas para aquel viajecito a Londres que nunca llegó a entender. Mauro y Elia se iban de compras todos los años por estas fechas y ella entendía que era lo mejor para la pareja, haciendo un acto de fe, exento como ella, de cualquier atisbo de maldad.

A primera hora de la mañana desayunó pensando en no dejar olvidada su orquídea en el frigorífico, donde la había dejado el día anterior. Sorbió un café soluble sin sabor a nada y se puso el abrigo que otro noviembre, de hace mucho tiempo, había estrenado para ir al cementerio. Porque Lía recordaba muy bien que por este tiempo, se estrenaban abrigos y chaquetas, al menos en su época.

Sola y arrastrando los zapatos empezó a caminar sin pensar en nada, prácticamente como un robot, hacia las afueras de su ciudad. Al pasar se detuvo en una pastelería, de señoras, como ella las llamaba y se quedó mirando un escaparate repleto de calabazas y lazos negros. Verdaderamente estaba precioso cargado de aquellas calabacitas tan graciosas y de todo tipo de decoraciones en tonos naranja. Ladeó la cabeza y leyó muy lentamente: Ha-llo-ween. Siguió su camino moviendo su cabeza en un gesto que expresaba desesperanza. La verdad es que Lía no podía encajar aquella estúpida costumbre de Halloween. Suponía que había llegado tarde, que aquello no iba con ella y que debía de ser un signo de su decrepitud. En realidad había intentado tragarse las nuevas y distintas celebraciones que se empeñaban en encasquetarle sus nietos a pesar de que ella seguía teniendo sus referentes autóctonos y no encontraba ninguna necesidad de remitirse a ritos que en realidad no entendía o que le importaban un pito. Pero aquellas calabazas eran bonitas, alegres…

Rosalía Fernández Sastrón siempre había celebrado el día de Todos los Santos, y la verdad es que lo recordaba como un día de fiesta, de estrenos y de visitas al cementerio. Sus amigas y ella se vestían con sus trajes de domingo y se encaminaban hacia el puente de San Blas buscando grupos de chavales para lucir sus vestidos y sus caídas de ojos.

Cuando llegaban, se organizaban rápidamente en una ruta familiar que atendía a los fúnebres compromisos de todas, sus abuelos, sus tíos, algún lejano familiar, todos ellos con las lápidas relucientes y a punto de revista.

Sin embargo Lía no podía aportar su capítulo mortuorio al itinerario elegido. Lía no era de allí y no tenía a ningún muerto al que visitar, limpiar o rezar. Así que vivía siempre la fiesta de los muertos con una alegría desconectada y al parecer, fuera de lugar.

Aquellas y otras cosas le rondaban a Rosalía cuando decidió salir de su añoranza y pensar que aquella fiesta de las calabazas seguiría siendo para ella el día de estrenar un abrigo, de comprar unos huesos de santo y de visitar la feria con la ilusión de sus olvidados doce años.

Dio media vuelta, dejando el cementerio a lo lejos y se dirigió a la pastelería de señoras para encargar unos dulces y una calabaza para Lucas, su único nieto. Estaba claro que hoy le llevaría a la feria, con la orquídea en la solapa del abrigo.



Zarnikh

Marta Aparicio

O sea, que estoy muerto. También es mala suerte morir justo el día de Halloween, nadie se lo tomará en serio. Lo último que recuerdo es que estaba en la terraza de casa tomando una copa. ¿Me habrá envenenado mi mujer? No, eso habría supuesto una muerte más lenta, no tan repentina. Aunque puede que ella comenzara a ponerme algo en la comida hace tiempo... No, no, qué tonterías pienso, cómo me va a envenenar mi Carmenchu. Por cierto, si ya se ha enterado debe de estar destrozada… Me gustaría decirle que estoy bien porque lo cierto es que desde aquí arriba hay unas vistas estupendas. Creo que lo mejor es que vaya a buscarla. Voy a bajar.

¡Qué barbaridad! Esto de volar es rapidísimo, tendrían que inventar algo para que la gente se pudiera propulsar. A ver dónde está mi Carmi. Uy, ¡pero si yo sigo ahí en la terraza! Por favor, que me quiten de ahí, que hay niños en la urbanización… ¡Carmenchu! ¡Carmenchu! ¿Dónde se habrá metido? Bueno, también es un poco estúpido esto de gritar si realmente no me oirá, sólo notará mi presencia tipo la peli de Ghost o algo así.

Me aburro. Aquí no llega nadie. ¿Tengo hambre? No lo sé… Es que no noto nada. ¿Tendré que comer algo o en esta vida ya no hace falta? Bueno, voy a echar un vistazo a la despensa por hacer algo. ¿Y esto? Zarnikh, número atómico 33. Bueno, el bote no tiene muy buena pinta, mejor me espero a que llegue Carmenchu. Voy a mirar si tengo algún correo, quizás aprovecho y cambio mi estado, aunque poner en Facebook muerto quizás queda un poco fuerte. Vale, no tengo ni idea de cuál es mi clave. Contraseñas, PINs y PUKs parece que no son relevantes en esta nueva vida y se me han olvidado por completo. Bueno, pues leeré las noticias a ver si dicen algo de mi muerte. Quizás abren una investigación porque ni yo tengo muy claro lo que ha pasado aquí. A no ser que la autopsia revele que ha sido un infarto o algo así, claro. Aunque yo no he notado nada. O al menos no me acuerdo.

Vaya, lucecita verde, hay mensajes en el contestador, voy a ver si me he dejado algún asunto pendiente en este mundo:
Hola Paco, este domingo no podré ir a jugar a golf, la suegra nos invita a una paella. Ya nos vemos la semana que viene
Bueno, quizás ya dentro de más tiempo.
Sr. Aguilar, soy Helena. El Dr. Ferrer quiere hablar con usted. Llámele, por favor.
Vaya, ¡a ver si ahora resulta que mi médico me iba a avisar! Pues me podría haber llamado al móvil.
Paco, cariño, estoy harta y te dejo…
¿Qué dice esta tía?
… Si me quedo más, te mato, así que mejor me voy…
¿Pero cómo que te vas?
… Has cambiado mucho y no me gustan tus negocios. Daniela te seguirá haciendo la comida.
Daniela, ¡es verdad! ¿Dónde está esa mujer? Pero, ¿qué negocios? ¡Mierda! ¿Por qué hay cosas que no consigo recordar? Bueno, no me voy a quejar, me esperaba algo peor con esto de la muerte. Pero entonces, ¿a qué me dedicaba?

Tampoco sé si ha pasado más de un día desde que morí, qué jaleo. A ver, voy a ver mi cuerpo. ¡Aaaaaaaaahh! ¿Y ese ojo? Pero por favor, ¡si me lo han reventado! Ya decía yo que veía un poco mal… O sea, que ahora, mínimo, si revivo, me tendrán que poner un ojo de cristal… En fin, cosas peores se han visto. Da mucho yuyu verse a uno mismo muerto, mejor me vuelvo para dentro. ¡Buf! Y encima ahora parece que sí que tengo hambre, sí. A ver si llega Daniela y prepara algo. Le esperaré sentado aquí dentro. ¿Zarnikh? ¿Zarnikh? ¿Quizás trabajaba con eso? Ni idea, voy a mirar en Internet qué pone: palabra de origen persa. Zarnikh oropimente amarillo, también conocido en griego como arsenikón. Se trata de un elemento químico cuyo símbolo es As y con número atómico 33. En la tabla periódica de los elementos se encuentra en el quinto grupo principal (...).

Perfecto, no sé por qué y no tengo muy claro quién, pero fijo que alguien me ha asesinado.

Un muerto bien muerto

Carmen Babiloni
Cuando en esta urbanización de Los Ángeles se prepara Halloween lo viven todos con mucha intensidad.
Unos días antes cada vecino se afana para que su decoración sea perfecta y cada año cambia su escenografía.
Sólo hay un vecino que vive a su aire y que no se relaciona con nadie más, es empresario, con fama de extorsionar a sus empleados, los amenaza continuamente con el despido, si no rinden al máximo. Estos consecuentemente lo odian.
Cuatro días antes de la fiesta recibe a un socio inglés que se desplaza hasta Los Ángeles para pedirle cuentas de sus gestiones, no llegan a un acuerdo, pero sí a las manos y sin pretenderlo el inglés desnuca a su socio de un golpe fatal aunque bastante accidental.
En el salón encuentra un disfraz de zombi con el que el otro seguramente pretendía atemorizar graciosamente a sus vecinos y empleados y se lo coloca, a medianoche lo saca al jardín y desaparece de la escena del crimen.
Los vecinos sólo se dan cuenta de lo ocurrido cuando una vez pasado Haloween la decoración de aquella terraza sigue sin desmontarse. Cada mañana miran hacia allí, al principio con indiferencia y luego ya con cierta preocupación. Hasta el momento en que descubren que el zombi es un muerto muy muerto.
La ficción termina cuando aparece la policía. Ya todo es real.

EJERCICIO NÚMERO 4.



Tema: Dragón (del latín draco, y éste del griego δρακον, drakon, ‘víbora’ o ‘serpiente’) es un animal mitológico que aparece en diversas formas en varias culturas de todo el mundo, con diferentes simbolismos asociados.
http://es.wikipedia.org/wiki/Drag%C3%B3n

Los textos pueden ser microcuentos, no mayores de 25 líneas en Time new roman 12 (3cm de margen a cada lado).
Poemas de hasta 50 versos o artículos con una extensión de 3 a 6 páginas.


Más información en:
http://www.taringa.net/posts/info/1785855/Mi-Primer-Megapost-de-Dragones.html

La imagen pertenece a: http://www.japanxtreme.es

jueves, 29 de octubre de 2009

TALLER DE ESCRITURA



Vicente Joaquín Peris Calleja

Escribo, escribo, y escribo... Ya tengo 75 años, y nada publicado... ¿Quién soy yo? No me conoce nadie. Me siento como el “lobo estepario” de Herman Heesse. Soy un personaje oscuro y aciago, por lo menos para el mundo, porque para mi, creo que he escrito cosas relevantes, pero esta civilización está ciega a la luz que yo les muestro. Mas valdría quedarme yo ciego para no ver tanta gente ignorante.

Ahora, con la cercana celebración de Halloween, la gente venera a los muertos, pero en vida no saben reconocer lo que tiene valor. Asi que... ¿Eso quereis? ¿Os gustaría venerarme y adorarme? Ya tengo mucha edad, y ahora tengo ya que pensar en los triunfos que obtendré al otro lado. Está todo ligado. Mi alma seguirá evolucinando y recogiendo todo aquello que sembró. Y yo voy a hacer ahora mi ultima siembra: No he podido escribir para la humanidad..., pues que sea la humanidad la que escriba sobre mi... A ver quienes son los aliados que dan vida a mi muerte. Si el germen no muere la planta no nace, solo con la muerte adviene lo nuevo... Estoy tranquilo en esta silla en el balcón y con la escopeta en mis manos me apunto al entrecejo, a la glandula pineal, al tercer ojo... Tengo la esperanza de que en algun lugar... ¡¡¡PUM!!!

El alma de Mostafa salió de su cuerpo, mientras éste último quedaba indiferente en la silla, a modo de muñeco decorativo, que algunos viandantes miraban, la mayoría cegados por la cercanía de la Noche de Brujas, y otros creyendo ver tal cadáver, pero confusos, como si eso no fuera asunto suyo, o sin querer meterse en nada ajeno, y como... había ya ambiente de Halloween... quedaba muy atractivo. Y así, pasó varios dias esa materia en la silla, mientras su antiguo propietario, flotando aún muy cerca, retrospectaba el panorama de toda su vida, antes de dirigirse a la zona purgatorial, y le venía al recuerdo con vehemencia de aquellas veces en que su padre le gritaba: ¡Nunca llegarás a publicar nada sobre cosas que no interesan a nadie!, reprensión que le marcaba muy profundamente...

Después de ser hallado el cadáver, la noticia circuló por todo el mundo, y en una ciudad española, Castellón, una maravillosa y a la vez enigmática profesora de un taller de escritura, propuso a sus alumnos escribir una narración sobre tal sorprendente suceso, y claro, con la difusión de internet, también estos relatos se divulgaron, hasta el punto de que en un periódico de Los Angeles, -lugar del suceso- apareció una noticia sobre la actividad de ese taller castellonero: HALLOWEEN “TALLER ESCRITURA” IN CASTELLON OF THE PLANA, haciendo que la noticia se enfatizara y adquiriera una dimensión mayor. La gente comenzó a platicar mucho sobre este asunto, hasta el punto de que la fiesta de Halloween quedó supeditada a este acontecimiento, y se vivió como algo real, en toda su dimensión. El cuerpo físico de Mustafa, como símbolo de Halloween para este año.


Volando por Los Angeles, un angel mensajero, aspiró el efluvio del eco de esta ingente noticia y fué rapidamente a cierta comarca celestial para que se procesara adecuadamente. En los archivos celestes de Mostafa, ya constaba que ese hombre había dedicado su vida a escribir, de una manera un tanto original, queriendo dar un mensaje para mejorar el mundo.
Mostafa estuvo poco tiempo en la región purgatorial, pues no tenía mucho que hacer allí, tan solo pagar y expiar el fallo de haberse ido del mundo por la puerta falsa (el suicidio), que no conduce a nada, porque luego seguimos igualmente donde nos quedamos...


Cuando el ex-escritor salió del Colosal Edificio Cósmico Purgatorial, cierta postestad le esperaba y acompañó a su correspondiente Comarca Celeste, en cuyo recinto de admisión le dieron la bienvenida y un sobre especial que contenía la noticia, sobre la cual el ángel había escrito: GRANDE HA SIDO TU EXITO, PORQUE AHORA SE RECONOCERÁ EN TU PLANETA TODA LA LABOR QUE HICISTE, GRACIAS A UN TALLER DE ESCRITURA DE CASTELLON OF THE PLANA (HISPANIA). AQUI EN EL CIELO, YA SABIAMOS QUE ESCRIBÍAS BIEN, Y TE ESPERABAN IGUALMENTE UNAS BONITAS VACACIONES. PREPARATE A VIVIR TODO LO QUE HAS SOÑADO Y ESCRITO.
Bueno, algo así decía este mensaje de bienvenida al paraiso, pero no hagan mucho caso, porque al estar escrito en caracteres etéricos, no es muy dable a nuestro ojo físico.

Escribo, escribo y escribo, -ahora yo- y pienso que un relato no se acaba sino que se abandona, de igual manera que Mostafa abandonó su cuerpo, pero su alma sigue rumbo hacia lo atemporal, divinal y eterno.

Flores marchitas en un mes de noviembre




Rosa Vents
Por mucho que ella continuara gritando sus oídos ya no podían escuchar. Sus oídos nunca la escucharon, la oían y nada más. Ahora, ni siquiera eso.
Ella le seguía gritando, fuerte, reprochándole todo aquello que durante años y años de matrimonio la había ido matando poco a poco. Demasiado ofuscada con su propia rabia y pensamientos ni siquiera le importó que aquel cuerpo ya no respirase vida.
Aquel día Sara se levantó tarde. Hacía dos semanas que había dejado a Mustafá, después de casi 50 años de matrimonio, después de casi 50 años de prisión volvía a ser libre, pero no podía permitir que aquel hombre que destruyó su vida continuara siéndolo.
De nuevo se puso aquel vestido azul que tantos años había guardado, el que vistió por última vez antes de casarse y que ,sin querer, le había hecho ser el centro de todas las miradas. Ya no lo lucía como antes, aunque todavía se conservase bastante bien las arrugas en su piel eran visibles. Se puso delante del espejo y las observó de una en una, y con cada una de ellas vió pasar un pedacito de su vida; toda una vida, desperdiciada al lado de un hombre que nunca la comprendió.
De nuevo calzó los zapatitos rojos de tacón, aquellos de salón que sus amigas tanto habían envidiado, Sus amigas... ¿Qué habría sido de ellas?
Bajó a la calle y taconeó hasta el bloque de apartamentos, se sentía fuerte, se sentía segura, y con cada paso la idea que llevaba en mente se afianzaba más y más. La gente la miraba, una anciana con aquellos zapatos y aquel vestido era la imagen más bizarra que habían visto en mucho tiempo, pero a ella, francamente, eso le daba igual. Se sentía preciosa, se sentía de nuevo ella misma después de tantísimos años.
Llegó al bloque de apartamentos, decorado de naranja y negro para la ocasión, y ni siquiera se molestó en llamar. Todavía conservaba las llaves y, al fin y al cabo, ya sabía lo que él estaría haciendo en aquel momento, lo que hacía siempre a la misma hora: ver pasar a las jovencitas que salían del colegio, borracho como una cuba. Y así le encontró, sentadito en la terraza, entre muñecos de halloween y flores marchitas.
Allí le empezó a gritar, mientras entre sus pequeñas y arrugadas manos asía una pistola que no sabía muy bien como utilizar. Y entre grito y grito su dedo se deslizó suavemente sobre un gatillo que hacía tiempo que esperaba apretar... pum. Aquella historia había acabado por fin, aquel hombre que tanto sufrimiento le había provocado y que tanta vida le había robado quedó convertido en un macabro muñeco de Halloween, y ella, la flor marchita, se sentía contradictoriamente más viva que nunca. La venganza es un plato que se sirve frío y a Sara le encantaban los helados.

Querido hijo


KAYE SAUNDERS

Querido hijo Ahmed,

Ya estoy muerto y enterrado. No te tienes que preocupar por nada, he conseguido que los servicios sociales se encarguen de todo.

Te encantaría mi barrio, alborotado de tanta gente de colores, razas y religiones, el inglés apenas se habla. Incluso los vecinos son tan respetuosos que no me molestan para nada, que ni siquiera sé como se llaman.

¡Que fácil es alimentarse en este país! Pan y pan y algo para la mezcla de dentro, comes caminando o trabajando, no hace falta ni cocina, ni mesa para la comida familiar.

Incluso los sonidos son llamativos, la voz resonante cinco veces al día con timbre hipnotizante no se oye, suenan sirenas modernas varias veces a la hora.


Alucinarías con las tiendas, donde no cabe más de todo, nunca habrás visto tanta selección, te puedes gastar el salario en menos de cinco minutos y con ese fin va la gente ajetreada adquiriendo más.

El trabajo de taxista es muy entretenido a todas horas, decorado con amuletos de la suerte el taxi lleva a mucha gente distinta y me llaman todos Abu.

Yo dejé un tumultuoso Pakistán por el mundo de las oportunidades, una vida mejor. Ese trabajo tan duro ha servido para que tú como hijo mayor puedas administrar el dinero que os mando para conseguirlo: una buena educación, una buena formación un respeto para los valores morales y sobre todo fomentar una familia unida y feliz.

¡No vengáis! Disfrutad de lo que tenéis allí. De nada sirve tener una buena formación si los títulos no se convalidan. Si llevas turbante y barba la gente desconfía creyéndose con derecho a acusarte por actos ajenos. ¡Cuánto falta hace un hogar, lazos familiares, juntos celebrando nuestros ritos! Gozad de los olores de las especies en el mercadillo; regatead con el tendero; tened tiempo para disfrutar de una pipa de agua charlando sosegadamente con vecinos y amigos.

El peso de recuerdos; de juventud, paisajes, música, películas, la lectura, incluso el vestir. Apilan cada vez más sin tregua y junto con la cruel enfermedad recién diagnosticada se me hace más fácil tomar la decisión que me permite volver al rincón de lo antaño saboreado.

Considerad mi último acto como el regreso.


REENCUENTRO



IQuer
Nunca supe como llegué a esta situación, mi vida parecía normal dentro de esta sociedad privilegiada. No recuerdo cuando perdí el control, quizá cuando me divorcié. En aquel momento creí tomar la decisión correcta, el problema vino cuando decepción tras decepción no pude encontrar la pareja adecuada. Claudia si lo hizo, incluso me han contado que ahora está preñada.

Lo que más me degradó fue el no estar al lado de mis dos hijos, de no envejecer junto a ellos viéndolos crecer, de que otro ocupase mi lugar. Ni las prostitutas, ni el alcohol, ni el póker, consiguieron parar el proceso obsesivo-destructivo que se afincó en mi ser. Perdí la cualidad de habitar en el presente y de saborear la vida. El tiempo escapó a mi control como agua que se desangra entre los dedos cuando mas sed tienes, como un torrente que abandona tu cuerpo deshidratando así el espíritu y dejando al descubierto el lado más oscuro.

Tenía que actuar, el macho invasor tendría que morir, y a Claudia, ya veríamos. Mejor sería eliminarlos a los dos, pero... y mis hijos, los haría unos desgraciados. ¿Qué harían sin su madre?A quién pretendo engañar, el único que sobra soy yo. No tengo nada a que agarrarme excepto a estas rayas de cocaína, ni trabajo ni verdaderos amigos, solo un momento de lucidez para pegarme un tiro con gracia.

¡Bang!

¿Qué ocurre, por qué siento este intenso dolor después de muerto, o quizá no lo estoy? Aún me mantengo en pie, también puedo ver por el ojo que me queda, ¡he fallado el tiro!. No puedo hablar y por momentos me quedo sin fuerzas, tengo que llegar al balcón y pedir auxilio.

He conseguido sentarme en esta silla con la esperanza de que los vecinos me vean. Se extrañaran al verme en calzoncillos y la cara destrozada. Me estoy petrificando por momentos debido a la parálisis cerebral y la ventisca de nieve, mi piel debe de estar morada. Mierda, el maxilar inferior ha cedido y la lengua se ha descolgado, muchos muertos deben de tener mejor presencia que yo.

La gente que pasa por la calle se sobresalta al verme, pero al instante se les dibuja una radiante sonrisa. -Es el mejor que he visto, menudo adorno han colocado los muy jodidos-. Ese era el tipo de comentarios rancios que he escuchado durante cuatro días, menos mal que los niños me han hecho compañía, aunque a veces se cebaban tirándome bolas de nieve.

Jonathan ignoraba que en el otro extremo de la ciudad su mujer cargaba las maletas en su viejo coche. No podía aguantar más palizas y menos aún llevando una vida dentro. Supuso que el día de Halloween sería apropiado para volver a intentarlo, quería que sus hijos volvieran a ser felices.

Nada mas aparcar, los niños corrieron hacia su antigua casa. -¡Papá, papá hemos vuelto. Pa...paAAAAAAAAAAAAA!!!!!

Los gritos de pavor rescataron, por un instante, a Jonathan de la muerte. Quiso abrazarles, decirles cuanto los amaba, estrecharlos en sus brazos... pero solo una lágrima fue mensajera de tantos sentimientos. Una lágrima que se cristalizó al contacto con el frío y encerró para siempre la imagen de su familia en la retina.

miércoles, 28 de octubre de 2009

LA AUTOPSIA

Diego Navarro UBÉ

El inspector Toriop entró en la sala de autopsias, tratando de no hacer ruido para no estorbar el trabajo de la forense. No lo debió conseguir, ya que al momento la doctora Nostaw levantó la cabeza del cuerpo que estaba examinando y le sonrió.
-Hola, Johanna. ¿Qué te ha contado nuestro amigo?
-Muchas cosas, la verdad –contestó ella, con una mirada risueña que disparó todas las alarmas en la cabeza de Herb-.
-Bueno, pues ponme al día.
-Al señor Mostafa le dieron catorce puñaladas en torso y espalda, tres de las cuales alcanzaron zonas vitales. La perforación en el ojo izquierdo fue causada por un proyectil de 9 mm que quedó alojado en el lóbulo occipital.
-Le debió dejar el cerebro hecho papilla. Tenemos un casquillo del 9 corto en la escena, si encontramos la pistola que lo disparó, ¿tendremos el arma homicida?
-Siento decirte que no –respondió Johanna, en un tono que desmentía sus palabras-, el disparo se produjo después de la muerte.
-Bueno, entonces ¿qué me puedes decir del arma que se usó para apuñalarle?
-Querrás decir armas. Hay por lo menos tres tipos de incisiones distintas.
-Tienes que estar de broma –dijo Herb con aire abatido.
-Ya sabes que yo no bromeo con estas cosas.
-Sí, lo sé. Al menos podremos saber cosas del atacante, ¿no? Ya sabes: era zurdo o diestro, fuerte o débil… ese tipo de cosas.
-Pues si quieres mi opinión, las heridas son tan distintas entre sí, que yo diría que no tienes un único atacante.
-Sí, y a este hombre lo mataron en el “Orient Express”, ¿no?
-¿Cómo dices?
-Nada, sólo pensaba en voz alta. Estás disfrutando con esto, ¿verdad? Al menos dime cuál de las heridas es la que con más probabilidad le mató –contestó Herb derrotado-. Esta vez vas a verme dejar un caso sin resolver.
-Sí, no puedo y no.
-¿Qué?
-Que sí, estoy disfrutando viéndote sufrir; no puedo decirte cuál de las heridas le causó la muerte, ya que todas se produjeron postmorten; y este caso no va a quedar sin resolver.
-Entonces, si no fue el disparo ni las puñaladas, ¿qué lo mató? –preguntó sorprendido.
-Un infarto. Las heridas se produjeron al menos un día después del fallecimiento.
-Bueno, esto sí que es una sorpresa. Si la muerte es por causas naturales hoy me podré ir pronto. ¿Qué quieres que te prepare de cena, cariño?
-Tomaré algo aquí, yo aún tengo tres autopsias más –dijo Johanna mientras se acercaba a Herb y le daba un beso -. Me debes un buen masaje cuando llegue a casa.
-Cuenta con ello, cielo.

SI VIVIERA EN AMERICA

Maribel D`Amato

Si viviera en America cambiaría Zapatero pòr Obama, llevaria
zapatillas de deporte hasta mi trabajo y luego los cambiaría por
zapatos de tacón, viviría en un rascacielos de Manhatan o en una casa
con escalera hacia abajo. Celebraría el dia de Acción de Gracias con
su gran pavo incorporado. Me pondría debajo del gran arbol de Navidad
en espera del encendido mágico. Tendría algún hijo en misión
"humanitaria" en cualquiera de los paises en guerra. Y, sobre todo,
celebraría Haloween en condiciones. Pondría un muerto en mi balcón en
espera de que mis vecinos lo confundieran con una auténtica decoración
acorde con la fecha.
Pero no vivo alli y aunque me creía libre de todos estos tópicos me
percato que el "el hombre es el único animal que tropieza dos veces
en la misma piedra" ¿ Por qué?. Fácil. En general somos como monos
de imitación y aunque aún no hemos celebrado el día de Acción de
Gracias y, los que lo tienen, van al trabajo con los mismos zapatos
con los que vuelven. Aunque este país aún lo preside Zapatero para
bien de unos y mal de otros. Cierto es que en cada ciudad del pais en
que vivo cada dia siete de Diciembre se planta un árbol más o menos
iluminado, según Ayuntamiento, que hay familias que también sufren
por sus hijos -soldados esparcidos por paises en litigio-. Y, para mi
vergüenza, tambien aquí se celebra Halloween con sus calabazas,sus
disfraces gore y etc.,etc. De momento no tenemos muerto real que
confundir con decoración al uso. Vendrá. Solo hay que dar tiempo al
tiempo.

PROMETO QUE NO FUE UN ACCIDENTE


José Carlos Grajeda Pérez

Prometo que no fue un accidente. Prometo que no lo volvería a hacer. Puedo prometer, y prometo, que la vida me llevó a esa situación. ¿Puedo prometer y prometo? Ya parezco un político, y esa no es mi intención. No me hallo en ningún mitin, ni ante un auditorio repleto de gente, ni ante un grupo de personas hostil o a favor. No sé dónde estoy, no sé si todo es vacío y oscuridad o con quién demonios estoy hablando. Sólo sé que las palabras debería, tengo que, es conveniente… carecen de sentido, como toda sonrisa o cortesía social. Y sin embargo necesito un abrazo más que nunca.

¿Por qué lo hice? Supongo que para acabar con un terrible vacío que sangra mi interior, para transformar el vacío en nada. Sin embargo, irónicamente, el vacío ahora se ha hecho mucho más profundo que antes. Ya no puedo ver, oler, respirar o sentir. Me he convertido en un punto dentro de una fría laguna, pues desde aquí no alcanzo a ver ninguna orilla. Ojalá una barca cruzara las aguas para sacarme de este lugar. Pero, ¿qué lugar? Aquí no hay nada de nada.

Nadie entiende a los locos como yo, que dejan de existir por voluntad propia para convertirse en ecos vacíos de un periódico de sucesos. Debería sonreír un poco, a fin de cuentas las reacciones de un demente como yo no tienen ningún sentido, y eso es gracioso, ¿no?

Aunque para graciosa la cara de sorpresa del pobre chico que entró a robar a mi casa, que veía cómo mientras me apuntaba con el revólver, me acercaba a él sonriente. No me entendió cuando de repente le di la espalda y salí al balcón, sentándome en la mugrienta silla que guardo allí, y tampoco me entendía cuando hacía caso omiso de sus gritos y amenazas pidiéndome dinero, joyas…ese tipo de cosas sin ningún valor.

Pero lo más gracioso de todo fue cuando pensó que no había sido lo suficientemente duro y se acercó hasta mí para ponerme el revólver en la frente. Le agarré la mano, bajé un poco la pistola y me puse a mirar por el cañón del arma haciendo muecas como si de un catalejo se tratara. Como toda mi vida he sido un puto cobarde, le provoqué diciéndole que la tenía tan pequeña que seguro que se cepillaba a su revólver todos los días. Aún puedo sentir el temblor de su mano en la mía, el miedo que ocultaba tras esa fachada de agresividad y el estupor que sintió cuando yo, decepcionado por su pasividad, apreté el gatillo en contra de su voluntad.

Pobre chaval. Me hubiera gustado conversar con él, darle las gracias y una palmadita en la espalda…buen chico. Me hubiera gustado decirle que no se preocupara, a fin de cuentas llevaba el disfraz de Halloween, iba muy bien caracterizado, seguro que pasaría por parte de la decoración. ¿No se darían cuenta los vecinos? No hay problema, son todos unos idiotas. Al morir iba a convertirme en un muñeco, pero es curioso, creo que el principal muñeco fue el tipo que me mató.

DIVINO SICARIO




Verónica Segoviano


El aviso estaba en el tablón de anuncios de la recepción del edificio. Mostafa, el vecino del tercero conminaba a todos los residentes a organizar una fiesta de Halloween. El viejo se ofrecía a ponerse al frente de toda la operación y animaba a apuntarse en una lista. Observó con disgusto que ya se había inscrito la mitad de la parroquia.
Odilón venía de recoger un paquete de correos. Su hermana le enviaba una caja y un sobre. Vivía en un convento desde que era adolescente. Era la única comunicación que se le permitía en todo el año, así celebraba el Día de Difuntos. Se quitó la ropa de trabajo y se duchó. En la carta Águeda le contaba la campaña que el Obispado promovía para contrarrestar la fiesta pagana de Halloween. Se distribuía entre los feligreses, las escuelas y parroquias vía e-mail y la denominaban Halloween blanco. Consistía en organizar catequesis con los niños para hacerles ver la importancia de honrar a los Santos como modelos de la fe. Los asistentes invitaban también a sus amiguitos con el objetivo de atenuar el impacto de rechazo social por no participar de la misma forma que el resto. Se les informaba de manera sencilla, pero firme, lo negativo que hay en Halloween y el modo en que se festeja, ya que los hijos Dios son buenos y no se identifican ni con brujas ni con monstruos. Se les recomendaba disfrazarse de ángeles, santos y princesas; preparar bolsas con dulces (de la línea “Hadas y magos”, asociada a la bondad, la sabiduría y la valentía), regalos o tarjetas con mensajes (dibujos, poesías, oraciones, flores, estampitas o algo hecho en la clase de Religión); pasar por las casas que exhiben una cinta blanca (al resto no se les molesta) y ofrecer estos presentes, explicando que la Iglesia Católica celebra una fiesta muy importante en la que se recuerda a los Santos. Para evitar extraviarse, ser atropellados, ser violados, drogados o envenenados con caramelos, los niños siempre debían ir acompañados de un adulto o joven responsable que les sirva de modelo y protección. Poco más tenía su hermana que contarle, pero era suficiente. Se sintió orgulloso, ya quedaban pocos sitios como España.
Permaneció un buen rato pensativo, tal vez una hora. Cabiló sobre el triste retorno al antiguo paganismo, sin atisbo de sentido religioso. Halloween era la celebración de la maldad, la noche en la que los poderes satánicos, la brujería, el ocultismo estaban al más alto nivel. Odilón creía en el valor absoluto de los seres humanos y en la vida eterna a través del amor de Cristo, no en cuentos de reencarnaciones ni en la separación del cuerpo y el alma. Estaba dispuesto a hacer prevalecer el mensaje de amor, caridad, paz y esperanza que nos legó Nuestro Señor Jesucristo frente a la cultura y el pingüe negocio del terror de los países anglosajones y su imparable ascenso de popularidad.
Se sentó a la mesa frente a una hoja en blanco. Le costó unos diez minutos redactar la convocatoria para una reunión el Día de Difuntos. La llamó “Holly wins” (la santidad gana), una alternativa para atestiguar su esperanza y su fe en la Resurrección. Bajó al portal y colgó el papel junto a la lista para la fiesta de Halloween. Volvió a su apartamento, se despachó un buen desayuno y se acostó.
Dos días después, mientras esperaba el ascensor, algo le llamó la atención. Se acercó al tablón de anuncios. En su lista no aparecía ningún nombre, pero alguien había dibujado una calabaza parlante. Tenía una sonrisa malévola y decía: “Odilón, eres un mierda y un santurrón”. Estaba firmado por Samhain, El Seños de los Muertos. La lista para la fiesta de la competencia seguía aumentando. Descolgó la hoja de un zarpazo y se lanzó escaleras arriba. Habían arrojado huevos contra la puerta de su casa. Estaba tan sofocado que tuvo que meter la cabeza en el lavabo. Se miró en el espejo. Tenía la camisa empapada y pequeñas venitas rojas tamizaban el blanco de sus ojos. La nariz le quemaba.
Mostafa Mahmoud Zayed le abrió la puerta en chándal. Era negro y naranja. Su silueta se recortó a la luz de las velas. Le hizo pasar. Hablaba un inglés muy correcto, mejor que el suyo. Se preguntó cuánto tiempo llevaría en el país. No pudo distinguir bien la estancia, pero se barruntaban paredes forradas de libros y salpicadas de extraños objetos. No parecían jarrones. El viejo le ofreció sumarse al té que estaba tomando. La figurilla de un fauno bailaba sonriente en el fondo de una taza a medio apurar. Declinó la invitación. Al sentarse tuvo que apartar un viejo libro de piel. Su propietario se lo quitó de las manos, pero de reojo pudo atrapar el título: La Bíblia Satánica de un tal Anton LaVey. Cerró los ojos hasta que la voz le trajo de vuelta. No, no era una visita de cortesía. Le pidió explicaciones por el incidente del dibujo y la puerta. “¿Trato o truco?” le contestó Mostafa entre carcajadas. Disculpó a los previsibles infractores y le animó a apuntarse a su lista. No, tampoco tenía hijos. En desagravio el hombre, le ofreció un Halloween Kit: disfraz, dulces e instrucciones para la fiesta por 30 dólares. Odilón metió la mano en el bolsillo y apretó con fuerza. Los cristianos lo sabían todo sobre la rabia contenida. Ese era también su estado permanente.
Cuatro días después volvía de su trabajo cuando se encontró con el recinto acordonado. Recogía basura. Por las noches. El cadáver de Mostafa yacía inerte sobre una silla en el balcón de su apartamento a la vista de los residentes en el complejo. Había sangre por todas partes. La policía interrogaba a varios vecinos. La mujer del primer piso declaraba que sólo lo conocía de vista, pero que era muy agradable y vestía muy bien. Como no le dejaban pasar, esperó pacientemente junto a la fuente. Un matrimonio que vivía en el segundo afirmaba que había sido profesor de Teología y que, aunque estaba retirado, era un hombre muy activo; sin ir más lejos, estaba organizando una fiesta de Halloween en la comunidad. La anciana que ocupaba el piso contiguo creyó haber oído una estampida sorda el domingo, justo un rato después de que un corte de luz, debido a una fuerte tormenta de viento y lluvia, dejase a oscuras a todo el barrio. Cuando le llegó su turno el policía le preguntó cómo era posible que nadie se hubiese dado cuenta de lo que ocurría. Se encogió de hombros. Contestó que no parecía real, sino un muñeco de Halloween. Lo único que escuchó era el molesto sonido de las focas saltando al muelle de Marina del Rey. Se dirigió al portal e intentó subir al ascensor. Estaba ocupado. Decidió subir por las escaleras. Había una inscripción en cada puerta. Un agente se afanaba en anotarlas todas. Al pasar junto a él le enseñó la libreta.
Lc 6,31
Mt. 7,17
Mt. 6,13
1 Pe. 3, 8-12
St. 4,7
1 Pe 5,8
Ef. 6,11
Jn. 8,12

Le preguntó si tenía alguna idea sobre su significado. Odilón le respondió “¿truco o trato?”
El día uno de noviembre, Día de Todos los Santos, celebró su particular festejo de la unión del mundo de los vivos y el reino de los muertos. A primera hora se acercó al cementerio y arreglo la tumba de sus padres. Oró casi una hora, sabiendo que sus plegarias intercedían por sus almas. De vuelta a casa, como nadie le esperaba para hablar de sus difuntos, pensó que era el momento de abrir el paquete de Águeda. Huesos de santo directos desde la cocina del convento. Deliciosos. Siguiendo las recomendaciones del Obispado, sintió que debía compartirlo. Salió a la escalera. Llamó a las puertas de sus vecinos ofreciendo los dulces y postulando por las ánimas del Purgatorio. Ni comieron ni aflojaron sus bolsillos. Esperando el ascensor en la recepción se percató que aún colgaba en el tablón la lista de la fiesta de Halloween. Con grandes letras rojas agregó un nombre: el Convidado de Piedra.